Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
«Yo no fui…»
Eduardo García Gaspar
1 marzo 2017
Sección: EDUCACION, LIBERTAD GENERAL, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Es algo muy obvio. Usted realiza acciones, las que quiera y eso es lo que permite asignarle a usted los méritos de sus actos.

Entrar en una casa en llamas para rescatar a un niño, es algo meritorio, cuando se trata de una decisión voluntaria.

Lo mismo sucede con las obras de caridad que alguien realice. Parte de su dinero es voluntariamente dado a la ayuda de otros, como el mantenimiento de un orfelinato. Esa persona, entonces, tiene mérito por eso.

Esta es la razón por la que los programas gubernamentales no pueden hacer que los ciudadanos tengan mérito moral, ya que el dinero que usan esos programas les fue retirado por la fuerza gubernamental (y los gobernantes, usando dinero ajeno, tampoco pueden reclamar mérito moral porque no usan su dinero).

Así como las acciones que son voluntarias permiten asignar mérito moral cuando ellas son buenas, también permiten asignar culpas, cuando son malas. Esto, que lo entiende cualquiera, permite sacar una conclusión que tampoco podrá negarse.

Conforme se debilite la idea de actos voluntarios, también se debilita la idea de culpa propia. O, puesto de otra manera, la anulación del concepto de voluntad propia conduce a la anulación del concepto de responsabilidad.

Piense usted en quienes piensan que es la sociedad la que hace que las personas se conviertan en criminales; o que los malos alumnos lo son por culpa de su situación familiar; o que el corrupto solamente se adapta a la costumbre establecida.

No digo que las circunstancias no tengan influencia, pero lo que sí digo es que resquebrajar la idea de acciones voluntarias, que muestran a la persona tomando una decisión autónoma, lleva en sí misma a la destrucción de la responsabilidad personal.

«La forma más barata, más humana y más eficaz de acabar con el flagelo de la delincuencia es combatiendo la pobreza, así como garantizar el trabajo y mejores formas de vida a los mexicanos, consideró aquí Andrés Manuel López Obrador» jornada.unam.mx

En esa cita se ilustra eso precisamente: el delincuente lo es porque es pobre; si tuviera un empleo y mejor vida, dejaría de ser criminal. Hasta el punto en el que este razonamiento se lleve, permitirá la justificación de las acciones criminales como involuntarias.

El criminal recibe así una ayuda considerable que le sirva para negar su responsabilidad y alegar que no podrá ser juzgado ni encarcelado. Él no tiene la culpa, como tampoco la tiene el terrorista:

«El escritor chileno Luis Sepúlveda afirmó hoy, en un encuentro con estudiantes italianos, que “el capitalismo es la causa del terrorismo”. “El terrorismo es un mal grave, pero es necesario entender por qué surgió y los motivos que lo causaron”, afirmó el autor […]» ABC.com.py

Esto es lo que creo que bien vale una segunda opinión.

Debilitar la idea de actos voluntarios, realizados por personas que podían haber actuado de otra manera, presenta el riesgo de retirar la idea de responsabilidad personal. Y lo que sucede cuando se tienen personas sin sentido de su responsabilidad no hay mucha necesidad de mencionar…

Piense usted en el caso del niño educado sin sentido de responsabilidad, sin dejarle sentir las consecuencias de sus acciones. Lo mismo sucede con el adulto a quien se ha dado la excusa de «yo no fui, fue …».

Con una consecuencia, la distorsión absoluta de la idea de libertad. La libertad para que sea comprendida en su esencia tiene que incluir la aceptación de las consecuencias de los actos decididos voluntariamente. Consecuencias buenas y malas. Y cuando ellas dejan de existir, la libertad desaparece.

Post Scriptum

Véase también En Defensa de la Vergüenza, donde, en 2009, escribí:

«Una persona sin sentido de culpabilidad, sin sentido de haber hecho algo indebido, es alguien no sujeto por deberes y normas. Pero eso es precisamente lo que se intenta hacer desde hace años, el retirar del ser humano el sentido de culpa y, por tanto del deber. Al sentido de culpa se le ha cambiado el nombre.

«Ahora se le llama represión, o inhibición y se le llega a considerar una enfermedad mental. El mecanismo es simple: lo que las normas éticas indican que no debe hacerse es una represión que daña a la persona, la reprime e impide su desarrollo creando trastornos mentales».

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que intentan explicar la realidad económica, política y cultural. Defiende la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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