Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Totalitarismo y Ovejas
Eduardo García Gaspar
29 mayo 2017
Sección: LIBERTAD GENERAL, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en: ,


La idea es llamativa en sí misma. Llamativa porque acarrea una contradicción.

Una contradicción que poco o nada es resaltada. Es algo que bien merece una segunda opinión.

Comencemos por el principio, la suposición de la democracia.

Ella supone que los ciudadanos son capaces de elegir a sus gobernantes: presidentes, primeros ministros, jefes de gobierno, diputados senadores, gobernadores, alcaldes y el resto.

Es decir, se cree que las personas tienen capacidad para elegir gobiernos y cambiarlos. Esto es asegurar que tienen eso que se necesita para gobernarse a sí mismos. Que poseen razón y libertad suficientes como para decidir qué gobernantes deben tener y aceptar los resultados.

Esa presunción de capacidad en el ciudadano es incuestionable en los regímenes democráticos. Es considerar al ciudadano como alguien autónomo, libre, responsable.

Hasta aquí, me parece, no hay mucha discusión, al menos para los creyentes en la democracia y el voto libre.

Vayamos ahora a la otra idea, la que surge de la esencia misma del estado de bienestar.

Ese gobierno «donde el Estado controla desde la cuna hasta la tumba para vuestro propio bien», según escribió Pierre Lumieux.

«En la Inglaterra de 1942 [Lord Beveridge] propuso un sistema de aseguramiento de carácter integral, universal y solidario. Un sistema que protegería “desde la cuna a la tumba” a todos los ciudadanos.  Su propuesta tomó fuerza al final de la Segunda Guerra Mundial.  Así nació el llamado Estado de Bienestar. Su principio fundamental fue el universalismo, la seguridad social como un derecho de todos, no solo de los más pobres.  Pronto los países democráticos de Europa Occidental siguieron el ejemplo y ampliaron los beneficios a subsidios, educación, vivienda, atención especial para los niños, cultura y deporte». EstadosFallidos.

Bajo un estado de bienestar, entonces, el gobierno se hace cargo del bien de las personas, desde que nacen hasta que mueren. De todas las personas, dándoles soluciones de casa, jubilación, educación, subsidios especiales, cuidado infantil y otras cosas.

¿Qué conjetura puede obtenerse de lo anterior? ¿Qué piensa del ciudadano el estado de bienestar? Poca duda puede haber. Piensa que las personas no tienen la capacidad para solucionar por ellas mismas sus problemas de casa, de educación, de retiro, de cultura, de diversión.

Es el gobierno el que debe proveer las soluciones a todos esos problemas del ciudadano. Esto es imposible de negar. Recuerde que el estado de bienestar es esencialmente universal, es decir, incluye a todos los ciudadanos. Y la opinión que sobre ellos tiene no es precisamente halagadora.

Puedo llegar así al punto que creo que bien vale una segunda opinión.

La suposición que la democracia tiene acerca del ciudadano contradice a la suposición que sobre él tiene el estado de bienestar. ¿El que es capaz de votar y elegir a sus gobernantes es incapaz de resolver sus propios problemas? No lo creo.

Hay que decidir entre una o la otra. El ciudadano es capaz de elegir a sus gobernantes y entonces resolver sus propios problemas; o bien, es un inútil al que el gobierno debe cuidar de la cuna a la tumba y no tiene la capacidad de elegir a sus gobernantes.

Los fundamentos del estado de bienestar

«[…] implican la clara paradoja de que “la cosa pública” se ordene de acuerdo con la voluntad de unos votantes que el propio legislador considera que son incapaces para ordenar sus propios asuntos». Jesús Huerta de Soto, Lecturas de Economía Política, Vol. III (Madrid: Unión Editorial, 1987), p.47.

Esto es lo que realmente llama la atención y que poco ha sido resaltado. Así se pierde una faceta del estado de bienestar: detrás de todas sus bondades se oculta un régimen totalitario que persigue regir la vida del ciudadano. Los ejemplos citados en «Modelo sueco: El paraíso del “Estado de Bienestar”» demuestran eso.

Este es el riesgo del estado de bienestar, el de un totalitarismo con piel de oveja, que disfraza con buenas intenciones sus intenciones de retirar libertades.

Finalmente, creo que esta contradicción seguirá pasando desapercibida por gran parte del electorado, el que seguirá creyendo que el gobierno es una agencia universal de caridad. Como las ovejas que no ven al lobo disfrazado.

Post Scriptum

El concepto de subsidiariedad es la solución al estado de bienestar. Véase para esto Un Asunto de Distancias, con una idea de R. A. Sirico.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que intentan explicar la realidad económica, política y cultural. Defiende la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





esp
Búsqueda
Tema
Fecha
Newsletter
RSS Facebook
Facebook
Extras