Las características y elementos de una vida realizada, más allá de las cosas acostumbradas, yendo a asuntos de mayor profundidad e importancia. Especialmente el sentido de lo sagrado y la posibilidad de responder a ¿por que?

Introducción

¿Qué es una vida realizada? La pregunta ha sido contestada de diversas maneras. Por ejemplo:

«Una persona realizada no es aquella que posee un estatus social, laboral y económico envidiables, sino aquella que se siente complacida con lo que hace, que tiene ambiciones positivas que le incitan a seguir superándose, pero sin angustias comparativas entre lo que ha conseguido y lo que le queda por lograr». proyectopv.org

O, en otro caso, la respuesta es una lista de características de una vida realizada, como:

«[…] una imagen objetiva y clara de la realidad […] espontáneos y cuentan con buenas estrategias de resolución de problemas […] trasmiten sensación de frescura y son a veces hasta infantiles […] perfiles con alto grado de creatividad […]». lamenteesmaravillosa.com

O bien, esta otra definición de realización personal:

«Una persona que se siente realizada encuentra un sentido profundo a su día a día, valora el aprendizaje que ha adquirido a lo largo de la vida. Para experimentar este sentimiento de realización personal conviene encontrar el equilibrio entre vida personal y vida profesional porque ambos espacios son dos pilares muy importantes». definicionabc.com

Características de una vida realizada

Lo que sigue es un intento de buscar más profundidad es la respuesta a qué es una vida realizada y qué características tiene. Es la insatisfacción con respuestas como las anteriores, que no son malas, lo que me mueve a ir más al interior de una vida realizada.

Una vida examinada

Sabemos lo que es la felicidad porque conocemos lo que es el sufrimiento. Es por tener sed que sabemos de la satisfacción de beber (parafraseando a M. de Montaigne).

Hay algo en nuestros tiempos que limita nuestra capacidad de sentir felicidad y es ese terrible rechazo a aceptar el sufrimiento, a sentir culpa, a percibir arrepentimiento. Una negación del sentido de la vida y su dignidad.

Entendamos ese viejo concepto de Sócrates, de que una vida que no se cuestiona, que no se examina, es una vida que no merece ser vivida. Y eso es precisamente lo que se obtiene en nuestros tiempos cuando la posibilidad tecnológica se convierte en el criterio máximo de bienestar y el razonamiento tiene el sucedáneo de los clisés y eslóganes.

Se trata de, al final de cuentas, hacer filosofía y eso equivale a ponerse a pensar sobre las cosas más importantes de la vida.

Y es que sin examinar la vida propia, dejamos que otros lo hagan sustituyéndonos. Si abandonamos el cuestionarnos a nosotros y a nuestra vida, terminamos por creer que el sufrimiento, el sentir culpa y el percibir arrepentimiento son cosas a evitar a toda costa, siendo así presa fácil de quien sea que nos prometa cuidarnos de los problemas de la vida desde la cuna hasta el féretro.

Aceptación del sufrimiento

Una buena parte de las características de una vida realizada en aceptar que en la medida en la que no examinemos nuestra vida dejaremos de entender a la felicidad. ¿Por qué?

Porque el examen de la vida propia lleva a la aceptación de eso que es rechazado en nuestros días: el sufrimiento, el sentido de culpa y el arrepentimiento.

Y sin eso que es rechazado, mucho me temo, no es posible hacer filosofía sobre nuestra vida y hace imposible a la felicidad.

El sentido del futuro

Perder la noción del mañana. Abandonar la expectativa del futuro. Creer que todo se reduce al hoy, al presente corto. Seguramente eso es un rasgo de nuestros tiempos. Puede verse en escasos hábitos de ahorro y en abundantes conductas de consumo inmediato. La reducción de la natalidad es una evidencia.

«Hay una extraña falta de voluntad para el futuro. Los niños, que son el futuro, son vistos como una amenaza para el presente; Se cree que le quitan algo de nuestra vida». Ratzinger, Joseph Cardinal. Europe Today And Tomorrow (p. 24). Ignatius Press. San Francisco California, 2007, Mi traducción.

Es como la mentalidad malthusiana y predicciones al estilo del libro La bomba poblacional, que pronosticó para el siglo 20: «La batalla para alimentar a toda la humanidad ha terminado. En los años 70 y 80 cientos de millones de personas morirán de hambre […]».

Creer que el fin del mundo está cerca es un incentivo a cambiar la conducta a, tal vez, gozar de inmediato todo lo posible sin atender a las consecuencias posteriores.

Pero vivir en medio de predicciones apocalípticas frecuentes no explica totalmente el énfasis en el corto plazo. Existe otro elemento que colabora a la pérdida del sentido del futuro.

Abandonar la noción del mañana lejano se debe en buena parte a la pérdida del sentido de lo sagrado y divino. La expectativa de una vida después de esta vida alimenta el sentido del largo plazo conectado esfuerzos y sacrificios presentes con recompensas futuras de plazo largo.

Al perderse esa conexión entre lo sagrado y el presente, lo único que queda es el hoy material que solo tiene un significado en lo inmediato y más inmediato aún si el fin está cerca. Si solo existe lo material y el Apocalipsis está a la vuelta de la esquina, lo único que tiene sentido es el placer ahora mismo.

En esa situación se obtienen conclusiones obvias; por ejemplo, no es conveniente tener hijos, o bien deshacerse de ellos si alteran el proyecto de vida que se tiene.

«Una mente que es vulnerable a la gratificación a corto plazo sacrifica la alegría a largo plazo y está en riesgo de caer en una adicción». Guía de Mayo Clinic para vivir libre de estrés.

Una vida realizada, por el contrario, tiene entre sus características un fuerte y sólido sentido del futuro que le permite conectar las acciones presentes con las consecuencias del futuro.

Humanismo con cautela

Otra característica de la vida realizada es la prudencia, esa cautela que tanto sirve cuando se piensa en el ‘humanismo’. Significa él desde sentimientos caritativos hasta un tipo de educación, pasando por diferentes definiciones históricas.

Una de sus definiciones coloca al humanismo como

«[…] una doctrina antropocéntrica, donde el hombre es la medida de todas las cosas. La organización social, por lo tanto, debe desarrollarse a partir del bienestar humano. Esta corriente se opone al teocentrismo medieval, donde Dios era el centro de la vida». definición.de

Este es un significado interesante de examinar. Es el de un humanismo secular,

«Para los humanistas seculares, estas áreas no son vistas como el fundamento de la moralidad y de la toma de decisiones. Por el contrario, un humanista secular se basa en la razón, la ciencia, la experiencia personal y el aprendizaje a través de los relatos históricos, que se constituyen como los soportes éticos y morales dan sentido a la vida». signficados.com

Entonces, hay algo en el significado de ‘humanismo’ que una vida realizada debe entender. Es la combinación de dos connotaciones simultáneas: (1) la de un sentimiento positivo de valoración humana, asociada con virtudes de caridad y ayuda mutua; y (2) la de la comprensión del ser humano como independiente y aislado, sin dimensión religiosa.

En breve, este segundo elemento es el que mezcla esas dos connotaciones creando la idea de que es positivo, en el sentido de caritativo, retirar de la persona toda doctrina religiosa. Una persona sin Dios, en otras palabras, es una mejor persona. Quitar a Dios de la vida de las personas, se concluye, es un acto compasivo.

Esa es, más o menos, la idea que se tiene. Es la mentalidad que concluye que la liberación religiosa es parte de la vida realizada. Hay una opinión que afirma lo opuesto,

«[El Humanismo] es demasiado inhumano —coloca un peso demasiado grande en la pobre naturaleza humana». Sheen, F. J. Old Errors and New Labels.

La idea tiene sentido. La idea de un fardo demasiado pesado; una obligación imposible. Sin religión, la persona se ve frente a la tarea de sustituir todo el sistema moral religioso con un sistema creado por ella; incluso hasta crear fiestas, ceremonias y celebraciones que sustituyan a lo religioso.

¿Puede hacerse?

Sí, en el sentido de haberse intentado, aunque no ha sido exitoso. La carga es demasiado pesada y, al final de cuentas, no se trata sino de la sustitución de una religión por otra, la Divina con la humana.

Puede, entonces, ya verse el problema en dos situaciones muy diferentes:

— Primera situación: la vida realizada necesita la ayuda de la religión, la de Dios, para guiar nuestra moral, para distinguir lo bueno de lo malo, con nociones acerca de nuestra naturaleza, el sentido de la vida y nuestro destino final.

— Segunda situación: las personas deben por sí mismas responder preguntas y dudas acerca de la moral, la distinción entre lo bueno y lo malo; contestar cuál en su naturaleza, qué sentido tiene vivir y cuál es el destino último de la existencia.

En la primera situación, se cuenta con la ayuda de Dios, pero no en la segunda, en la que todo eso es la pesada carga que se coloca en la persona. Y, además, solucionar esas preguntas sin ayuda externa, sin fe, sin espiritualidad, sin gracia. Esto es lo que hace ver al ‘humanismo’ como inhumano.

Un mundo aplanado sin trascendencia

La vida realizada necesita fondo, profundidad, dimensión, como una de sus características. La falta de hondura la impide. Como una hoja de papel, con solo dos dimensiones, un rasgo de nuestros tiempos, es la superficialidad de la vida.

Tome usted sucesos que realmente marcan a la vida. Son unos pocos, quizá solo tres: nacimiento, matrimonio, muerte. En nuestros tiempos, ellos han sido aplanados hasta significar muy poco.

Matrimonio aplanado

Tome usted al matrimonio convertido en poco más que el acuerdo mutuo de una mudanza de muebles de un sitio a otro.

Matrimonio reconstruido como algo plano, sin volumen: informal, fácil de disolver, sin ceremonia, sin expresión de compromiso, con quien sea.

Es algo un poco más serio que decidir con quién pasar una noche o dos. La pérdida es sustancial. No hay celebración, no hay promesas públicas, no hay ceremonia. Ni siquiera a veces hay registro civil.

Nacimiento aplanado

El nacimiento ha sido vaciado de su volumen de significación. Tan aplanado está que es legalmente permitido matar a los no nacidos. Buena muestra de un mundo plano y sin dimensión. Nacer ha sido reconstruido como el resultado de la decisión de matar o no al que viene.

Muerte aplanada

La muerte ha sido también aplanada. Se le ha quitado volumen, llegando incluso a proponer formas para acelerarla. Y a darle un sentido de desaparición total, a ser un simple convertirse en nada.

Si nacimiento, matrimonio y muerte han sido aplanados, sus significados allanados, no sorprende que también el vivir haya sufrido el mismo destino. La vida «realizada» como un concepto plano.

Un mundo que no provee la explicación de la vida, ni de los momentos que le dan sentido, como nacimiento, matrimonio y muerte.

Puede esto verse de una manera más conocida, le suelen llamar «materialismo», eso que niega todo lo que es sobrenatural, trascendente. El mundo solo material es ese mundo aplanado del que hablo. Como un globo desinflado.

O bien, piense usted en el shock que produce una tercera dimensión a quien vive solamente en dos. Concebir la tercera dimensión es casi imposible, como ahora es difícil entender la existencia de lo sobrenatural y trascendente.

No resulta sorprendente que se rechace lo inmaterial, al mismo tiempo que se intente encontrar las grandes explicaciones en lo físico, como la Madre Tierra y la ciencia. Igual que tampoco es causa de extrañeza el sacar de su contexto original a las manifestaciones de lo sobrenatural.

Este mundo allanado de nuestros días es uno que ha perdido su dimensión de trascendencia, en el que lo sobrenatural es una imposibilidad y las más grandes interrogantes de nuestra vida pueden solo ser respondidas por lo material.

Sentido de lo sagrado

La vida realizada necesita un sentido de lo inmaterial como característica insustituible. Requiere alguna noción siquiera vaga de lo sagrado y de que existe la posibilidad de profanarlo.

La persona que cree en Dios admite dentro de ella un componente espiritual. No es que deseche algo material, sino qué reconoce que hay otras cosas más allá de lo material. Por el contrario, quien no cree en Dios, tiene solamente una posibilidad, el creer que no hay nada más allá de lo material.

El único recurso que le queda al materialista es tomar a la ciencia y considerarla la fuente máxima de sus creencias. Esta es la razón por la que la ciencia está tan bien vista por los ateos, quienes niegan todo aquello que no sea científicamente demostrable.

La ciencia, por supuesto, no es perfecta. Tiene fallas notables, historias graves de mentiras, errores teóricos y descubrimientos falseados.

Cuando la ciencia es exaltada a pesar de todos sus fallos, lo que puede ilustrarse es que quien niega a Dios ha tomado la negación de lo espiritual como punto de partida y eso le obliga a recurrir a la única fuente que le parece sólida.

Toma, entonces, la ciencia como la fuente que justifica principios morales como el no matar y el no robar, principios que sin el componente espiritual quedan incompletos. Se crean entonces contradicciones, como el considerar reprobable pescar delfines o ballenas o a Cecil, el león, y al mismo tiempo pensar que es perfectamente justificable el aborto.

Lo que quiero hacer es apuntar que los humanos necesitamos un componente espiritual. Lo necesitamos porque al final de cuentas somos en parte espirituales.

Cuando nuestras ideas dejan de considerar a ese elemento, comienzan a presentarse problemas con nuestras ideas. Ideas que son incompletas por esa razón, causando consecuencias indeseables en nuestra conducta.

Un caso concreto puede demostrar esto. Cuando la sexualidad humana es concebida como algo meramente material, ella no pasa de ser entendida como un derecho al placer. Ha perdido su componente espiritual, la connotación sagrada que de otra manera tendría.

Civilización y vida realizada

Es innegable. No hay manera de contradecirlo, ni rechazarlo. Guste o no esa es la realidad. La vida realizada tiene otra característica, que es la civilización y eso significa ideas profundas y morales.

Vivimos en una civilización profundamente influida por las ideas morales y por nociones de hace siglos, como el pensamiento griego. Usted sabe, Sócrates, Platón, Aristóteles y el resto de ellos.

Vivimos en sociedades cuyas bases son en gran dosis producto de las ideas judeo-cristianas-romanas-griegas.

Esto acarrea una conclusión inevitable. T. S.. Eliot (1888-1965), el escritor estadounidense-británico, en su libro Christianity and Culture escribió que si aceptamos la idea de una sociedad cristiana entonces

«Debemos tratar al Cristianismo con un mucho mayor respeto intelectual de lo que es nuestro hábito; debemos tratarlo como siendo para el individuo un asunto primariamente de pensamiento, no de sentimiento. Las consecuencias de tal actitud son muy serias como para ser aceptadas por todos; porque cuando la fe cristiana no solo se siente, sino se piensa, tiene resultados prácticos que pueden ser inconvenientes».

Si esa base, que sabemos tiene una multitud de consecuencias, es retirada de la sociedad, entonces es obligado pensar en los efectos que eso producirá. Remover cimientos de nuestro edificio cultural, por llamarlo así, significa tener que reemplazarlos con otros para sostenerla. De lo contrario, ella se desplomaría y no podría existir la vida realizada.

El abandono de las ideas judeo-cristianas-romanas-griegas tendrá efectos y ellos serán enormes, realmente enormes. Por supuesto, el problema es que sí sucede, sí sucede, quizá de manera tan lenta y gradual que es fácil perder la visión de los cambios. Son ellos tan lentos, toman tanto tiempo, que todo tiene la apariencia de una normalidad sin cambio sustancial en la cultura.

Un ejemplo de esos cambios que no se perciben: la creencia de que cambiando las estructuras sociales podrá tenerse una sociedad corregida, casi ideal. No es infrecuente la propuesta de lograr una «economía más humana» por medio de un cambio de sistema.

Creer en algo sagrado

«Cuando los hombres ya no creen en Dios, no es que no crean en nada, es que se lo creen todo».Gilbert Keith Chesterton

Hasta donde conocemos de historia, la ‘cultura’ y la ‘religión’ son cosas que siempre han ido juntas. Una es parte integral de la otra y separarlas en la realidad puede probar ser una tarea imposible. Al menos hasta donde resulta razonable afirmarlo.

Sí, es posible argumentar que es la cultura la que crea a la religión y que si eso es cierto, entonces puede aspirarse a tener una cultura sin que ella cree una religión. Aunque también es posible decir razonablemente que la religión es la que crea a la cultura, al menos en muchos de sus rasgos más centrales.

Quizá sea lo más adecuado pensar que entre ellas se afectan mutuamente, creando un todo llamado cultura y que es extraordinariamente difícil extirpar a la religión. Basta leer un poco de historia para constatar eso, lo que presenta una característica de la vida realizada.

Supongamos que en verdad es la cultura la que crea a la religión y que entonces puede tenerse la posibilidad de tenerse una cultura que se abstenga de crear una religión. La primera posibilidad es que esa cultura funcione sin religión; la otra, que el vacío que eso produce sea llenado con otra cosa que no sea religión.

¿Puede existir una cultura sin religión, sin ninguna en absoluto? Esto suena a algo imposible. Para bien o para mal, la religión produce mandatos morales, creencias, costumbres, ceremonias, filosofías, festividades, valores, que son parte esencial de cualquier cultura.

La posibilidad más realista es la de crear un sustituto de la religión, algo que llene el vacío que su ausencia produzca. Es decir, algo que cree también mandatos morales, creencias, costumbres, ceremonias, filosofías, festividades, valores y todo lo demás. Elaborar todo eso, mucho me temo, es equivalente a crear otra religión.

Otra religión, aunque de nombre se conozca como ateísmo, secularismo, o lo que usted quiera. Son tan profundas las raíces de la religión que retirarla de la cultura haga a esta última lo mismo que tener un libro de Don Quijote en el que no aparezca el personaje central. Y si se intenta, tendrá que inventarse un sustituto.

Una vida realizada debe tener una característica, la de contar con puntos de comparación y medida. Y ellos son los que las creencias sobrenaturales nos dan. Si las anulamos, tendrán que crearse otras y terminaremos creyendo en cualquier cosa, por absurda que sea.

A la deriva

Es característica de una vida completa y realizada el tener guías, el seguir caminos, el tener puntos de referencia que la examinen.

Para considerar eso, vayamos a un autor perspicaz, Tocqueville.

Dice él que al destruir la religión, las dudas comienzan a apoderarse de las mentes de las personas, de su inteligencia. Sin religión, las personas crean hábitos de pensamiento que les llevan a tener «nociones variables y confusas» sobre los temas más importantes.

Sin religión, dice, las personas no saben defender sus opiniones y terminan por abandonarlas. Ya no sienten poder explicar por sí mismas «los mayores problemas que el destino humano presenta».

Ante esto, acaban por no pensar en esas cuestiones y terminar en un estado en el que se debilitan «los resortes de la voluntad» y la persona está lista para la esclavitud.

Tocqueville apunta un fenómeno digno de resaltar: la religión es una defensa de la libertad y, por tanto de la vida realizada. ¿Por qué?

Las respuestas religiosas

Porque ella permite contestar las grandes dudas de nuestra existencia y da firmeza a nuestras opiniones. Esa firmeza es la que nos permite ser libres, especialmente frente a ataques de otros. Nos dice que hay algo que defender, nuestra vida realizada en libertad.

Sin religión, por tanto, la persona es más propensa a caer en esclavitud. Llevado esto de los tiempos del autor a los nuestros, me parece que muestra a la religión como una defensa frente al poder excesivo del gobierno.

Sin religión como contrapeso, el gobierno crea sus propios dogmas que la persona ya no puede combatir y termina siendo un ciudadano esclavo.

Pero la cosa no queda allí. Tocqueville habla también de los ministros religiosos y cómo deben ellos comportarse si quieren en realidad evitar que la religión se pierda.

Dice que esos ministros religiosos deben «alejarse voluntariamente del poder y poner una especie de orgullo de profesión en permanecer extraños a él».

Nada mala idea, que no siempre es seguida. Demasiados ministros están demasiado cerca del poder y la política, demasiado metidos en hacer declaraciones públicas.

Eso es malo, porque «los poderes de la tierra son todos más o menos fugitivos», no tiene caso estar en lo efímero cuando se puede estar en lo eterno. Una buena aplicación de eso de dar al César lo del César.

Si alguna iglesia llegara a compartir el poder con gobernantes, también sufriría los odios que estos provocan. Para vivir, la religión no tiene necesidad del poder político y si acaso llega a servirle, «puede morir».

Conclusión

He intentado resaltar las características de una vida realizada, que necesariamente necesita libertad. Y lo he hecho tratando de ir más allá de las ideas superficiales al respecto para apuntar características que van a algo más profundo.

Eso más profundo en las características de una vida realizada está en el sentido de lo sagrado, de lo inmaterial y espiritual. Un campo en el que se plantean las ideas sobre los temas más importantes de la vida. Donde se hace la pregunta más peligrosa de la vida, ¿por qué?

Lo anterior quizá pueda resumirse en lo escrito por Tocqueville.

«No hay casi ninguna acción humana… que no nazca de una idea general que los hombres han concebido de Dios, de sus relaciones con el género humano, de la naturaleza de su alma y de los deberes con sus semejantes».

¿Cuál es el riesgo de dejar esas ideas? Mentes perdidas, dudas incontestables, personas a la deriva susceptibles a olvidar lo más importante de su vida y ser fácil presa del poder de otros.

Esta es la causa por la que, simplemente por razones de defensa de la libertad necesaria para una vida realizada, el sentido de lo sagrado y lo espiritual no debe ser destruido.

.

Y unas cosas más…

La siguiente idea debe verse para completar esta columna:

Tres características de la libertad

Otras ideas relacionadas: