Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Un reclamo de comodidad
Eduardo García Gaspar
1 noviembre 2017
Sección: ETICA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


El ambiente es curioso. Tiene algo de extraño aunque su apariencia sea natural.

Por un lado, existe una especie de lamento generalizado. Una queja amplia que apunta a la pérdida de valores. Una explicación con sentido: la cantidad de hechos reprobables es tal que se explica con ese extravío, el olvido de principios morales.

La explicación tiene lógica: si más y más personas cometen más y más acciones indebidas es que ellas no respetan normas deseables, moralmente deseables. Las han olvidado, o si las conocen, no las respetan.

Por otro lado, existe también otra especie de reclamo moral que solicita una moral nueva. Por ‘nueva’ se entiende algo que esté al día, algo que sea moderno, que se acomode a la vida actual, a las ideas que se tienen en estos tiempos.

Este reclamo de una moral moderna contiene una parte muy clara: la moral de antes, la tradicional, está fuera de moda. Es algo que no, no es vigente. Se necesitan principios, normas y mandatos adecuados a los nuevos tiempos.

La otra parte de este reclamo, por supuesto, es la creación de esos nuevos principios, normas y mandatos. La impresión que tengo es que a pesar de ideas y propuestas, ellos no salen claramente a la superficie y permanecen ocultos, o pasan a formar partes de agendas activistas.

Tome usted, por ejemplo, una de esas propuestas modernas, la del llamado a la tolerancia como principio cuasi único. Una moral sostenida solamente en la tolerancia no es precisamente un sistema ético sólido. Sus carencias son notables.

El medio ambiente creado por (1) el lamento de la pérdida de valores y (2) el reclamo de una moral adecuada a estos tiempos tienen un efecto colateral que no debe sorprender: un vacío moral que origina el incremento de conductas reprobables que van desde sexo antes del matrimonio, corrupción gubernamental, abortos, violencia en escuelas, consumo de drogas y otros.

Piense en esto que tiene sentido. Conforme se generaliza la idea de que la moral «tradicional y dura» ya no es aplicable a estos tiempos crece el vacío moral y, como consecuencia, aumentas las acciones reprobables. Al mismo tiempo, las propuestas de «nueva moral» no se generalizan y producen sistemas éticos particulares, que en casos extremos justifican, por ejemplo, ecoterrorismo.

Ese ambiente es llamativo. Se mantiene la idea de la necesidad de moral, aunque sea en términos toscamente primitivos; se mantiene la idea del bien y del mal, aunque ella sea burda y pueril. Pero, las opciones se multiplican. Cada persona tiene capacidad para decidir qué es bueno y qué es malo, sin importar que ello difiera de las opiniones de otros.

Esto florece suculentamente por una razón adicional: el relativismo, la posverdad y la liberación. En este ambiente nadie obtiene credenciales suficientes como para afirmar que existe una moral universal y externa, ajena a la voluntad propia. Y si acaso alguien se atreve a afirmarlo, recibe la única acusación que puede lanzar el relativismo posverdad liberador: quiere imponer su voluntad en el resto,, quiere poder para dominar a los otros.

Y, me parece, que puede verse que ese ambiente moral presente crea el problema del que se lamenta y quiere solucionar con propuestas que lo agravan. El pronóstico no es precisamente agradable y tendrá lo que ya se tiene: conflictos morales, guerras culturales, discusiones sin razonamiento…

Esto puede verse mejor y con claridad:

«[…] ha habido y habrá solamente dos sistemas morales posibles: uno es vivir de la manera que pensamos, el otros es pensar de la manera en la que vivimos» F. J. Sheen Old Errors and New Labels.

El reclamo moderno es pensar de la forma en la que vivimos, mientras que la moral «tradicional» es vivir de la manera en la que pensamos. Y esto tiene algo en su fondo que es muy revelador: no es que la moral «tradicional» sea antigua y vieja y anticuada, es que ella es difícil y ardua e incómoda.

El punto es ahora más comprensible: el reclamo de la necesidad de una nueva moral es, en su real fondo, una queja en contra de una moral que molesta y fastidia por sus exigencias. Es, entonces, un reclamo de comodidad moral (no diferente a la cancelación de exámenes de admisión en universidades).

¿Podrá remediarse? Sí, en el plazo largo, muy largo, pero mientras eso sucede habrá que entender que el causante de esto es una idea destructiva: entender todo como una lucha de poder, como una liberación de todo orden y mandato. Cualquier afirmación acerca de la verdad, la que sea, se entiende como una intención de dominio sobre otros.

Tomará tiempo la desaparición de esa idea.

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