Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Urgencia Caritativa
Leonardo Girondella Mora
24 mayo 2017
Sección: RELIGION, Sección: Asuntos
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El Cristianismo y el Capitalismo fueron el tema de una conversación, la que resumo en sus puntos centrales.

— Como cristiano que soy, creyente y practicante, apoyo las ideas que ayudan a los pobres, lo que es un deber moral y, por eso, me inclino hacia políticas económicas de programas de gobierno para la ayuda a los pobres.

— ¿Podría usted ser más específico? —pregunté.

— Bueno, pues que estoy de acuerdo con que el gobierno intervenga para evitar los efectos negativos de la competencia negativa y del capitalismo al ultranza. Se necesita con urgencia atender a los pobres.

— Usted es cristiano, me ha dicho. ¿Es también socialista o intervencionista? —pregunté.

— Bueno, no, lo que digo es que la situación de los pobres amerita que se hagan cosas con urgencia para resolver su situación y el capitalismo, la verdad, no lo hace, al contrario, crea más pobres.

— La evidencia apunta hacia el lado contrario: la pobreza es menor en donde hay más libertad económica, es decir, mercados libres o capitalistas —comenté.

— Bueno, pero lo que debemos hacer es ayudar a los pobres.

— De acuerdo, el punto es cómo hacerlo —dije.

— Exactamente y lo que digo es que los gobiernos tienen la obligación de tomar recursos de la sociedad para sus programas sociales, debiendo moderar a los mercados libres y todo eso.

— Usted quiere que el Estado intervenga en los mercados, ¿no es cierto? —pregunté.

— Eso creo, para moderar a la libertad económica y sus excesos y la competencia salvaje y el egoísmo humano del capitalismo.

— Usted quiere que el Estado intervenga en la libertad económica, que la limite. ¿Aceptaría usted que el Estado limite la libertad religiosa, o la libertad de expresión? —pregunté.

— No, no, cada persona es libre de elegir a su religión y de expresar sus opiniones.

— Entonces, si usted defiende a la libertad religiosa debería también defender a la libertad económica, como a la de expresión. ¿Por qué no lo hace? —pregunté.

— Bueno, pues lo que sucede es que el Estado puede aminorar los excesos de los mercados libres y corregirlos.

— Quisiera preguntarle quién es el Estado —inquirí.

— Bueno pues el Estado es el gobierno, la gente que gobierna.

— ¿Gente como usted y como yo? —pregunté.

— Pues sí, creo que sí, aunque a veces hay que reconocerlo que dejan mucho qué desear.

— Si el gobierno está formado por gente como usted y como yo, sería mejor que nosotros nos encargáramos de ayudar a los pobres en un ambiente de libertades. ¿Para qué darle esa responsabilidad a otros? —comenté.

— Bueno, pues por los excesos de los mercados libres.

— ¿No hay acaso excesos de gobierno? Cosas como corrupción, ineficiencia, desperdicios, clientelismo —dije.

— Pues sí, debo reconocerlo, pero los excesos capitalistas deben evitarse ¿no?

— Igual que los excesos gubernamentales, las fallas de gobierno.

— Pero se trata de ayudar a los pobres y en eso hay urgencia.

— ¿Tan urgente como para hacerlo sin pensar en las mejores maneras? —pregunté.

— No, no, por supuesto, hay que pensar bien las cosas antes de hacerlas.

— El Cristianismo tiene una amplia tradición en el uso de la razón y sostiene virtudes como el ser prudente. Además cree en la libertad religiosa. ¿Por qué no pensar las cosas dejando que sean las personas las responsables de ayudar a la gente en problemas? —comenté.

— Pero ¿y los excesos de la libertad?

— Pues para eso está el Cristianismo. No para recomendar que el gobierno se haga cargo de los pobres, sino para decir que Jesucristo ha colocado esa responsabilidad en manos de todos —dije.

— Está usted moviendo el tapete en el que estoy parado. No lo comprendo del todo.

— Piense lo que quiera, pero me parece que es miope usar al Cristianismo como un medio para propugnar modelos económicos, sistemas políticos, o políticas de gobierno. Especialmente cuando atentan contra la libertad humana. Esa religión va mucho más allá que eso.

— Pero es que hay católicos que son socialistas y quieren, por ejemplo, que aumenten los impuestos a los ricos para que el gobierno distribuya ese dinero entre los pobres.

— También hay católicos capitalistas y que opinan lo opuesto. Solo digo que el Cristianismo debe enfocarse a salvar almas con el mensaje de Jesús y no volverse una fuente de recomendaciones económicas y políticas.

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Tengo la muy fuerte impresión de que el pesado mandato cristiano de ayudar a quien lo necesita produce, en demasiados, una urgencia de actuación tan descomunal que descuidan la prudencia con la que debe actuarse para tener resultados.

Más de un caso conozco en el que el estrujamiento moral por ayudar a los que lo necesitan es de tal magnitud que han dejado de pensar y se guían por frases y eslóganes prefabricados —lo que les impide examinar sus acciones y ser prudentes.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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