Candidato deslumbrante

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Es una necesidad del político el permanecer en el poder todo el tiempo posible. Especialmente para aquellos que han desarrollado la idea propia de un proyecto de nación ideal.

Comienzan ellos con el primer paso obligado de crear una crisis nacional. O, mejor dicho, más que realmente crearla, producir la percepción de una crisis profunda. Aunque no sea ella realidad, es importante hacer que los futuros votantes sientan que están pasando por un crac nacional fuerte y que necesita medidas de emergencia.

El discurso electoral de estos políticos repite hasta la saciedad la afirmación de las terribles vicisitudes del país, hasta que esta reiteración se convierta en una creencia aceptada por el mayor número posible.

La percepción de la crisis es la oportunidad que los justifica. Son ellos quienes tienen los remedios. Solo ellos conocen lo suficiente como para salvar al país de ese aprieto crítico. Este es su punto central de venta electoral a partir del que construyen una plataforma de propuestas que son la solución.

El conjunto de propuestas es el proyecto de país y su eje es siempre la intervención gubernamental. No hay problema que no pueda solucionarse con leyes, decretos, mandatos, organismos estatales, comités, y cualquier otra medida por la que el gobierno intervenga dirigiendo la conducta de las personas y quitándoles libertades.

La percepción de la crisis, con el político colocado como salvador gracias a sus propuestas, tiene un efecto neto que en su clímax produce un mundo virtual en el que las propuestas funcionan inmejorablemente. Por supuesto, la diferencia entre el mundo virtual de su gobierno y el mundo real le lleva a fracasos notables, pero eso vendrá después.

Sus propuestas implantadas, al cabo del tiempo, no dan los resultados esperados. Su creación de dinero no ha producido aumento de demanda sino inflación, quizá; o su aumento de salarios no ha producido consumo sino desempleo mayor.

Su gobierno entra en un ciclo de confrontación entre la realidad y la ficción creada. Los problemas no se reconocen y, por esto, no son corregidos. Peor aún, los problemas nuevos son vistos como obra de enemigos del político y, propone él, la intensificación de sus propuestas. Más de lo mismo que produjo problemas.

¿Malo para el gobernante? No del todo. Los nuevos problemas, seguramente una crisis real mayor a la percibida antes, es una oportunidad para, de nuevo, colocarse él en el papel del salvador del país. Ese héroe que se necesita en los momentos de peligro nacional. Y así el Cincinato potencial se eterniza.

La crisis percibida que le sirvió para llegar al poder por la vía de elecciones democráticas da paso a los inicios de la crisis real, manteniendo la necesidad de sostener al salvador nacional en el poder sin límites visibles y, peor aún, con poderes adicionales a los republicanos. Podrá dominar al poder judicial y al legislativo.

Imagine usted un escenario distinto en el que el país, con ese gobierno, alcanzara gran prosperidad y bienestar. Aunque muy poco probable, esta posibilidad sería contraria a la ambición del político de permanecer el el poder. Él gobernante autoritario y mesiánico es necesario en momentos de crisis, no en tiempos de bonanza.

Lo anterior presenta un esquema general de la estructura y etapas del arribo al poder de un gobierno, por la vía democrática, que no deja el poder en las siguientes elecciones gracias a la situación de emergencia nacional producida por sus decisiones.

El esquema muestra solamente una parte de los sucesos, la que corresponde al gobernante y el círculo de allegados que se le han unido, ya sea por ambición de poder o afinidad ideológica. Hay otra parte vital para este esquema.

La parte de los compañeros de viaje. Ese gran número de personas que no son ni allegados, ni cercanos, pero son una especie de acólitos lejanos y que tienen la conducta propia del fan deportivo o de algún artista. Incondicionales absolutos, fans políticos.

El tipo de fan que se comporta irresponsablemente en turba y reclama al árbitro un penalti obvio marcado en su contra. El fan de la celebridad que murió por excesos de drogas, pero que aún así es visto como un ejemplo digno de admirar. El acólito político que nada piensa y todo le perdona.

El ciudadano que ha sido deslumbrado por el salvador nacional y la utopía que propone, el que defiende a toda costa cualquier decisión suya a pesar de ser mala y equivocada. Es decir, se necesita que una proporción importante de la ciudadanía haya sido embrujada y embaucada por el líder.

Lo que he querido hacer es presentar un esquema posible en las elecciones democráticas de cualquier país, cuando al menos un candidato se haya convertido en el salvador percibido de la nación y partes numerosas de la ciudadanía estén dispuestas a aceptar que lo mejor que puede sucederles a todos es tener a ese salvador en el gobierno.

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