Admiradores del error

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Cuando una parte del electorado se convierte en admiradores románticos creyente absolutos de la opción política equivocada…

Admirar al político equivocado es un fenómeno común. Preferir a la opción política errónea es un suceso cotidiano. Más que una coincidencia eventual es un suceso frecuente en todo lugar y en todas partes. Una realidad democrática, además.

¿Como es que esto sucede? ¿Por qué es que gente razonable, que lleva bien su vida, cuando se mete al terreno político reduce su coeficiente intelectual?

Una explicación es el lenguaje político, muy diferente al cotidiano. El lenguaje de la política, como escribió G. Orwell, «está diseñado para hacer que las mentiras suenen a verdad, para que el viento aparezca como sólido».

Un problema de idioma, de traducción. Quienes no entienden al lenguaje político suponen que sus palabras significan lo que ellos creen y no otras cosas, que son las que el político desea, como Humpty Dumpty.

A este problema de lenguaje, con las mismas palabras pero con significado distinto, se une otro factor, el del romanticismo propio de toda persona. En dosis mayores, el romántico empedernido desarrolla esperanzas soñadoras de situaciones idealistas y, simultáneamente, un recelo hacia la realidad de una situación existente que considera insoportable.

Este romántico empedernido, cuando se adentra en la política, se convierte en un pez ansioso de ir con el primer anzuelo que le ofrezca la esperanza de un mejor mundo, incluso uno fuera del agua. Sucumbe con una gran facilidad al lenguaje político prometedor de mundos ideales, pero sobre todo a un tema irresistible para él.

El tema de la imperfección real de su mundo, especialmente los ataques a quien él cree que es su enemigo. Es así que el pez romántico está dispuesto a morder el anzuelo si este le promete que sacándolo del agua lo librará del tiburones. Esto tiene un matiz muy latinoamericano.

Tome usted a cualquier político del continente, prometedor de mundos ideales y verá que uno de sus más grandes atractivos es su retórica anti-americana. Este lenguaje es un plus notable que atrae al romántico empedernido.

«Maduro convoca una marcha contra el “imperialismo gringo y decadente de Madrid”». elmundo.es

«Fidel pudo vencer al imperialismo estadounidense». actualidad.rt.com

«De hecho el eje fundamental del programa de Chávez estaba basado en una lucha contra […] el sometimiento del imperialismo norteamericano: un programa, que con sus matices, era muy similar al que hoy defiende AMLO». old.izquiierdasocialista.org

Ahora, ponga usted estas cosas juntas. Al lenguaje de palabras iguales pero con diferente significado una usted el romanticismo del que cree vivir en una situación insoportable y está dispuesto a aceptar la promesa de mundos perfectos en los que un común enemigo se combate. Es pez que cree en la promesa de que fuera del agua vivirá en un paraíso.

La persona se convierte en un ferviente creyente de causas encarnadas en cualquiera que domine el lenguaje político. Lo que lleva otra vez a Orwell y su idea de que hay ideas tan absurdas que solamente pueden ser aceptadas por los intelectuales.

Por los intelectuales, pero también por el romántico ciudadano empedernido que está convencido de haber encontrado a un redentor social al que debe seguirse sin el menor cuestionamiento.

Esto es ese fenómeno político común, el de la admiración del error, bien ilustrada por Sean Penn, el actor.

El fenómeno ha sido descrito así:

«Estos sentimientos, y los juicios erróneos asociados, se originan en una combinación de ignorancia, idealismo, altas expectativas, ilusiones y posiblemente algunos otros rasgos personales compartidos (aún por identificar) de los individuos que llamamos intelectuales». Hollander, Paul. From Benito Mussolini to Hugo Chavez: Intellectuals and a Century of Political Hero Worship (p. 290). Cambridge University Press. Kindle Edition.

Mi punto es que eso afecta no solo a los intelectuales, sino también a un segmento del electorado. El error llega a ser admirado, la equivocación se convierte en objeto de culto.

Post Scriptum

La frase original de Orwell dice «Political language is designed to make lies sound truthful and murder respectable, and to give an appearance of solidity to pure wind».

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