Cinco candidatos a la presidencia mexicana debatieron hace unos días. Lo curioso del debate no fue realmente el quién ganó, ni el quién perdió, sino algo más de fondo y que ha pasado desapercibido.

Un común denominador muy fuerte entre ellos fue el papel del gobierno en la vida de las personas.

Zavala habló de que ella nos cuidará a cada uno. López Obrador, con más intensidad, lo mismo, igual que Meade con su gobierno metido en nuestras casas y Anaya también inclinado a ese lado. El otro candidato realmente no cuenta.

¿Son tan diferentes ellos? Obviamente lo son, en monto suficiente como para tener preferencias de voto. Pero llama la atención que exista ese común denominador de un gobierno paternalista, que nos cuidará desde el nacer hasta el morir, como lo ha expresado López Obrador.

Esto es triste, nacionalmente triste, porque es el mismo modo de pensar que nos ha colocado en el lugar que estamos: (1) los ciudadanos somos niños idiotas que necesitan estar bajo la supervisión de otro y (2) ese otro es el gobierno que nos cuidará diciéndonos qué hacer y qué no hacer, y si lo obedecemos, nos regalará juguetitos como premios.

Un panorama triste y desconsolador que en cada candidato es una variación sobre el mismo tema del Estado-Nana, bondadoso, que en sus ciudadanos no ve a nada más que a un pueblo que necesita su custodia y cuidado. Una punta de idiotas que necesitan la tutela de los sabios y benévolos gobernantes a quienes solo les interesa ayudar a ese pueblo que estaría perdido sin ellos.

Siendo un amante de las libertades, de habría dado mucho gusto escuchar a un candidato que más o menos dijera lo siguiente:

«No prometo nada que no sea un gobierno que respeta y fomenta a la libertad económica, política y social. Si quieren subsidios no los busquen en mi gobierno, si necesitan precios fijos no se los daré, si necesitan ayuda mi gobierno será la última instancia y no la primera. Decidan entre ustedes sueldos y salarios, inviertan en lo que quieran, incluso en petróleo. Si quieren importar, háganlo, igual que exportar. Si quieren refinerías háganlas ustedes. Yo solo prometo tener policía eficiente y tribunales confiables, división de poder, impuestos bajos y estado de derecho. No me busquen para lograr privilegios, ni favores, ni concesiones. No los cuidaré como niñera, ustedes ya son mayorcitos y pueden soportar las consecuencias de sus acciones».

Algo como eso me hubiera gustado escuchar, pero en cambio dijeron lo opuesto promoviendo ese gobierno que es en teoría benévolo pero en la práctica malévolo; que cuidando como niños a adultos los convierte en máquinas pedigüeñas de favores y privilegios; que prometiéndonos cuidar desde que nacer hasta morir no nos deja madurar.

En fin, una decepción mayúscula ese debate y aún mayor porque implícitamente se aceptó esa premisa del monstruo estatal que todo lo pide a cambio de baratijas que promete.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que intentan explicar la realidad económica, política y cultural. Defiende la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.