Capacidad estatal destructora 

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¿Qué es lo que más temor puede causar en un gobierno?

Una respuesta razonable es la siguiente: un gobernante con poder concentrado en sí mismo y que ejerce el control sobre todo lo que hace su gobierno, especialmente cuando ese gobernante vive en un mundo propio aislado de la realidad.

Tenemos evidencias tangibles de lo que eso puede ocasionar. Bastaría ver los gobiernos de Hitler, Mao, Pol Pot y Stalin. Sobre este último, este ejemplo de cifras:

«Entre 1930 y 1952, alrededor de 20 millones de personas fueron sentenciadas a prisión en campos de trabajo, colonias penales o prisiones. Durante ese mismo período, no menos de 6 millones, principalmente “kulaks” y miembros de “pueblos reprimidos”, fueron sometidos a “exilio administrativo”: reasentamiento forzoso en un área remota de la URSS. En promedio, durante más de veinte años del gobierno de Stalin, cada año 1 millón de personas fueron fusiladas, encarceladas o deportadas a áreas apenas habitables de la Unión Soviética». Khlevniuk, Oleg V. Stalin: a new biography of a dictator (p.28). Yale University Press. Versión Kindle.Mi traducción.

Lo asombroso de las cifras de este ejemplo, y de otros que pueden mostrarse, hace que pasen desapercibidos los detalles de una explicación razonable del riesgo de llegar a esos excesos (800,000 personas fusiladas en 22 años, unas 100 por día).

El llegar a ese extremo hace posible revelar un principio de política: la capacidad gubernamental para crear prosperidad tiene límites, pero la capacidad gubernamental para producir calamidad no tiene límites.

Tome usted el notable crecimiento económico reportado por el BM en China, entre 14  y 7% del PIB en los últimos 25 años. Cifras altas, realmente altas y que dejan ver un límite alto, pero límite al fin, del efecto de políticas económicas.

Y compare esos datos con los de Venezuela, según el BM, decrecimientos entre el 9% y el 3% durante ese mismo período. Cifras que deben interpretarse relativamente: pudiendo haber crecido al 10% digamos, en 2002, decreció casi nueve, es decir, 19% de caída real. Por no mencionar la inflación.

Mi punto es uno solo, apuntar que la capacidad gubernamental para crear prosperidad tiene límites, pero la capacidad gubernamental para producir calamidad no tiene límites y que esto último sucede cuando un gobernante concentra poder desmedido en él mismo y lo ejerce desde el mundo virtual en el que vive.

Y una cosa más…

La noción de que algunos gobernantes con ambición de poder crean realidades virtuales propias es una que debe tomarse con la mayor seriedad. Realmente sucede.

Para darse cuenta de esa capacidad destructiva del régimen soviético cito de la misma fuente:

«[…] además de los 26 millones que fueron fusilados, encarcelados o sometidos al exilio interno, decenas de millones fueron forzados a trabajar en proyectos difíciles y peligrosos, arrestados, sometidos a largos encarcelamientos sin cargos, despedidos de sus trabajos y expulsados de sus empleos y de sus hogares por ser familiares de “enemigos del pueblo”. En general, la dictadura estalinista sometió al menos a 60 millones de personas a una especie de represión y discriminación “dura” o “suave”. A esta cifra debemos agregar a las víctimas de hambrunas periódicas o de hambre, que solo durante 1932-1933 se cobraron la vida de entre 5 y 7 millones de personas». Ibídem p. 28

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