Número de medios de comunicación y cantidad de contenidos de esos medios. Dos cosas que han aumentado notablemente.

La adición de Internet y sus derivados en redes sociales han producido un incremento notable en medios y contenidos. El número de sitios web es de más de 1,900 millones, de los que están activos menos de 200 millones.

Otras cifras son impresionantes. Por no mencionar la información de Facebook. Diariamente se envían 500 millones de tuits.

Un aumento notable de medios de comunicación. Ellos tienen que ser llenados con algo, con contenidos, los que por necesidad también han crecido. Esto se entiende con facilidad y, lo más importante, impresiona y abruma.

«Cuando se fundó Google en septiembre de 1998, atendía diez mil consultas de búsqueda por día (para fines de 2006, esa misma cantidad se atendería en un solo segundo). En septiembre de 1999, un año después de su lanzamiento, Google ya respondía 3,5 millones de consultas de búsqueda diaria» internetlivestats.com

Insisto, esas cifras impresionan y convierten a lo cuantificable en criterio único de evaluación. Una nuestra de eso es la expresión de asombro «¡se volvió viral!» Y ya, con eso se ha medido el éxito del contenido.

La verdad es que se ha olvidado algo importante, muy importante, la calidad del contenido. Un ejemplo reciente, el video de R. de Niro en los Tony Awards insultando a D. Trump; no precisamente un modelo de clase y buenas maneras, pero no importa porque fue viral y todos hablaban de él.

Hay, acerca de todo eso, algo más que los números:

«Pero a medida que la cantidad de comunicación aumenta, también disminuye su calidad; y el signo más importante de esto es que ya no es aceptable decirlo». Scruton, Roger. An Intelligent Person’s Guide to Philosophy (p. 12). Penguin Publishing Group. Mi traducción.

Fascinante idea: la calidad de la comunicación es inversamente proporcional a su cantidad; a más cantidad de comunicación, menor calidad tendrá. No se tome esto sin cierta flexibilidad, pero aún así, resulta razonable pensar en esa relación inversa.

La parte más notable de la cita no es esa, sino la que afirma que la demostración de que la calidad de la comunicación disminuye con la gran cantidad de medios, es «que ya no es aceptable decirlo».

Esto es lo serio del tema y algo que vale una segunda opinión: la imposición como norma deseable de calidad a contenidos que son de baja calidad. Quien sea que se atreva a criticar la norma de la popularidad es convertido en un elitista. Dice el mismo Scruton:

«[…] defender las distinciones de valor, entre lo virtuoso y lo vicioso, lo bello y lo feo, lo sagrado y lo profano, lo verdadero y lo falso, es ofender al único juicio de valor que es ampliamente aceptado, el juicio de que los juicios son incorrectos». Ibídem.

En breve, el fenómeno es preocupante: el aumento notable de la cantidad de comunicación ha puesto de lado a la calidad de esa información y reducido el estándar de calidad. Por tanto, se concluye, intentar mejorar esa calidad es algo indeseable.

Y una cosa más…

Volviendo al insulto de de Niro a Trump, eso es el tipo de cosas que me hacen recordar que si se quiere insultar a alguien, existen mejores formas.

  • Nancy Astor: “Señor Churchill, si usted fuera mi esposo, le pondría veneno a su té”. Winston Churchill: “Señora Astor, si yo fuera su esposo, con gusto lo bebería”.

  • O la ingeniosa frase de Mae West: «Su mamá debería haberlo arrojado al cesto de la basura y haberse quedado con la cigüeña».

  • Recuerdo otra: «Estoy de acuerdo con lo que has dicho, pero entonces tenemos un problema. Ambos estamos equivocados».

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