Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Tambaleo Cultural
Eduardo García Gaspar
10 agosto 2017
Sección: Sección: Una Segunda Opinión, SOCIEDAD
Catalogado en:


Es un asunto de definiciones que varían. Aún así, tiene utilidad examinar dos ideas.

La de cultura y la de civilización. Y cómo ellas se forman.

Puede resultar razonable diferenciarlas diciendo que una civilización puede ser compartida por diferentes culturas. Como la civilización occidental es compartida por varias culturas nacionales, desde Francia hasta Argentina, o desde México hasta Italia o España.

La cultura, bajo esta mira, está muy basada en las personas y los comunes denominadores de ellas: ideas, valores, costumbres, mentalidad, opiniones, actitudes. Y la civilización se refiere al conocimiento general de ciencia, tecnología, arte, leyes y las grandes ideas.

Sea así, o entendido de otra manera, cultura y civilización atestiguan que la naturaleza humana es gregaria: vivimos en sociedad; no estamos diseñados para vivir en aislamiento. Un rasgo que compartimos con otros animales, como los elefantes y otros más.

Con una adición fascinante, la individualidad que forma la contrapartida de lo gregario. Una existencia, la humana, que equilibra a la vida individual con la comunitaria. No podemos ser como las abejas que pierden su individualidad ni como los leopardos que pierden sociabilidad.

Y eso es fascinante, la individualidad en medio de la comunidad. Aquí es donde las ideas de cultura y civilización tienen sentido. Una persona, sola y aislada, no podría crear ni civilización ni cultura; no tiene la capacidad para hacerlo. Robinson Crusoe sobrevive solo porque en él hay ideas de cultura y civilización, más artículos creados por esta.

Y, la contrapartida, la persona sin individualidad tampoco podría crear civilización y cultura porque deja de ser singular y se convierte en una parte sin identidad del todo.

La civilización y la cultura solamente pueden existir donde existe un equilibrio entre individualidad y comunidad; donde puede serse libre en medio de otros que también son libres.

Esta es la razón por la que, por ejemplo, no puede crearse ni cultura ni civilización en regímenes que anulan a la libertad. La cultura o la civilización que se mantenga en esos regímenes será solo herencia de otros regímenes anteriores. Por eso, no pudo crear cultura ni civilización en sistemas como el soviético, el maoísta, el fascista y sus similares.

Mi punto hasta aquí es una especulación razonable. La cultura y la civilización solamente pueden florecer en comunidades en las que la libertad funciona como una fuerza que equilibra a la individualidad con la vida en común. Si se pierde la libertad, se rompe el equilibrio y se produce caos por un lado, o totalitarismo por el otro.

Entonces, la cultura y la civilización necesita ser un producto de la libertad, de contribuciones individuales que se acumulan formándolas en el tiempo y dándoles rasgos particulares. Así es que se forman culturas y civilizaciones con personalidades distintas, pero siempre siendo resultados de contribuciones individuales de personas libres.

Quite usted esas contribuciones personales libres y, en la medida en la que lo haga, la sociedad sobrevivirá solo gracias a lo que herede de una situación anterior, la cultura y la civilización que pueda mantenerse en la nueva circunstancia. Por esto, los regímenes que retiran libertades dejan de producir cultura y civilización y producen lo opuesto, barbarie, como el nazismo.

Si civilización y cultura son el producto acumulado de aportaciones personales libres durante largos períodos de tiempo, se tiene que aceptar que ellas son cambiantes, lentamente cambiantes y que no tienen una garantía de florecimiento constante. Puede haberlo, pero también pueden surgir períodos de oscuridad y retroceso.

Quizá sea esa nuestra vida, una existencia en una situación cambiante que tiene adelantos pero que también tiene regresiones; que se mueve en la inestabilidad y la incertidumbre, dependiendo de las aportaciones personales y sus efectos acumulados. Con movimientos lentos.

Me parece que nuestros tiempos, como muchos otros, presentan eso precisamente, el tambaleo cultural.

Piense en esto. Nuestra civilización occidental ha producido culturas sustentadas en ideas helénicas, judaicas y cristianas, de espiritualidad religiosa. Si, como se ha estado haciendo, se abandonan esos cimientos, la cultura y la civilización que conocemos se tambaleará.

Una manifestación de ese cambio lo podemos observar en el desprecio a la libertad y a la realidad, que exalta con obsesión a esos conceptos modernos de igualdad, tolerancia, subjetividad emocional, relativismo y similares.

El problema es que la civilización y la cultura no pueden crearse sin libertad. Ellas no son producto de la intervención gubernamental, ni del estado de bienestar que promete quitarnos toda preocupación material. Esto es lo que debe preocuparnos.

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