El caso del candidato a la presidencia Andrés M. López Obrador en México es interesante. Incluso curioso y hasta digno de ser analizado en sí mismo.

Comienzo con las conclusiones de mi análisis. Un resumen de López Obrador en cuatro puntos.

A. Su intervencionismo económico

En resumen, sus medidas, propuestas y programas parten de una idea única: todo tiene solución por medio del crecimiento gubernamental. Absolutamente todo.

Quiere él «lograr el renacimiento económico, social, político, pero sobre todo, moral de México» por medio acciones de su gobierno. Más gobierno significará, en su opinión, mejor país, incluso éticamente.

Su gobierno distribuirá la riqueza, se hará cargo del sector energético, dará Internet a todos, establecerá un estado de bienestar, establecerá precios de garantía a productos agrícolas, limitará importaciones, abrirá refinerías, prohibirá exportar petróleo… todo girará alrededor actos de su gobierno. Más gobierno a su mando es la clave y condición de la prosperidad, según su plataforma.

El problema de esta idea es que no hay evidencia de que dé resultados, al contrario. La expansión del gobierno es un freno a la prosperidad.

B. Su intervencionismo moral

En resumen, el gobierno de López Obrador será también responsable de «hacer posible una república amorosa […] sustentada en el amor de a la familia, al prójimo, a la naturaleza, a la patria y a la humanidad». Su gobierno elaborará una constitución moral por consenso público.

La misma idea anterior, la de que todo tiene solución mediante la expansión de su gobierno. Más dosis de gobierno de López Obrador es lo mejor que le puede suceder al país. Incluso haciéndose cargo de definir el bien y el mal.

C. Su posición real

La base errónea de los dos puntos anteriores, no parece alterar su percepción pública. Es ignorada masivamente la inviabilidad de sus propuestas. Toda su posición está cimentada en otra base.

La posición real del candidato es, entre sus adeptos, otra, la de una opción salvadora ante un gobierno malo. La narrativa de López Obrador entre sus seguidores parece ser esta.

México no puede estar peor. El gobierno presente es malo, corrupto e ineficiente. Ante esto, la alternativa de López Obrador es la única posibilidad de salvar al país.

Esta narrativa es la que creo que lo ha colocado en primeros lugares de encuestas, aunque con datos tan dispares que no hay claridad.

La popularidad de López Obrador, con un tercio o algo más de preferencias está sustentada, por tanto, en la esperanza y la fe de esa porción del electorado y que ha sido más o menos razonada de esta manera:

Los gobiernos del PRI han sido malos. Los gobiernos del PAN han sido malos. Los gobiernos del PRD han sido malos. Todos los gobiernos anteriores han sido malos. La única opción no intentada antes es la de López Obrador que promete un gobierno bueno con el que se acabará la corrupción.

El razonamiento es en extremo débil, pero ha logrado establecerse son esperanza sólida entre sus partidarios, aunque no tan exitosamente como lo debería lograr una campaña que lleva más de una década.

D. Sus esfuerzos de camuflaje

Un buen segmento de sus partidarios y aliados es la izquierda radical que en López Obrador ha encontrado la opción más afín a sus ideas: por ejemplo, la izquierda venezolana:

«De hecho el eje fundamental del programa de Chávez estaba basado en una lucha contra los excesivos privilegios de la burguesía venezolana y contra el sometimiento del imperialismo norteamericano: un programa, que con sus matices, era muy similar al que hoy defiende AMLO». old.izquierdasocialista.org

Esto y los efectos de su  percepción como un «peligro para México» le han forzado a adoptar una posición de moderación en público a lo que ha ayudado el reclutamiento de personas vistas como moderadas responsables de persuadir a los segmentos que verían al candidato como radical y rodeado por radicales aún más peligrosos.

Una estrategia de camuflaje que persigue aumentar atractivo entre votantes indecisos.

Dentro de su coalición partidista, entonces, existen extremos radicales, miembros originales de su campaña, que son tratados de ocultar y elementos mesurados que son tratados de resaltar y que le dan al candidato una imagen de, por ejemplo, estar abierto a la apertura energética, que es totalmente rechazada por sus aliados radicales.

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¿De dónde salió el resumen anterior? De los materiales siguientes:

1. He leído su libro de hace 13 años, López Obrador, Andrés Manuel. Un Proyecto Alternativo de Nación: Hacia Un Cambio Verdadero. 1. ed. México, D.F.: Grijalbo, 2004.

Un análisis de este libro fue publicado en esta página en 2005, bajo el título «La plataforma electoral de AMLO». En 2011 se publicó un resumen de lo anterior en «Las ideas de López Obrador».

2. Tiempo después, leí su otro libro López Obrador, Andrés Manuel. 2018 La Salida. Ciudad de México: Planeta, 2017. Lo leí dos veces, incluso haciendo anotaciones.

Lo que me permitió atreverme a escribir en abril de 2017 «AMLO: riesgos y pronósticos», un escenario posible de su presidencia.

3. He tratado de seguir los razonamientos de sus opositores y de sus partidarios a través de diferentes fuentes y ya desde hace tiempo. También he leído dos obras que me parecen aplicables a este caso (y que son altamente recomendables en sí mismas).

Una fue Scruton, Roger. The Uses of Pessimism and the Danger of False Hope. Oxford: Oxford University Press, 2010.

La otra, Hollander, Paul. From Benito Mussolini to Hugo Chavez: Intellectuals and a Century of Political Hero Worship. Cambridge, United Kingdom: Cambridge University Press, 2016.

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A continuación se presentan todas las columnas sobre este político escritas en estas página, comenzando con la primera de ellas en orden cronológico.

La Candidatura de AMLO

27 julio, 2004

La campaña del jefe de gobierno del DF por la presidencia de la república es obvia y, dadas las características de este personaje, el asunto merece una segunda opinión con la suficiente antelación como para prever sus efectos en el país.

Siendo ordenados, lo primero que debe demostrarse es si ese hombre está o no en campaña. Sí lo está.

La primera de las pruebas es, sin duda, la percepción ciudadana. Si se hiciera una encuesta, la mayoría de las respuestas indicarían que sí lo está. Pero hay que ir más a fondo y probarlo con realidades.

Una prueba contundente es la frecuencia de ruedas de prensa que tiene, en la capital de país, lo que aunado al centralismo de los medios noticiosos, le garantiza una cobertura nacional.

Otra prueba igual de concluyente es la temática de sus declaraciones. Los tópicos que trata son en su mayoría federales y no locales, como sería lógico esperar. Con eso es obvio que sus intereses son federales y no locales.No le preocupa su gobierno local, sino el gobierno al que aspira.

Lo que lleva a otra prueba, la del objeto de sus críticas, siguiendo el principio de “dime a quien criticas y te diré qué puesto deseas”. El blanco de sus críticas es el ejecutivo federal y su desempeño.

La siguiente prueba es la terrible sensibilidad ante los problemas de su gobierno, muy bien ejemplificada con la terrible reacción que tuvo ante la marcha ciudadana del 27 de junio, a la que acusó de ser un ataque a su persona. Quien así reacciona es obvio que tiene aspiraciones mucho mayores.

Todo político en campaña es extremadamente sensible ante cualquier cosa que pueda ser considerada un acometida en su contra. A esto se le añade una variable trascendente: la candidez de muchos medios noticiosos que le dan un trato especial cometiendo un error inocente, que es el tratar bien al que los alaba y da material pintoresco.

Es obvio que sabe él engatusar a muchos medios y llevarlos de la mano a donde él quiere. Un ejemplo de esto es el tratamiento que con mano de seda han dado a la impresión y distribución de sus comics que se pagan con impuestos. Si eso lo hubiera hecho la primera dama, el tratamiento de medios hubiera sido terrible.

Todo lo anterior, me parece, demuestra que el sujeto en cuestión está en plena campaña, con la ventaja electoral impresionante que su nombre es conocido a nivel nacional bajo la imagen general de que es la víctima de un complot y esa es una posición irresistible para un buen segmento de inocentes dentro del electorado.

Ahora viene lo difícil, que es el pronosticar su desempeño en caso de ser presidente.

Los detalles no son cosas posibles de ver, pero sí las líneas generales de su gobierno. Una de esas líneas es obvia, la plataforma de su partido y ella es socialista, lo que nos hace prever razonablemente un gran crecimiento del sector público y mucha mayor intervencionismo estatal en la sociedad, con un rechazo a la liberalización del país, más seguros ataques a los tratados de libre comercio y un regreso al proteccionismo de los años 50, 60 y 70.

Queda ahora por ver la “personalidad” de su presidencia. Podemos estimar que ella será de crecimiento del aparato estatal, pero debemos ver si será o no responsable en sus manejos financieros y qué sustentos tendrá.

En cuanto al manejo de las finanzas, lo que he leído indica una buena dosis de irresponsabilidad financiera, lo que hace previsibles fenómenos de crecimiento de deuda, déficits e inflación. La emisión de los comics es un indicio de esto.

Los sustentos de su gobierno apuntan en una dirección, la de su legitimidad basada en apoyos populares mayoritarios con buena dosis de demagogia. Esto lleva a pensar en un choque de segmentos, producido intencionalmente por él, enfrentando a los pobres contra los ricos, a los de su lado contra los que lo atacan con complots de derecha.

Su reacción ante la marcha contra la seguridad es una prueba de esto. Sólo queda por ilustrar su posible gobierno con algunos gobernantes actuales. Quizá sea más Hugo Chávez que Lula y más Echeverría que López Portillo.

Algo Desconocido en AMLO

2 septiembre, 2004

La marcha contra el desafuero del jefe de gobierno del DF se convirtió en lo obvio, un mitin político electoral que marca el inicio de esas reuniones masivas que confunden a la democracia con la congregación de masas que gritan o simplemente hacen bulto a cambio de algo.

Las campañas presidenciales habían arrancado ya, pero ese desafortunado evento abre la temporada de promoción de voto partidario con un descaro singular.

Bajo el pretexto de evitar la aplicación de la ley, las masas acarreadas fueron sujetas a un mensaje político de campaña presidencial, con todo y un plan de gobierno.

La mera existencia de ese plan, mencionado en ese evento, es prueba suficiente de la motivación central del personaje de marras, una oportunidad, por cierto perdida, pues el plan presentado resulta de una originalidad nula y una bobería mayúscula. Repasemos esto un poco. Los puntos de ese candidato, según fue reportado son 20.

Uno de ellos dice “recuperar lo mejor de la historia de México” y que no significa nada. La historia es eso, historia, y no se recupera, se escribe y se lee. Otro punto dice, “fomentar la cultura” y todo lo que puede significar es la intromisión del gobierno en esos asuntos, con más gastos que coopten a intelectuales.

La cultura no es patrimonio estatal y si lo llega a ser, eso es una forma de censura a la libertad de expresión. Luego están cosas como “aprovechar la globalización”, lo que debe haberlo dejado extenuado de tanto pensar, pero que dentro del PRD significa frenar el comercio libre internacional.

También está lo de “reactivar la economía y promover la industria de la construcción”, que es la vieja receta priista que no entiende que la construcción en una parte pequeña de la economía y que no hay razones para favorecer a sus empresarios por encima de los demás.

Lo de “rescatar al campo” es la misma vaina priista de siempre que jamás podrá lograrse con dinero, sino con un cambio en el sistema de propiedad industrial y tratando al campo como eso, como una industria porque en realidad eso es.

Una perla interesante es eso de “combatir a la delincuencia con la lucha contra la pobreza, el desempleo y la desintegración familiar”, cuando los combates más eficientes contra la inseguridad son conocidos y tratan de elevar al probabilidad de captura y de sentencia. Los pobres no son por naturaleza delincuentes.

El punto de “tener una “política exterior mesurada” significa ser más amigos de Castro y menos de los EEUU, precisamente lo contrario de lo que debe hacerse para el bienestar mexicano, que es lo que quiere decir la tremendamente repetida frase priista de hace años de “fundamentar la relación con Estados Unidos en el respeto mutuo”. Nada nuevo tampoco. El “fomentar la honestidad y la lucha contra la corrupción” recuerda lo de de la Madrid hace ya muchos años.

El punto de “elevar a rango de ley la pensión universal” es populismo de la más pura cepa y una irresponsabilidad financiera gigantesca, destinado a obtener votos mintiendo. “Fortalecer el sistema de seguridad social” es lo mismo que está tratando de hacer el gobierno actual. “Crear un ambiente de gobernabilidad sin autoritarismo” es increíble dada la inclinación del personaje a no respetar las leyes, muy bien bañado en dosis de populismo.

Ver el FOBAPROA más a fondo, de acuerdo, al igual que “anular privilegios fiscales” que es lo mismo que está intentado la reforma fiscal ahora. Al final, esa plataforma de gobierno tiene una alta dosis de populismo, como esa de “pagar la deuda con los indígenas” y de irresponsabilidad financiera latente.

Esto corrobora la inclinación socialista de este candidato, pero revela otra faceta que no era muy conocida, la de muy corto talento para gobernar.

Así como brilla en acciones electorales y populares, y también en poner a los medios a comer de su mano, ese plan indica un escasísimo genio para presidir, pues en ese acto electoral realmente genial, su contenido fue pobre y raquítico.

Es un plan de gobierno decepcionante a más no poder. Y, desde luego, tiene el error de mencionar las metas, pero no hacer referencia a los medios para alcanzarlas. Neto, neto, un candidato muy listo en lo electoral y un gobernante de extrema baja inteligencia. Bueno para la grilla, malísmo para gobernar.

El Futuro Con AMLO

12 mayo, 2005

La imposibilidad de predecir el futuro puede ser de buena manera remediada echando un ojo a las ideas de las personas. Por eso precisamente, usted puede predecir la conducta de sus amigos, porque los conoce, sabe qué ideas tienen y puede estimar razonablemente qué harán ellos.

Esto mismo puede hacerse con el alcalde de la ciudad de México, gracias a un libro que escribió y que contiene sus ideas. Tuve la oportunidad de coordinar a un muy pequeño equipo que realizó un análisis de ese libro y que, sobre esas ideas del hombre, hizo un pronóstico de lo que sucedería en caso de que llegara a la presidencia este candidato.

La gran ventaja de estos pronósticos es que están cimentados en las propias ideas del autor. Los siguientes son algunos de esos pronósticos.

El análisis indicó que la presidencia de López Obrador sería una de “alta intervención estatal en la economía mediante inversión pública muy elevada, planeación económica, controles de precios y, posiblemente, el deseo del autor para realizar alguna medida espectacular durante su mandato, equivalente a la expropiación petrolera.”

Esto puede afirmarse, entre otras cosas, gracias a la admiración extrema que el autor muestra por el presidente Cárdenas y también por F. D. Roosevelt.

Adicionalmente, el análisis indica que el ahora alcalde de la Ciudad de México elevaría el gasto gubernamental muy por encima de los niveles actuales. De hecho eso mismo pide para su primer año de gobierno, una elevación de mínimo el doble de inversión para poder reactivar la economía.

Sí, un mínimo del doble. Para probar esto, también ayuda saber que el candidato a la presidencia desea crear un Estado Benefactor que cuide a la persona desde que nace hasta que muere… lo que todos sabemos es costoso, realmente costoso e irreal.

Sobre lo anterior, el análisis señala que “Podría anticiparse la elevación de la deuda pública, un déficit mayor e incluso como posibilidad extrema, la impresión de dinero.”

Esta consecuencia es lógica: la elevación del gasto gubernamental generará necesidades de financiamiento que sólo pueden venir de elevación de impuestos y elevación del pasivo público. La presión para imprimir dinero es consecuencia lógica de esto. Un gobierno como el propuesto por este candidato necesita mucho, muchísmo dinero.

Pero hay un rasgo que es aún más llamativo y se refiere al papel que este candidato siente tener. El análisis hecho dice textualmente que habrá “.. enfrentamiento entre poderes, aunque bajo una modalidad diferente a la actual. El autor del libro no enfrentaría a su presidencia con el legislativo y el judicial, sino al pueblo mismo con esos poderes políticos. Son previsibles manifestaciones populares en casos en los que esos poderes contradigan a la presidencia.”

El punto debe ser explicado. Dentro del libro existen ideas que señalan que su autor piensa que el presidente debe ser intérprete de la voluntad del pueblo y que su autor siente tener el apoyo del pueblo y esa capacidad. La combinación de ambas ideas es clara. López Obrador se ve a sí mismo como el portador de la voluntad popular, tanto que señala entre sus ideas, que él y el pueblo son suficientes para realizar su “proyecto de nación.”

Ahora imagine usted la posibilidad de que el legislativo se mueva en contra de quien se siente portador de la voluntad popular y se verá fácilmente el envío de marchas de protesta en contra de ese poder.

El análisis pronostica también otras posibilidades lógicas, como “La revisión drástica de tratados de libre comercio, la ampliación del número de paraestatales y la creación de nuevos grupos de interés que vivan del presupuesto.”

Más “la renovación de relaciones amigables y muy cercanas con Cuba, Venezuela, Brasil; el apoyo a movimientos como el de Evo Morales en Bolivia…”

Vistas en lo general, las ideas de este candidato son muy diáfanas, pues el libro es en extremo claro y ordenado, sin vaguedades. La presidencia de López Obrador sería una de regreso al presidencialismo, es decir, de pérdida del poder del legislativo y del judicial. A lo que debe añadirse, ese mucho mayor gasto gubernamental.

Miedo a López Obrador

20 septiembre, 2005

Muchas personas han expresado miedo ante la posibilidad de que López Obrador llegue a ocupar la silla presidencial y trate de implantar su programa de gobierno, una mala mezcla de medidas populistas y socialistas atrasadas.

Están equivocadas. Al ex-alcalde de la capital mexicana debe temérsele, eso sí, pero por otras razones muy diferentes y de las que hay señales claras.

En columnas anteriores he señalado que una de las mayores variables a vigilar en el proceso electoral mexicano es el anuncio del ganador de la presidencia y la reacción de los partidos perdedores.

Es aquí donde López Obrador entra y produce miedo.

La variable a considerar es pensar sobre lo que este personaje haría en caso de no resultar ganador. El futuro no puede preverse, pero ayuda a pensar en posibilidades el ver lo sucedido antes.

Seamos razonables y veamos una pieza de información reciente, poco analizada en lo que he leído, pero digna de las primeras planas que nunca recibió.

López Obrador ha comenzado a querer crear la impresión de que las autoridades electorales mexicanas están en su contra. Es una estrategia para preparar el terreno ante la posibilidad de que él pierda la elección: tendrá él así una explicación de complot en su contra, que le dará una excusa de protesta callejera.

Y también seamos claros. López Obrador tiene los rasgos necesarios para lograr una preocupación nacional mayor. No por sus miope plataforma, sino por sus ansias de poder a toda costa. La pregunta clave es qué hará él en caso de perder la elección presidencial. La respuesta no es agradable.

Hace meses que apunté que muy probablemente echaría a andar una andanada de protestas violentas. Eso es lo que apunta su historial pasado y su propuesta de gobierno.

Cuando perdió la carrera de gobernador en Tabasco, bloqueó pozos petroleros y en la capital estatal sus partidarios tomaron la plaza central. Hubo violencia y López Obrador habló de desobediencia pacífica (!).

Tiempo después, volvió a las andadas, con otro bloqueo instalaciones petroleras. Y, por si fuera poco, su administración en la capital estuvo plagada de corrupción, incapacidad administrativa, mala elección de personal y lamentos de complots.

En una población escasamente educada e inclinada a buscar mesías políticos, la inteligencia política de López Obrador ha encontrado suelo fértil, cultivando mil veces la idea de conspiraciones en su contra, provocando el olvido de sus orígenes y estrategias, que ignoran a la ley cuando ella no le es propicia.

El populista no sabrá nada de economía, pero sabe mucho de intrigas y maquinaciones de las que es autor, como la última: iniciar el proceso de hacer creer que el IFE está en su contra.

Entremos al corazón del asunto pensando en el riesgo que López Obrador está corriendo, es decir, la apuesta que ha hecho. Todo lo que es y tiene lo ha apostado a ganar la presidencia mexicana. Perderla es igual a anularse, a terminar su carrera política al menos durante seis años.

El monto de la pérdida personal posible de López Obrador es brutal y, desde luego, no la aceptará fácilmente. Menos aún, reconocerá su derrota cuando él se piensa ser depositario del apoyo del pueblo para realizar sus propuestas. Volvamos a ser claros, muy claros.

El peligro que López Obrador presenta no es el de ser de izquierda, ni el tener propuestas políticas de baja calidad.

Una vez en la presidencia, las propuestas de López Obrador podrán ser frenadas y afinadas por el legislativo y el judicial. Quienes ven a este candidato como peligroso por ser socialista y populista se equivocan. López Obrador no es peligroso por su populismo.

López Obrador es la variable de mayor peligro en las elecciones mexicanas por su insaciable apetito de poder, incapaz de reconocer derrotas, y por los actos probables que realizaría en caso de no ser el ganador presidencial o, en caso de serlo, cuando el legislativo rechace sus propuestas. El último de los sucesos es claro y muestra la trayectoria que viene.

Uno de los asesores del candidato dijo que los miembros del IFE han emprendido una campaña de amenazas en contra del este hombre. En mi opinión, la estrategia es totalmente clara, confirmada por ese pequeño suceso, y su sed de poder es innegable.

AMLO en Perspectiva

19 julio, 2006

Comencemos por los números para poner al ex candidato del PRD en su dimensión más objetiva. Aceptemos que hubo un millón de personas en su mitin del domingo pasado (una cifra dudosa, pero que tomo como base). ¿Fue una gran manifestación? No necesariamente. Si hablamos de manifestaciones antes hubo otra 40 veces superior.

El 2 de julio, sin acarreos, 41 millones de mexicanos votaron, sobre una población de unos 105 millones en total. Y sobre 71 millones de personas con credencial de elector. Ese candidato podrá reunir un millón o dos, que serán siempre minoría frente a la manifestación de 41 millones de personas votando.

En números redondos, el PRD logró algo más de 14 millones de votos, 35 por ciento del total de votantes reales. Visto del otro lado, 65 por ciento de ellos no votaron por ese candidato. No pueden reclamar mayoría, ni representación popular general.

Peor aún, 40 por ciento del total no votaron, lo que significa que ese candidato tiene un respaldo de menos de una cuarta parte del total de votantes.

Reunir a un millón de personas, en pocas palabras, podrá sonar impresionante, pero no lo es. Al 98 por ciento de quienes votaron, ese mitin les importó un comino o estaban en contra.

No hay manera de justificar que ese mitin representa a la población mexicana, ni que representa un reclamo nacional. Más aún, algunas encuestas señalan que la mayoría de los mexicanos se oponen al recuento de votos pedido por el PRD.

Ni de lejos hay elementos para impresionarse con el mitin del PRD el pasado domingo. Con otra: toda marcha de ese tipo requiere acarreos de personas a quienes se pagan el transporte, sus comidas y que no irían a la marcha sin esos incentivos.

Siguiendo la ley del 80-20, aceptando que había un millón de personas, de ellas unas 200 mil podían considerarse espontáneas.

Pasemos ahora a las palabras, según reporta La Jornada. El ex candidato dijo que, “No sólo luchamos por el reconocimiento de nuestro triunfo legítimo en la elección presidencial, sino por una causa superior, la de hacer valer la democracia en nuestro país”.

Es decir, él se ha declarado ganador por sí mismo y sin seguir los cauces legales. Estamos en presencia del auto nombramiento de un presidente.

Y ese presidente auto nombrado emitió su primera orden, al decir que manda

“Reforzar los campamentos ciudadanos ubicados en las afueras de las 300 instalaciones de los Consejos Distritales donde se encuentran los paquetes electorales. Estos campamentos son indispensables para evitar que se introduzcan o extraigan boletas de los paquetes electorales de manera ilegal. La propuesta es que estos 300 campamentos se conviertan en centros de toma de decisión, información y divulgación a favor de nuestra causa y que a ellos puedan asistir y participar intelectuales, artistas y personalidades de la sociedad civil”.

Es decir, ha mandado crear una para-policía, por fuera de la ley, a la que él ordena proteger sus intereses. Una policía que presiona a las autoridades formales y legales del país.

Y a lo que añade otra orden,

“Llevar a cabo, a partir de esta semana, las primeras acciones de resistencia civil pacífica. Con este propósito, se integrará un comité ciudadano qué definirá qué tipo de acciones y en qué circunstancias se llevarán a la práctica”.

En resumen, los números y las palabras, ponen en perspectiva la situación a la que el ex candidato quiere llevar a México: él debe ser el presidente y ningún otro, para lo que está dispuesto a todo. Ya ha dado funciones policiacas a sus partidarios y ya también les ha asignado acciones de resistencia.

Y hace todo esto sin una justificación numérica, pues claramente él es minoría en todos los sentidos. Las cifras lo demuestran.

Si los fallos del TRIFE le son favorables, entonces alegará una victoria democrática. Si le son desfavorables, irá con todo en contra de las autoridades y para eso usará a sus partidarios organizados en acciones violentas a las que llamará “pacíficas” y hará imposible la vida de la siguiente administración.

Y en medio de todo esto hay más de 100 millones de mexicanos cuyas vidas le importan un rábano al ex candidato. Sólo él cuenta y sólo él es importante. Lo bueno es que todo esto sucede antes, para darnos cuenta de lo que hubiera sido su presidencia.

AMLO Como un Lujo

6 noviembre, 2006

Para nadie es una duda que México tiene un problema igual que el de muchas otras partes del mundo: nos falta crecer a tasas más elevadas, especialmente en las zonas del sur del país. Comprender esto no requiere gran seso. Pero decidir lo que debe hacerse es otra cosa,  tanto que suele realizarse lo opuesto a lo indicado.

Por ejemplo, en Oaxaca la calidad de la educación es mala, se tiene pobreza, no hay actividad industrial importante y demás. Para remediar la situación, los maestros hacen una huelga de meses, bloquean  la ciudad, anulan la actividad económica, cometen delitos… todo eso es exactamente lo opuesto a lo que debe hacerse para elevar el ingreso en Oaxaca. Literalmente lo contrario.

Si Oaxaca tuviera el ingreso per cápita de Suiza, podría darse el lujo de esa huelga y otros muchos más. En Oaxaca, lo que hacen los maestros y la APPO son lujos que no puede darse el estado ni el país. Lo mismo sucede con otro personaje que vuelve a salir a la luz pública, AMLO. Después de nombrar a las personas que ocuparán los puestos de su gabinete, una nota de un periódico de la Ciudad de México añade información importante.

Se reportó que ese presidente alternativo defenderá a la gente, presentará iniciativas de ley, propondrá políticas de desarrollo social, saldrá en defensa de los intereses del pueblo. Hasta aquí no hay problema. Eso es lo que dice hacer todo político. El lujo que no podemos darnos es lo dicho por ese gobierno alternativo: en caso de no hacer lo que él diga, se harán movilizaciones sociales.

Dice la nota que “habrá movilizaciones sociales cuando se intente consumar un retroceso en la vida pública del país, o se ponga en riesgo cualquier conquista social o cuando se cometa un atropello a los derechos humanos y políticos de los mexicanos”. La expresión “movilización social” es una patente de corso que permite cometer delitos amparados por el número de manifestantes.

El lujo que no podemos darnos es AMLO y sus sueños de poder. Es demasiado caro pagar el costo que él significa para el país. Es un obstáculo que impide el desarrollo, que causa pobreza. Los delirios de poder de él y sus acólitos son de verdad un lujo enorme, el que pagarán millones de personas por no salir de la pobreza y por el no crecer tanto como se puede. Es similar al caso del estado de Nuevo León.

Allí, su gobernador se ha dado un lujo: la celebración de un foro de culturas, el mismo que fracasó el Barcelona. Desde luego, el placer del gobernador no lo paga él, sino los contribuyentes, lo que hace doble a ese placer. Son lujos que no podemos darnos. Y lo que propongo es que igual que ese foro, AMLO es un lujo de aún mayor precio, no diferente a gastos excesivos de viajes de diputados, o de fortunas ilegales de nuestros políticos.

Si algunos de ellos tienen tres departamentos en Miami, dos en París y otros más en playas mexicanas, todo sacado indebidamente de sus puestos gubernamentales, AMLO representa cien, mil, veces eso y más si es que pudiera contabilizarse. Las cifras más escandalosas de corrupción presidencial, quizá dadas en tiempos del populismo, parecerían modestas comparadas con lo que AMLO le cuesta a los mexicanos.

Piense lo que Oaxaca ha costado en caída de ingresos a sus habitantes, en dinero desperdiciado y proyecte esas cifras a la amenaza de AMLO: si no se hace lo que él quiere se realizarán movilizaciones sociales. Y sus costos serán pagados por los mexicanos en dos terrenos: disminución de sus ingresos y pérdida de oportunidades. AMLO es como un rey Midas al revés, lo que él toca pierde valor.

Lo que AMLO hace ahora es cobrar a la sociedad por no haberlo elegido presidente y la factura es la más grande jamás pagada por este país a persona alguna: es un chantaje como ninguno se ha dado en la política mexicana. Si no se hace lo que AMLO apruebe, entonces hará movilizaciones sociales. Las movilizaciones sociales tienen un costo, como lo demuestra Oaxaca: mayor pobreza y miseria.

Estamos por tanto en presencia de un hecho insólito. Se trata de un intento de secuestro de millones de mexicanos por parte de unos pocos que nos amenazan con imponer por la fuerza sus ideas y en caso de negarnos, emplear la violencia. Son lujos que no podemos darnos.

“Amlocracia”

1 diciembre, 2006

A principios de septiembre, Enrique Krauze, el historiador y escritor mexicano, publicó una columna que vale la pena recordar en sus partes centrales, especialmente en este día en el que inicia un nuevo gobierno mexicano —antes, en Agosto, había yo escrito también la columna “La democracia soy yo” con el mismo tema, sobre AMLO como Su Alteza Terquisísima.

La intención de Krauze es tratar de entender qué es lo que López Obrador piensa que la democracia es —obviamente no es como la entiende el ciudadano común, pero tampoco como la comprende el experto en la materia.

Con la suavidad de su estilo, Krauze deja una idea simple: para López Obrador la democracia es López Obrador y todo lo demás son tonterías. Dice el escritor que,

“Un caudillo carismático con aspiraciones mesiánicas, mentalidad totalitaria y métodos fascistas ha logrado convencer a un sector minoritario, decreciente, pero todavía significativo de la opinión (tal vez 4 millones de personas, el 10% del electorado), de que la democracia no es la democracia: que la democracia es la “verdadera democracia”, según él la decreta”.

La definición de López Obrador es, en otras palabras, egocéntrica: la democracia soy yo, lo que yo diga, lo que yo piense, lo que yo mande. Las evidencias que apoyan la tesis de Krauze son abrumadoras —incluyendo la fantasía de un nombramiento “legítimo” con todo el ceremonial imaginado.

Poco hay que agregar al respecto, pero sí sobre el momento de la historia mexicana en el que todo esto sucede. Tomo los datos del escritor,

• “1867-1876, un primer intento de estado de derecho y régimen constitucional, que finalizó en un golpe de estado.

• 1911-1913, el segundo intento, fracasado con otro golpe de estado.

• 2000 – ?, el tercer intento, en proceso y amenazado por “un mesías tropical”.

Los golpes de estado no fueron disfrazados con palabras agradables de disfraz democrático. El tercer intento sí tiene esa amenaza, la de “la retórica de la democracia para acabar con ella”. Es decir, la redefinición de la democracia a un concepto personal, subjetivo que significa: democracia es lo que López Obrador diga y mande.

Y en ese intento son reveladas, en mi opinión, partes de su mentalidad:

• Las leyes son instrumentos de imposición porque limitan las acciones que él puede realizar —él es el poder y no debe tener las limitaciones que imponen las democracias.

• La división del poder es un freno al poder que él debe tener —él es legislador, juez, ejecutor —la división democrática del poder es indebida porque le impone limitaciones.

• Él encarna la voluntad del pueblo —es el líder, el salvador y es moralmente erróneo sujetarlo a procesos como elecciones.

• El lenguaje está a su servicio para redefinir a la democracia, para llamar “pacifico” a lo violento, “legítimo” a lo falso.

• La disyuntiva es clara: si no ha conseguido el poder por medio de las elecciones, lo conseguirá por medio de la violencia —no hay otras opciones y ahora una sola de ellas le queda disponible.

Termina Krauze su columna con estas palabras,

“Hace casi 86 años México cerró el ciclo de una revolución que costó un millón de muertos. Desde entonces ha vivido en paz. Es un país plagado de problemas de injusticia, pobreza y corrupción, pero ha hecho avances notables en su transformación económica, sus programas sociales y su vida política. Sería una desgracia que desembocara en la violencia. 

México no es una democracia más en el mapa mundial: es el vecino y socio de Canadá y Estados Unidos y el fiel de la balanza para que América latina marche por el camino de Brasil y Chile, no por el de Cuba y Venezuela. El apoyo y la comprensión de la opinión internacional a la democracia sin adjetivos que hemos conquistado es ahora más necesario que nunca”.

Lo que los mexicanos tenemos enfrente es y ha sido muy claro por meses —no es posible ignorarlo ni permanecer indiferentes: López Obrador tiene en mente una revolución que lo lleve al poder.

El Decálogo Según López

10 diciembre, 2009

Los políticos y casi todos los que aspiran al poder han logrado desarrollar un lenguaje suficientemente confuso y sofisticado para que cada quien entienda lo que quiera y conseguir así su voto incondicional.

López Obrador no es la excepción y ahora lanza su plan como un “nuevo proyecto alternativo”. Aquí presento la traducción de lo que en realidad quiere decir (pero que no se atreve para no perder votos). No es un proyecto original, como se verá, sino un proyecto ya aplicado en, por ejemplo, Venezuela.

I. Rescatar al Estado y ponerlo al servicio del pueblo y de la nación.

Traducción: un Estado grande que controle toda la vida económica, política y social y claro, donde él sea el máximo dirigente.

II. Democratizar los medios de comunicación.

Traducción: nadie puede decir o escribir nada sin que tenga su autorización de él, y si no, siempre se puede expropiar la radio, la TV, periódicos y otros para que sólo publiquen lo que él y su gobierno consideren que es compatible con los “intereses del pueblo”.

III. Crear una nueva economía.

Traducción: quiere es una economía de planificación centralizada tipo la ex-Unión Soviética o Cuba donde todavía hay cartilla de racionamiento y la gente tenga sus dos libras de arroz cada semana y ni un grano más.

IV. Combatir las prácticas monopólicas.

Traducción: ¿Pensar desaparecer PEMEX, CONAGUA, SEP o la Comisión Federal de Electricidad? Nada de eso, se opuso a la desaparición de la Compañía de Luz y Fuerza del Centro que era un monopolio estatal. Es desaparecer a las grandes empresas privadas, volver a estatizar la telefonía, expropiar las televisoras, las cadenas comerciales tipo Wal-Mart, para que todo quede bajo sus manos del Estado.

V. Abolir los privilegios fiscales.

Traducción: ningún empresario o comerciante debe escapar de pagar impuestos. Y si un empresario ganas más, debe pagar para que quede tan pobre como el que nada produce. Pero este principio no aplica a los funcionarios de gobierno.

VI. Ejercer la política como imperativo ético y llevar a la práctica la austeridad republicana.

Traducción: orden personal de “todos me deben obedecer, pues yo soy la palabra, soy Dios” y no se quejen del alimento y vestido austero. Austeridad para el pueblo, no para el poder político, como en Cuba.

VII. Fortalecer al sector energético.

Traducción: toda la energía debe estar administrada por el gobierno, nunca por particulares y nunca se permitirá que los monopolios PEMEX y de la electricidad desaparezcan.

VIII. Alcanzar la soberanía alimentaria.

Traducción: que el Estado tome el control del campo mexicano, que se evite el comercio de granos entre los EEUU y México, que desaparezca el Tratado de Libre Comercio, que exista sólo la importación de bienes aprobados por el gobierno.

IX. Establecer el Estado de Bienestar.

Traducción: establecer el socialismo siglo 21, todo el poder al Estado como en los viejos de la Rusia de Lenin, o en los tiempos nuevos, como en Venezuela.

X. Promover una nueva corriente de pensamiento.

Traducción: que todos pensemos como marxistas, adorando al Estado y su gobernante, sin escuelas o universidades que contradigan sus ideas.

Si López Obrador fuera un hombre de “honestidad valiente” como él mismo se autoproclama, diría sus verdaderos ideales y no tendríamos que andar traduciendo sus discursos. Pero si los traduce, pocos seguidores tendría, pues nadie quiere tener un Hugo Chávez a la mexicana.

Estamos en presencia de un decálogo traducido que no es original de él, sino una copia más o menos fiel de la izquierda Latinoamericana, la de Chávez y sus acólitos.

De Político a Predicador

26 enero, 2012

Quiero apuntar una metamorfosis —la de un gobernante que ha dejado de serlo para convertirse en un predicador moral.

Más aún, uno que desea crear un nuevo código de valores, una nueva constitución moral para aplicar en el país.

Me refiero a López Obrador, candidato del PRD a la presidencia en México.

A principios de diciembre, escribió una columna titulada Fundamentos Para Una República Amorosa.

La intención del escrito es describir su intención de crear “una república amorosa, con dimensión social y grandeza espiritual” que combata “La decadencia que padecemos” por en parte “la pérdida de valores culturales, morales y espirituales”.

Entre sus metas de gobierno está en alto lugar, “auspiciar una manera de vivir, sustentada en el amor a la familia, al prójimo, a la naturaleza y a la patria” —se trata de “una nueva forma de hacer política, aplicando en prudente armonía tres ideas rectoras: la honestidad, la justicia y el amor”.

Esto es precisamente lo que quiero examinar, esa “nueva forma de hacer política” —la que apunta a la metamorfosis del gobernante, ya no responsable del buen gobierno, sino de la moralidad y la espiritualidad del ciudadano.

La “nueva forma de hacer política” será la de crear una nueva “una constitución moral” para México, la que se introducirá en la enseñanza y en los medios.

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El contenido del escrito es básicamente moral —la responsabilidad del gobernante ampliada a realizar el bienestar del ciudadano, incluye en esta nueva manera de hacer política, la responsabilidad moral en tres ejes, siendo el más importante el último.

• La honestidad es mencionada primero. López Obrador destaca en esta sección la “la deshonestidad de los gobernantes y de las élites del poder”, que ha dañado la vida pública y dado mal ejemplo —incluso ha sido “causa principal de la desigualdad y de la actual tragedia nacional”.

Nada realmente original ni destacado en esta parte del escrito —excepto por el apuntar un tema que se repite en el resto de la columna: “En los pueblos del México profundo se conserva aún la herencia de la gran civilización mesoamericana y existe una importante reserva de valores para regenerar la vida pública”.

Reitera su vieja idea de “aplicar un plan de austeridad republicana para reducir los sueldos elevadísimos de los altos funcionarios públicos y eliminar los gastos superfluos” sin añadir ninguna otra idea significativa sobre como combatir la corrupción y los intereses de grupos de presión.

• La justicia es el punto siguiente. La justicia es tratada como un problema de pobreza y nada más que eso: “Es la demanda incumplida, pendiente, a pesar de la Revolución y de toda la retórica de los gobiernos posteriores”.

La pobreza, dice, “se encuentra por todos lados” —han fallado “los programas de apoyo gubernamental y la ayuda que reciben quienes tienen familiares en el extranjero”. Más aún, “no existe ninguna razón natural o geográfica que la justifique”.

El país tiene recursos naturales, dice, y además, “el pueblo cuenta con cultura, vocación de trabajo y con una inmensa bondad”. La pobreza, en su opinión, se debe a “la corrupción imperante y a la economía de elite que sólo beneficia a una pequeña minoría”.

Critica a continuación “la forma en que se enfrenta la crisis de inseguridad y de violencia” — y propone que “la inseguridad y la violencia sólo pueden ser vencidas con cambios efectivos en el medio social y con la influencia moral que se pueda ejercer sobre la sociedad en su conjunto”.

Los problemas de inseguridad serán atacados por su gobierno por medio de “combatir la desigualdad para tener una sociedad más humana y evitar la frustración y las trágicas tensiones que provoca… enfrentar el desempleo, la pobreza, la desintegración familiar, la pérdida de valores y por incorporar a los jóvenes al trabajo y al estudio”.

No hay mención alguna de aplicación de la ley, mejora policiaca, adelantos judiciales y similares.

• El amor es al tercer punto y el que realmente contiene la esencia de la metamorfosis de la que hablo —el gobernante ya no habla de sus planes de gobierno, de sus estrategias económicas. Ahora se hace cargo del amor que debe existir en una sociedad.

Propone “auspiciar una nueva corriente de pensamiento para alcanzar un ideal moral, cuyos preceptos exalten el amor a la familia, al prójimo, a la naturaleza y a la patria”. El significado es inequívoco: bajo su gobierno se creará una nueva forma de llegar al ideal moral.

Debe ser el responsable de esto porque “Lo material es importante, pero no basta: hay que fortalecer los valores morales” —es una expansión de la autoridad política, haciéndose ahora cargo de lo moral.

Lo hará “A partir de la reserva moral y cultural que todavía existe en las familias y en las comunidades del México profundo” y contando con la “la inmensa bondad que hay en nuestro pueblo”.

Será función gubernamental, “exaltar y promover valores… revertir el desequilibrio que existe entre el individualismo dominante y los valores orientados a hacer el bien en pro de los demás”.

¿Es esto realmente responsabilidad del gobierno? Por supuesto, según López Obrador, el que dice que hay quienes “olvidan que la meta última de la política es lograr el amor, hacer el bien, porque en ello está la verdadera felicidad”.

Se apoya en lo que dice la constitución de EEUU, sobre “fomentar la felicidad” —aunque en realidad esa constitución dice “consecución de la felicidad” y la deja a cargo de las personas, no del gobierno. También se equivoca, según Sánchez Susarrey, en su cita de la Constitución de Apatzigán de 1814.

Cita varias veces a Alfonso Reyes, en cuestiones morales —adjudicando al gobierno la responsabilidad de lo que sugiere Reyes. Y cita a Tolstoi en asuntos morales —también adjudicando a la autoridad una función moral que no contienen las citas.

Hace López Obrador llamados morales: “la felicidad no se logra acumulando riquezas, títulos o fama, sino estando bien con nuestra conciencia, con nosotros mismos y con el prójimo” —a lo “la felicidad no se logra acumulando riquezas, títulos o fama, sino estando bien con nuestra conciencia, con nosotros mismos y con el prójimo”.

Su tono y contenido ya no es el de un gobernante, sino el de un predicador religioso: “es necesario centrar la vida en hacer el bien, en el amor, y a su vez, armonizar los placeres que ayudan a aliviar las tensiones e insatisfacciones de la vida”.

Continuando con su idea de “auspiciar una nueva corriente de pensamiento para alcanzar un ideal moral”, propone primero “una elaboración libre, personal, sobre lo que constituye el bien para cada uno de nosotros… ” —es decir, cada quien crea su moral.

Pero de inmediato, dice que “existen preceptos generales que son aceptados como fuente de la felicidad humana” —estos son “otros preceptos que deben ser exaltados y difundidos: el apego a la verdad, la honestidad, la justicia, la austeridad, la ternura, el cariño, la no violencia, la libertad, la dignidad, la igualdad, la fraternidad y a la verdadera legalidad… la no discriminación, la diversidad, la pluralidad y el derecho a la libre manifestación de las ideas”.

Insiste en acudir a la “reserva moral de importantes valores de nuestras culturas que se han venido forjando de la mezcla de distintas civilizaciones y, en particular, de la admirable persistencia de la gran civilización mesoamericana”.

La nueva forma de pensar en el ideal moral formará los “fundamentos para una república amorosa deben convertirse en un código del bien”. Es decir, deberá crearse ese código, la nueva corriente sobre el ideal moral. Esto es una responsabilidad gubernamental.

¿Qué hacer para crear esa corriente nueva de pensamiento moral? Su propuesta es crear una nueva constitución:

“De ahí que hagamos el compromiso de convocar con este propósito a la elaboración de una constitución moral a especialistas en la materia…”

Durante su gobierno se convocaría a esos especialistas en la materia moral:

“… filósofos, sicólogos, sociólogos, antropólogos y a todos aquellos que tengan algo que aportar al respecto, como los ancianos venerables de las comunidades indígenas, los maestros, las padres y madres de familia, los jóvenes, los escritores, las mujeres, los empresarios, los defensores de la diversidad y de los derechos humanos, los practicantes de todas las religiones y los libre pensadores”.

Cuando se tenga listo el documento, la nueva “constitución moral”, entonces “debemos hacer el compromiso de fomentar estos valores mediante todos los medios posibles”.

La constitución moral creada en su gobierno se va a “Introducir en la enseñanza [dando] toda la importancia que tienen materias como el civismo, la ética y la filosofía; propagar virtudes y destacar ejemplos positivos en los medios de comunicación”.

De esta forma su gobierno establecerá “las bases para una convivencia futura sustentada en el amor y en hacer el bien para alcanzar la verdadera felicidad”.

AMLO: un Perfil Breve

28 febrero, 2014

El partido político mexicano —otro más— es conocido como MORENA, las siglas de Movimiento de Renovación Nacional y es la obra de un personaje muy conocido, Andrés Manuel López Obrador.

Perdedor en dos elecciones presidenciales, y sabedor de no ser el candidato designado siguiente del partido de izquierda el PRD, procedió a mantenerse vivo políticamente hablando con la fundación de otro partido, el suyo propio, del que no hay duda que lo designará candidato en las elecciones siguientes.

El caso de este hombre es un fenómeno digno de estudio —lo que examino es los puntos siguientes:

• Su ideología política es de sobra conocida —de izquierda clara y abierta, con una fuerte dosis de estado de bienestar.

• Su ambición de poder es igualmente conocida —toda su vida, toda su existencia, está dirigida a la gran meta de llegar al puesto político de mayor jerarquía, la presidencia.

• Su habilidad para “encantar” es también conocida —una gran capacidad para convencer y persuadir, que le llevó a ser favorito de medios de comunicación, recibir apoyos de empresarios, sobrevivir sin daño sospechas serias de ilegalidades y fascinar a un segmento del electorado (que ha ido disminuyendo).

• Su inclinación notoria a crear y vivir su propia realidad en la que él domina —y contra la que cualquier suceso opuesto constituye una conspiración en su contra del más oscuro origen, lo que le ha llevado a inventar explicaciones de sus fracasos.

• Su sentimiento de personalismo extremo —lo que le hace incapaz de ceder ni aceptar compromisos ni negociar: es su voluntad la que debe imponerse de cualquier manera, sin condición, incluyendo si es necesario el debilitamiento de su anterior partido.

• Su desconocimiento profundo de asuntos económicos, por ejemplo, de finanzas públicas y otros más —posee una enorme ignorancia de política económica y es incapaz de “hacer cuentas” sobre el financiamiento de sus propuestas.

• Su oposición de fondo y por principio a todo gobierno que no sea el suyo, no importa de qué se trate —si el gobierno hace reformas, él se opondrá; si no las hace, él las haría.

• Su enorme tiempo libre para dedicarse a estar en campaña los 365 días del año, si es posible, desde el principio de este gobierno —en realidad, ha estado en campaña permanente desde su salida como jefe de gobierno del DF (lo que debe ser un récord mundial de tiempo de campaña).

• Sus recursos abundantes —cuyo origen desconozco— y que le permiten hacer giras de campaña en todo el país con un costo que no debe ser despreciable.

• Su uso intenso de argumentos populistas, que dividen a la población en ricos y pobres —con él erigiéndose en el representante de la clase mayoritaria que nadie como él conoce.

• Su utilización flexible de las palabras, a las que da el significado que desea —calificando positivamente lo que sea que haga y negativamente lo que hacen otros, como llamar pacífica a su violencia.

Los puntos anteriores, y algunos más, perfilan a este “candidato eterno” a la presidencia de México, definiéndolo como uno que en resumen ambiciona el poder como quizá nadie más en los últimos años y que piensa ser el salvador del país.

Lo que nos faltaba

8 enero, 2018

«Nada más eso me faltaba». Eso decía mi padre cuando le sucedía algo que lo molestaba en serio.

Quizá, si viviera, lo volvería a exclamar, «Nada más eso nos faltaba, un candidato que se cree redentor».

Imaginé eso después de leer una columna en el periódico el mes pasado. Ella trataba el tema de uno de los candidatos a la presidencia en México. A él y a sus sentimientos religiosos.

En ella se citan palabras de López Obrador, que aquí reproduzco completas a partir de su fuente original (elmanana.com.mx) :

«Soy un seguidor de la vida y obra de Jesucristo. Soy Cristiano. En la expresión amplia de lo que significa el cristianismo. Soy un seguidor de la vida y de la obra de Jesús Cristo. Porque Jesús Cristo luchó en su tiempo por los pobres, por los humildes, por eso lo persiguieron los poderosos de su época. Lo espiaban y lo crucificaron por defender la justicia. Soy en ese sentido un creyente; tengo mucho amor, lo digo de manera sincera, por el pueblo; por eso lucho todo el tiempo. Le tengo un profundo amor al pueblo».

En mi experiencia, cuando alguien dice cosas como «Soy cristiano en la expresión amplia de lo que significa el cristianismo», eso significa que no es cristiano. O que tiene de cristiano lo que yo de vegetariano.

Esas son palabras que significan que la persona ha modificado las ideas del cristianismo para que ellas se acomoden a las propias. Una especie de selección de lo que conviene, desechando lo que no gusta. Algo como un cristianismo a la carta.

Muy bien, nada que sorprenda. Eso es más o menos común. Pero en esa cita existe algo notable y que está en esa manera de entender a Jesucristo como un activista. Cito de nuevo esa palabras:

«Porque Jesús Cristo luchó en su tiempo por los pobres, por los humildes, por eso lo persiguieron los poderosos de su época. Lo espiaban y lo crucificaron por defender la justicia».

Esa afirmación es notable. Notable y espectacularmente errónea. El candidato no tiene la más remota idea de quién era Jesús y lo reduce a alguien que tiene parecido con él mismo para llegar a una conclusión: «Soy un seguidor de la vida y de la obra de Jesús Cristo».

La conclusión que se tiene es eso que a mi padre le haría exclamar, «Solo eso nos faltaba». Dice el candidato:

«[…] tengo mucho amor, lo digo de manera sincera, por el pueblo; por eso lucho todo el tiempo. Le tengo un profundo amor al pueblo».

Y es que la experiencia muestra que las peores cosas suelen salir de personas que con las más admirables intenciones cometen los errores más espectaculares. Los gobernantes que más dicen amar al pueblo suelen ser los que más odian a las personas, porque lo que aman es realmente a otra cosa. Aman a sus propias ideas. Están enamorados de sí mismos. Narciso era conservador con respecto a ellos.

Y ya que estamos con abundancia de citas, las siguientes de A. J. Schumpeter, el célebre economista, tiene su aplicación a este curioso caso:

«La primer cosa que un hombre hará por su ideal es mentir». goodreads.com

Esto es una llamada de precaución para el ciudadano. Un aviso de cautela ante cualquiera que sea el candidato que se elogie a sí mismo (porque eso son las campañas, una serie interminable de panegíricos dirigidos a uno mismo, es decir, una soberbia colosal).

Lo que nos lleva a una faceta llamativa. ¿Cómo es posible que personas razonables en su vida diaria sucumban a las palabras de un soberbio endiosado? Otra cita del economista lo explica:

«El ciudadano típico desciende a un nivel inferior de desempeño mental tan pronto como entra en el campo de la política. Discute y analiza de una manera que él mismo reconocería como infantil dentro de la esfera de sus propios intereses. Se vuelve de nuevo primitivo».azquotes.com

En fin, que tenemos el llamativo caso de un candidato con buen nivel de popularidad que nos ama y quiere nuestro bien, y que cree ser parecido a Jesucristo.

Efectivamente, ¡solo eso nos faltaba!

La columna a la que me refiero es de Sergio Sarmiento «La bella paradoja», Grupo Reforma, 12 diciembre 2017.

Sobre los nombres de sus dos hijos, dice el candidato:

«Se llama Jesús por Jesús Cristo y Ernesto por Ernesto Che Guevara».

Un amigo comenta sobre esto que es curioso que cuando un candidato de izquierda dice tener creencias cristianas nadie protesta, pero que si eso mismo diría un candidato de derecha, entonces habría una cascada de protestas por mezclar a la religión con la política.

AMLO como oportunidad

9 mayo, 2018

Lo que sigue muestra un resumen de una conversación con un partidario de A. M. López Obrador.

—Apoyo a AMLO porque creo que es la oportunidad que debe dársele a un nuevo partido que aún no ha gobernado. Los que han gobernado han fracasado y el nuevo partido debe recibir una oportunidad —afirmó la persona.

—¿Quiere usted, por favor, explicarse un poco más? —pregunté.

—Hablo del fracaso al gobernar del PAN, del PRI, del PRD y de la necesidad de dar la oportunidad de gobernar a otro partido que no ha gobernado aún.

—Pero, le pregunto. ¿No han gobernado ya todos los miembros del partido de AMLO? Casi todos han tenido puestos políticos y han pertenecido a esos otros partidos fracasados según los llama usted. No son gente totalmente nueva a la que se dé una oportunidad —comenté.

—Bueno, pues sí, pero ahora están bajo otra bandera a la que se le debe dar una oportunidad de gobierno ante el fracaso de los otros partidos. Los otros han fallado y la nueva oportunidad debe ser de otros.

—¿Cómo justifica usted que debe recibir una oportunidad? ¿Tienen mejores ideas, mejores planes? ¿Cuáles son? —pregunté.

—Mire usted, los gobiernos pasados, todos ellos, han fallado en todo y tienen la país al punto del caos absoluto. Por tanto, otro partido debe recibir la oportunidad de gobernar y hacer algo. Eso es lo que me hace preferir a AMLO.

—Pero, le pregunto, cómo sabe usted que AMLO es mejor que los otros partidos y sus candidatos. Podría serlo, pero demuéstreme que merece una oportunidad porque tiene un plan mejor —comenté.

—Creo que no me entiende. Si los otros han fracasado, la oportunidad debe ser dada a quien no ha gobernado aún y ese es el partido de AMLO. Démosle la oportunidad de gobernar porque los otros ya la han tenido y han fracasado.

—Voy a hacerle dos preguntas, si me lo permite y respóndame con un ‘sí’ o un ‘no’. La primera, ¿no han gobernado ya con otros partidos la gente del partido de AMLO? —dije.

—Bueno, pues mire usted, lo que hay que ver es que la oportunidad que deben recibir…

—Solo un ‘sí’ o un ‘no’, por favor insistí. Y la otra pregunta, ¿conoce usted lo suficiente el plan de gobierno de AMLO como para saber que es un mejor plan que el de los otros? —volví a insistir.

—Los momentos históricos y las condiciones del país son de una condición que indican que la oportunidad de gobierno debe ser dada a quien no ha gobernado aún ya que así habrá una renovación política que…

—Perdón que le interrumpa. No le solicité un discurso. Solamente respóndame con dos monosílabos si no han gobernado ya con otros partidos la gente del partido de AMLO, incluyéndolo a él mismo; y si conoce usted las acciones de su plan de gobierno —eso es todo.

—Creo que el país entero está en búsqueda de lo nuevo, de la nueva oportunidad de gobierno que representará un cambio de gobierno. Eso es lo que le digo y por eso prefiero a AMLO que a los otros que ya han gobernado —me dijo dando por terminada la conversación.

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Lo que traté de exponer con lo anterior fue un punto doble de la narrativa usual que he escuchado en boca de partidarios de ese candidato:

1. Dicen que debe recibir la oportunidad de gobernar quien no lo ha hecho —pero mi punto es que en realidad ya lo han hecho y lo han hecho como miembros de esos partidos a los que acusan de fracasar.

2. Dicen que debe recibir la oportunidad de gobernar una opción diferente a las anteriores —pero, aún suponiendo que no hayan gobernado antes, no ofrecen garantía de que la suya sea una opción mejor (y, peor aún, hay indicios fuertes de que no lo es).

Candidatos  examinados

4 junio, 2018

Las inclinaciones políticas de su candidato preferido. ¿Cómo saber si el candidato que usted ha seleccionado es compatible con los valores políticos?

Lo que intento hacer es una breve prueba que usted puede aplicar a aquel candidato por el que piensa votar. Verificará con eso si se trata de un candidato que respeta los valores políticos fundamentales. Y quizá cambie de opinión, o tal vez la confirme.

Esos valores que debe examinar son los siguientes:

1. La libertad, su respeto a ella. A más libertad exaltada por el candidato, mejor.

2. El poder, su ambición de estar en el poder. Cuanta menos hambre de poder muestre, mejor.

3. La división de poderes, el republicanismo. Cuanto más menciones haga de ella, mejor.

4. El respeto a las instituciones, el imperio de la ley. Cuanto más hable de esto, mejor.

5. La manifestación democrática de todos frente a la movilización social del pueblo. Cuanto más hable de la voluntad del pueblo y de su movilización, peor será.

6. El poder gubernamental concentrado. Cuanto más hable de un gobierno poderoso que es la solución universal de todo problema, peor será.

Hay otros valores pero con esos basta. Ahora tome usted a cada candidato y véalos a la luz de eso valores. Hágalo honestamente y procure no engañarse a sí mismo (lo que suele tener una alta probabilidad). Y saque sus propias conclusiones.

En un libro reciente uno de los candidatos es examinado con, más o menos, esos valores:

«No es liberal porque su tema es el poder, no la limitación del poder. La libertad no aparece nunca en su horizonte político y moral. No es republicano porque ha hablado con desdén de la división de poderes y aun de las instituciones públicas autónomas, que en su conjunto limitan el poder personal, discrecional y arbitrario». Krauze, Enrique. El pueblo soy yo (Spanish Edition) (Kindle Locations 2895-2898). Penguin Random House Grupo Editorial México. Kindle Edition.

El examen de ese candidato se completa con esto acerca del mismo candidato:

«Y finalmente, López Obrador no es demócrata porque tiene un concepto revolucionario —en el sentido rousseauniano— del pueblo, como una Voluntad general que privilegia las movilizaciones masivas sobre la modesta, secreta y silenciosa acción de votar». Krauze, Enrique. Ibídem (Kindle Locations 2899-2900).

Ya hice el mío, desde hace tiempo, y ello me ha ayudado a descartar a dos en las elecciones mexicanas de 2018. Me quedan dos y seleccionaré no al mejor, sino al menos malo entre ellos.

Le gustará hacer ese ejercicio si es que es honesto con usted mismo.

Y una cosa más…

Añado una nota acerca de un rasgo que me desespera del López Obrador, adicional al de un plan de gobierno irrealizable: su incapacidad para responder a críticas razonables a las que ignora ofreciendo otra información que solo él tiene y adicionado un alegato de ser el único moralmente puro.

Ya vimos antes eso mismo

14 noviembre, 2018

Tiene un nombre elegante, déjà vu en francés. Traducido, «ya visto antes».

Un tipo de sensación que nos hace sentir que ya hemos pasado antes por una situación, que ya hemos estado antes en un lugar, que ya hemos vivido antes una experiencia.

Supongo que muchos, en México, estén pasado por esa sensación de déjà vu. 

Quienes vivimos en este país la presidencia de Luis Echeverría Álvarez a partir de diciembre de 1970 y a continuación la presidencia de José López Portillo, desde diciembre de 1976, tenemos motivos para sentir que ya hemos visto antes lo que aquí está sucediendo.

Hay algo en el nuevo gobierno mexicano que llegará al poder, oficialmente en diciembre de 2018, que produce esa sensación: intervencionismo creciente, concentración de poder en el presidente, desprecio por las instituciones, activismo presidencial, aislamiento de la realidad, nacionalismo, iniciativas económicas presidenciales improvisadas, políticas económicas descabelladas…

No digo nada original. En diciembre de 2017, J. Fernández Menéndez apuntó la similitud entre los programas de gobierno de esos dos presidentes anteriores y el del nuevo gobierno electo. «Y tendrán los mismos resultados», concluyó.

A principios de este año, S. Negrete Cárdenas señaló varias similitudes entre Echeverría y López Obrador, entre ellas esta, quizá el más importante de los parecidos de López Obrador con el pasado:

«Hay otra peculiar similitud entre Echeverría y López Obrador: la obsesión por la actividad presidencial. El-Señor-Presidente-de-la-República es un individuo incansable, imparable. Su presencia provoca, activa, dinamiza. Viaja infatigable por todo el país. Ya López Obrador ha declarado que su gobierno sería itinerante. Para demostrar su interés en atacar el problema de la inseguridad, ha dicho que tendrá juntas todos los días por la mañana para analizar la situación con el Gabinete respectivo». altonivel.com.mx

Un déjà vu no es inquietante por sí mismo, incluso podría producir una sensación agradable. Lo que causa desasosiego en este caso es que conocemos el desenlace de la historia de esos dos presidentes anteriores. Ambos terminaron sus gobiernos en medio de una crisis económica severa, muy severa.

No es, por tanto, una reacción injustificada el estar en un estado de inquietud y desazón. Sabemos que el futuro no es predecible, pero también sabemos que el hacer las mismas cosas produce los mismos resultados. ¿Podrá cambiar algo y evitar que se termine en una crisis?¿Habrá cambiado el nuevo presidente?

Otros tratamientos del mismo tema y que pueden ser de interés:

  1. Las razones por las que comparan a AMLO con Echeverría y López Portillo.
  2. ‘Los López’: ‘Jolopo’ y AMLO; censura y odio
  3. AMLO defiende la “economía del pasado”.

En fin, las sensaciones de turbación que acompañan a cada nuevo período presidencial en México, son es este caso mucho más intensas que las de los últimos gobiernos.

Y una cosa más…

Según un decreto mexicano, el período presidencial que inicia el 1 de diciembre de 2018 termina el 30 de septiembre de 2024. Este cambio, se ha dicho, hará que López Obrador gobierne dos meses menos que el resto de los presidentes; solamente 5 años y 10 meses. Creo que esto es inexacto.

El gobierno del nuevo presidente inició, si bien informalmente, en julio de 2018 con decisiones de diversos tipos, por lo que su período real de gobierno será realmente de 6 años y 3 meses. Mínimo.