Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Un Mundo Sin Empresas
Eduardo García Gaspar
25 enero 2017
Sección: ECONOMIA, ETICA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


«Si el deseo de los hombres de mejorar la propia situación es socialmente ventajoso, respetémoslo y alegrémonos de los buenos resultados que produce para todos». Lucas Beltrán

Un mundo sin empresas. Un mundo sin productos que satisfagan necesidades. Uno pobre y primitivo.

Eso es lo que sin darse cuenta proponen algunos. Algo que merece una segunda opinión.

Comencemos por su creencia central: las utilidades de las empresas son negativas, las produce el egoísmo, la lucha salvaje en la sociedad, una competencia bestial que es movida por la codicia.

Por tanto, concluyen, las utilidades son inmorales. No deberían existir. Las empresas deben ser motivadas por el deseo de satisfacer necesidades de la gente y hacerlo sin afán de ganancia.

Esa opinión es frecuente entre personas que no tienen experiencias de trabajo en empresas, pero lo que importa es la consecuencia de esa manera de pensar. Sin utilidades las empresas no existirían, no podrían existir. Tener utilidades es su única manera de sobrevivir.

Si sobreviven, darán empleo, producirán bienes, sostendrán a proveedores, pagarán impuestos y, por supuesto, recompensarán a quienes invirtieron en ella. Lo siento mucho, pero así funciona el mundo.

Ataque usted a la empresa, ataque usted a las utilidades, destruya usted a la libertad económica, y lo que logrará será un mundo condenado a la pobreza y miseria. Ese es el mundo en el que no hay empresas y se dejan de producir satisfactores de necesidades.

Exactamente eso es lo que proponen quienes ven a las utilidades empresariales como intrínsecamente inmorales. No lo son, al contrario, son la recompensa justa de trabajos, previsiones y riesgos de quienes aportan capital a las empresas.

El mundo es más complejo de lo que ellos piensan.

La naturaleza humana, en la que hay un elemento egoísta que puede llegar a ser destructivo, tiene en la empresa una sublimación fascinante. ¿Quiere usted ganar más? Muy bien, fabrique productos que la gente quiera porque le sirven, son buenos, baratos, actualizados, accesibles.

El egoísmo, curiosamente, se convierte en algo positivo si se canaliza por medio de la empresa en un mercado libre y con competencia.

Usted puede volverse rico si crea empleos, si ofrece productos que satisfagan necesidades. La competencia transforma al egoísmo en una fuerza positiva.

Ahora viene el problema de qué hacer con el dinero que ha ganado usted por utilidades en su empresa. Ese es su problema y admite una evaluación moral, dependiendo de lo que usted haga con ese dinero.

También, hay una evaluación moral en la manera por la que se logran utilidades. Claro que puede haber formas inmorales, pero eso no significa que todas las utilidades sean inmorales en sí mismas (que es el error de quienes las reprueban indiscriminadamente).

Fraudes, engaños, mentiras, daños directos a otros, todo eso es reprobable. Son actos malos ellos mismos, pero también hay acciones neutras o positivas para lograr utilidades o beneficios empresariales.

Así funciona el mundo y es más complejo que el simple reprobar a las utilidades por ser esencialmente inmorales.

Piense en una disyuntiva real. Entre despedir a algunos empleados y cerrar la empresa, ¿que haría usted? ¿Reducir salarios a todos y mantener los empleos? Este es el mundo real que no acepta simplismos como «nunca despidas gente, pase lo que pase».

Lo más importante es otra consideración que suele pasar desapercibida. La explico.

La crítica que pide prohibir a las utilidades por ser todas inmorales, egoístas y materiales, y que tiene una buena popularidad en círculos religiosos, comete un serio error. Supone que prohibiendo las utilidades o imponiéndoles muy altos impuestos, se suprime esa inmoralidad.

No, usted no puede cambiar las cosas externas y suponer que eso cambiará el interior de la persona. Retire usted a las utilidades que las personas seguirán queriendo ganar más y ahora lo harán por otros medios. Cambie usted a las «estructuras injustas sociales» que nada logrará para tener justicia.

Voy a acudir al Nuevo Testamento para explicarme:

«[…]no es lo que entra en la boca lo que contamina al hombre; sino lo que sale de la boca, eso es lo que contamina al hombre […] ¿No entendéis que todo lo que entra en la boca va al estómago y luego se elimina? Pero lo que sale de la boca proviene del corazón, y eso es lo que contamina al hombre. Porque del corazón provienen malos pensamientos, homicidios, adulterios, fornicaciones, robos, falsos testimonios y calumnias. Estas cosas son las que contaminan al hombre; pero comer sin lavarse las manos no contamina al hombre». Mateo 15 10-20

Para ser claro: quienes piensan que todas las utilidades son inmorales quieren un mundo sin empresas y eso, mucho lo siento, va contra la naturaleza co-creadora humana.

Es en esa naturaleza en la que deben poner atención. Es del corazón de las personas de donde viene lo malo y reprobable, lo que lo contamina, no de tener utilidades en una empresa.

Post Scriptum

No puedo dejar de recordar a un sacerdote que ve a toda la economía como «capitalismo salvaje manchesteriano» y supone que eso puede corregirse dando a los gobiernos facultades de intervención para que domen a ese salvajismo. Se ha olvidado de predicar a Jesucristo para predicar al intervencionismo.

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