Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Tres Artes Necesarios
Eduardo García Gaspar
25 mayo 2017
Sección: EDUCACION, ESCUELAS, Sección: Una Segunda Opinión
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Educarse, eso que se hace para aprender durante el resto de la vida. Tener conocimientos, saber, para ser mejor. Para ser realmente humano. Y todo eso inicia desde un punto.

Un punto en el que hay una idea. Esa idea tuvo en algún tiempo el nombre de «artes liberales» y contenía una división de lo que debía conocerse como indispensable: el «trivium» y el «quadrivium».

En el «trivium» hay tres artes que la persona debe conocer: lógica, gramática y retórica. El el «quadrivium» hay cuatro: aritmética, música, geometría y astronomía.

La división es genial. De un lado están las artes (habilidades en los términos actuales) para razonar y pensar, para expresar ideas y pensamientos y para comunicarse con otros. Del otro lado, las artes para conocer la realidad, entender al mundo y descubrirlo.

Conforme más se conozcan esas artes y se dominen, mejor será la persona en lo que posteriormente haga. Son como una especie de cimiento sobre el que se construye con mayor solidez el resto de los conocimientos, sean de medicina, ingeniería, abogacía, o lo que sea.

Quien sepa de esas artes será mejor. Son disciplinas que

«[…] enseñan a uno cómo vivir; entrenan a las facultades y las llevan a la perfección; permiten a la persona a elevarse por encima de su medio ambiente material a vivir una vida intelectual, racional, por tanto libre yendo a la verdad». Miriam Joseph, The Trivium: The Liberal Arts of Logic, Grammar, and Rhetoric, ed. Marguerite McGlinn (Philadelphia, PA: Paul Dry Books, 2002)

Entonces estamos frente a una educación que propone hacer a la persona conocedora de siete artes o disciplinas divididas en dos tipos. El «trivium» con tres disciplinas que enseñan a pensar y expresarse. El «quadrivium» con cuatro que enseñan a conocer el mundo.

No está mal, nada mal. Al contrario.

Pongamos ahora atención en el «trivium» y sus tres artes o disciplinas. Allí se aprende a pensar correctamente usando eso que se llama Lógica. Se aprende a usar el lenguaje correctamente para hacerlo con exactitud, usando eso que se llama Gramática. Se aprende a comunicarse con otros correctamente, eso que se llama Retórica.

A juzgar, partiendo de mi experiencia, creo posible concluir que generaciones actuales de estudiantes, de jóvenes, adultos, e incluso mayores, sufrieron de una deficiente preparación en las artes del «trivium». Cometen serios errores de razonamiento, usan con deficiencia el lenguaje y tienen dificultades para comunicarse.

Hemos escuchado con frecuencia que la educación debe entenderse no como una acumulación de hechos memorizados (con enormes excepciones como las tablas de multiplicar y otras similares). Y eso se ha hecho, pero por lo visto, el hueco se ha dejado vacío.

Debía haber sido llenado con esas artes que fortalecen a la mente y le enseñan cosas que difícilmente se olvidan porque son naturales a la persona: pensar, escribir, hablar, leer, comprender abstracciones y, en general, saber aprender durante el resto de la vida.

Puede esto verse esquemáticamente:

• Lógica, dedicada a conocer a la realidad, capacitada para conocerla, entrenada para evitar errores de raciocinio.

• Gramática, dedicada a representar a la realidad, capacitada para simbolizarla, entrenada para lograr exactitud y precisión (no es la gramática del idioma particular, aunque debe incluirla, sino la gramática de la construcción del lenguaje).

• Retórica, dedicada a expresar la realidad a otros, capacitada para comunicarla, entrenada para lograr claridad y concisión. Es aquí donde culminan la lógica y la gramática

Personas que dominen razonablemente esas disciplinas tendrán mejores vidas y darán mejor vida a otros. Las argumentaciones y discusiones serán menos pobres que las actuales. Habrá menos engaños políticos. Los trabajos serán mejores.

Si los humanos pensamos, resulta lógico que refinemos nuestra habilidad para hacerlo mediante la Lógica. Si los humanos hablamos y escribimos, resulta natural que pulamos esas habilidades, con la Gramática. Si los humanos somos sociales, es obvio que mejoremos nuestra habilidad para comunicarnos entre nosotros, con la Retórica.

Concretamente, me refiero a crear a la mente que comprende, puede repetir en sus propias palabras, explicar y encontrar diversión en una historia como esta:

Un recolector de impuestos, de nombre Empson, entregaba a Enrique II de Inglaterra, una gran cantidad de impuestos, más que el resto de sus colegas. Curioso, el rey le pregunta cómo lo hace. Responde que las personas a las que visita son todas ricas. Pregunta el rey cómo es que sabe que son ricas. Responde él de esta manera:

«Hay dos tipos de personas, las que viven con lujos y las que viven con frugalidad. Si viven con lujos, ellas son ricas. Si viven parcamente, sus ahorros las han hecho ricas. Por lo tanto, todas deben pagar impuestos».

Post Scriptum

Para esta columna, me apoyé fuertemente en la obra de Miriam Joseph, The Trivium: The Liberal Arts of Logic, Grammar, and Rhetoric, ed. Marguerite McGlinn (Philadelphia, PA: Paul Dry Books, 2002), de la que obtuve la historia del recolector de impuestos.

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