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¿Y si no Hay Ganancias?
Selección de ContraPeso.info
13 julio 2017
Sección: ECONOMIA, PROSPERIDAD, Sección: Análisis
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Una sociedad con empresas sin utilidades es la idea de Dylan Pahman en esta columna. Agradecemos al Acton Institute el amable permiso de publicación. El título original de la columna es «What if there were no profits?»

En una conferencia de 2013, el papa Francisco instó a su audiencia a la solidaridad con los pobres y los marginados. Este es uno de los puntos más enfatizados y admirables de su pontificado.

Pero en ocasiones lo que se ve oculta a eso que no se ve. «Si descompones a una computadora, eso es una tragedia», dijo el Papa, continuando:

«… pero la pobreza, las necesidades, los dramas de tantas personas acaban por entrar en la normalidad. Si una noche de invierno, aquí cerca, en la vía Ottaviano por ejemplo, muere una persona, eso no es noticia. Si en tantas partes del mundo hay niños que no tienen qué comer, eso no es noticia, parece normal. ¡No puede ser así! Con todo, estas cosas entran en la normalidad: que algunas personas sin techo mueren de frío en la calle no es noticia. Al contrario, una bajada de diez puntos en las bolsas de algunas ciudades constituye una tragedia». Audiencia General, Plaza de San Pedro, 5 de junio de 2013

Para Francisco, esto sucede porque «hombres y mujeres son sacrificados a los ídolos del beneficio y del consumo». Quiero enfatizar que lo que el Papa ve es lo correcto. Las ganancias no deben ser más importantes que las personas. El desperdicio es mala administración.

La situación de los pobres merece una atención más frecuente de los medios de comunicación. La solidaridad es una virtud. Todas estas cosas son verdaderas, pero Francisco —como muchos otros— no ve el bien que hay en las ganancias.

Hay aquí una dicotomía falsa entre las utilidades y la pobreza. Los mercados bursátiles miden el valor de la empresa, el que se relaciona pero no es lo mismo que los beneficios, y la gente puede idolatrar eso. Pero lo que Francisco no ve es que sin ganancias las compañías quiebran, todos los que trabajan en ellas pierden su trabajo y la pobreza crece.

Como lo expresó Adam Smith, en primer lugar «es sólo por el interés de ganar que cualquier hombre emplea un capital en apoyo de la industria». Sin utilidades no hay industria y sin industria no hay trabajo.

Las ganancias no requieren que nos olvidemos de los pobres. Y los pobres seguirán siendo pobres sin las utilidades. Correctamente comprendida, la pasión por el mercado de valores puede significar en realidad la preocupación en gran escala por los pobres.

La respuesta a la pregunta «¿Qué sucedería si no hubiese ganancias?» nos obliga a pensar en todas las cosas en las que se usan las ganancias. Este beneficio es el sobrante que queda cuando los ingresos son mayores que los gastos.

Si no hay utilidades, eso significa que las compañías no pueden pagar sus cuentas. Por medio de préstamos las nuevas empresas a menudo serán capaces de soportar años sin utilidades. Esto es a menudo necesario. Pero si ellas terminan jamás teniendo utilidades, muy pronto los préstamos se vencen y el dinero necesario para pagarlos no estará disponible.

Las compañías necesitarán vender capital para pagarlas y si eso no es suficiente, tendrán que solicitar la bancarrota para renegociar sus deudas. En cualquier caso, la empresa desaparece y todos los que allí trabajan pronto se encontrarán sin empleo.

Así que la primera cosa para la que se utilizan las utilidades es simplemente para mantener con vida a las empresas. Sin embargo, hay muchos más usos que ese.

Una empresa podría teóricamente permanecer con vida incluso al empatar los ingresos con los gastos. Pero con las utilidades, la empresa puede expandirse, contratar más personas, pagar salarios más altos y diversificar su línea de productos.

Además, los beneficios suelen utilizarse también para invertir en otras empresas, por ejemplo, en los Estados Unidos en los programas 410(k). Normalmente tanto los empleadores como los empleados contribuyen a ellos. A menos que el empleado haya elegido invertir solamente en bonos del gobierno (lo que también puede ser bueno para la sociedad), estará usando parte de su ingreso y algo de la utilidad de la compañía (ahora un gasto) para contribuir a otras empresas en una economía que hace posibles más productos, más utilidades y más empleos.

Como ya hemos visto, sin beneficios, los negocios son imposibles. Y sin negocios, no hay empleos. La alternativa a las utilidades es la pobreza universal. Eso es exactamente lo que podemos ver en las dictaduras distópicas como Corea del Norte: los efectos de otra manera invisibles de retirar ambas, utilidades y propiedad privada. Mismo planeta, misma dimensión.

En Centesimus Annus, Juan Pablo II abordó el tema un poco más sutilmente:

«La Iglesia reconoce la justa función de los beneficios, como índice de la buena marcha de la empresa. Cuando una empresa da beneficios significa que los factores productivos han sido utilizados adecuadamente y que las correspondientes necesidades humanas han sido satisfechas debidamente. Sin embargo, los beneficios no son el único índice de las condiciones de la empresa. Es posible que los balances económicos sean correctos y que al mismo tiempo los hombres, que constituyen el patrimonio más valioso de la empresa, sean humillados y ofendidos en su dignidad. Además de ser moralmente inadmisible, esto no puede menos de tener reflejos negativos para el futuro, hasta para la eficiencia económica de la empresa. En efecto, finalidad de la empresa no es simplemente la producción de beneficios, sino más bien la existencia misma de la empresa como comunidad de hombres que, de diversas maneras, buscan la satisfacción de sus necesidades fundamentales y constituyen un grupo particular al servicio de la sociedad entera. Los beneficios son un elemento regulador de la vida de la empresa, pero no el único; junto con ellos hay que considerar otros factores humanos y morales que, a largo plazo, son por lo menos igualmente esenciales para la vida de la empresa». (No. 35)

Juan Pablo II ve aquí todas las preocupaciones de Francisco: la solidaridad con los trabajadores, la gente por encima de los beneficios, etc.

Sin embargo, ve también la importancia a menudo descuidada de las utilidades. Es un «índice de la buena marcha de la empresa» y «significa que los factores productivos han sido utilizados adecuadamente y que las correspondientes necesidades humanas han sido satisfechas debidamente».

Correctamente buscadas y comprendidas, las utilidades son una cosa buena.

Hablando teológicamente, estas sanas utilidades son lo que las personas satisfacen cumpliendo el mandamiento de «ser fructíferos» (Génesis 1:28). O bien, como lo expresó fríamente Adam Smith, «el producto de la industria es lo que se adiciona al sujeto o materiales sobre los que se emplea. En la proporción en la que el valor de este producto sea grande o pequeño, así serán igualmente los beneficios del empleador».

Cuando la gente se beneficia de la creación de nueva riqueza, es porque toma al mundo que Dios nos ha dado y hace algo más con él para el bien de los demás y por la gloria de Dios. Sería vergonzoso tirar eso a la basura.

Nota del Editor

La traducción del artículo «What if there were no profits?» publicado por el Acton Institute el 5 de julio de 2017, es de ContraPeso.info.

Esta columna es un fragmento adaptado del libro de Dylan Pahman Foundations of a Free & Virtuous Society (Acton Institute, 2017), de venta en Acton Bookshop.

La traducción de «profits» es beneficio, utilidad, ganancia, provecho; y admite variaciones regionales importantes. En esta columna se ha usado con preferencia el término ‘utilidades’.

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