Apple, apps y apás

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Es otro llamado a la responsabilidad social. Esa expresión tan vaga que carece de significado.

Pero, aún así, es un caso curioso. La «responsabilidad social» es exigida a una empresa gigante, Apple.

Y se refiere a la obligación que la empresa debe temer para «responder a lo que algunos ven como una creciente crisis de salud pública de adicción al teléfono entre jovencitos».

Más concretamente, la administración de Apple ha recibido una carta de un inversionista activista que le exhorta a

«desarrollar nuevas herramientas de software que ayudarían a los padres de familia a controlar y limitar el uso del teléfono más fácilmente y estudiar el impacto en la salud mental del uso excesivo».

El tema no es nuevo. Desde hace tiempo se ha hablado del problema del uso excesivo de los teléfonos inteligentes y posibles consecuencias en problemas de depresión y suicidios incluso. También, cosas como la sustitución del contacto personal con el contacto en línea.

Se habla de soluciones como apps para limitar el acceso al teléfono de los jovencitos, de edad recomendada para usarlo por primera vez y cosas por el estilo.

Muy bien hasta aquí. Aunque con evidencia anecdótica nada más, mi experiencia confirma esa obsesión telefónica. Incluso, muchos de mis amigos que distan de ser jóvenes, muestran signos de adicción a WhatsApp, por ejemplo.

Continuamente veo a personas conduciendo y que al mismo tiempo textean. Por no mencionar a quienes ni en el cine pueden abandonar el uso de su teléfono.

Regresemos al tema central, la posible adicción telefónica de jovencitos. Personas que están en formación y que han descubierto un nuevo y fantástico juguete con el que se obsesionan. Y por lo que sufren, según se dice, consecuencias negativas.

El problema, presupongamos que es real, ha provocado una idea de una solución: exigir responsabilidad social a Apple (imagino que lo mismo se hará con Samsung y el resto).

Es decir, la solución al problema se asigna al productor del bien que es su causa visible. Es un pensamiento lineal y un tanto primitivo. Algo que llevaría a, por ejemplo, pedir responsabilidad social a fabricantes de cubiertos de mesa para que no se usen como armas por parte de gente obsesionada con hacerlo.

O, también, pedir a los fabricantes de ropa que sean socialmente responsables y busquen evitar el problema de las personas obsesionadas con estar a la moda y que se deprimen cuando no lo están.

Pero el punto es algo que falta. Un elemento que ha sido ignorado. Tiene usted a Apple y tiene usted a las apps que se piden para evitar la obsesión. Lo que falta es el otro aspecto, el de los «apás», como se llama a veces a los padres en el norte de México.

Apple, apps y apás. ¿No recaería esa responsabilidad primariamente en los padres de los jovencitos? No tengo duda de que sí. Y no es que los demás no intervengan, pero lo que molesta es el olvido de esa responsabilidad familiar.

Visto más ampliamente es necesario recordar el papel olvidado de las familias:

«El matrimonio no es para respaldar un vínculo sexual entre adultos. Es para crear las condiciones mediante las que los niños puedan entrar en el mundo con plena protección y con buenas posibilidades de ser amados». Roger Scruton

Cuando el matrimonio se concentra en la legitimación de relaciones sexuales variadas se olvidará que en realidad es esa otra cosa, la de proteger a los niños durante su largo período de crecimiento. Y parte de eso es precisamente el evitar distorsiones como la obsesión telefónica.

Me refiero a un fenómeno de nuestros días, el desprecio de las obligaciones de los padres. El desdén con el que se trata al papel de la madre de familia es un ejemplo claro de esta mentalidad. No creo que exista una responsabilidad mayor que la de ella y, a pesar de eso, se le menosprecia.

Si algún padre de familia piensa que el remedio a los problemas de sus hijos están en el traslado de esa responsabilidad a Apple, como en este caso, eso es que hay algo que no funciona en su cabeza. Otros le podrán ayudar, pero son ellos quienes tienen la responsabilidad primaria.

Post Scriptum

Las citas son de «Presionan a Apple sobre adicción infantil al iPhone», David Benoit, El Norte (WSJ), 9 enero 2018.

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