La espontaneidad tiene poca oportunidad de ser explicada racionalmente —un choque entre la realidad compleja y la simplicidad teórica.

Un choque de visiones que está en el fondo de las diferencias entre socialismo y liberalismo —siendo el socialismo un fruto de la simplicidad teórica y el liberalismo uno de la realidad compleja.

Con un ingrediente extra considerable: la simplicidad teórica del socialismo es mucho más atractiva que la realidad compleja del liberalismo —un asunto que es notorio en el caso de las tradiciones.

El ejemplo usual es el del lenguaje —una realidad indudable que no viene de ningún diseño racional ni intencional, es decir, no es un producto de ninguna teoría simple que lo creó ex-profeso.

Nadie en realidad puede ser nombrado como inventor del lenguaje —aunque existan personajes destacados en el tema. Lo mismo sucede con el dinero, otro producto de la espontaneidad acumulada de iniciativas personales.

Lo que trato de mostrar es la realidad de cosas que no han sido creadas mediante la elaboración de un proyecto racional previo con un propósito expresado racionalmente —sino la consecuencia de un número considerable de ideas y acciones que se acumulan para crear tradiciones, costumbres, usos, ideas, expectativas, normas, reglas, celebraciones.

Ni la agricultura, ni la ganadería se inventaron ex profeso usando una teoría simple inicial que tuviera un propósito como el del cultivar trigo, almacenarlo y comerlo posteriormente. Ninguna porción de los procesos de producción se crearon mediante teorías simples anteriores.

Cuando se utilizó el carruaje tirado por caballos, eso no fue producto de una teoría previa que inventó la rueda y añadió al caballo —más bien fueron contribuciones personales e invenciones que fueron acumulándose para tener una complejidad real sin la explicación racional de una teoría simple previa.

¿Quién puede ser acreditado con la invención de un mercado? Una idea al respecto está bien expresada:

«Además de sus funciones económicas, el mercado fue también el centro de reunión informal en la sociedad prehispánica. Ahí la gente veía a los viejos amigos, hacía nuevos e interactuaba con forasteros de tierras lejanas; convivía, intercambiaba chismes y se enteraba de las últimas noticias que circulaban de boca en boca. De manera muy semejante a los conjuntos de tiendas departamentales y centros comerciales en la sociedad actual, el mercado desempeñaba un activo papel en la existencia social y económica de la gente que acudía a ese lugar». arqueologiamexicana.mx

Los mercados y la formación de precios son el producto de la espontaneidad que no tiene un diseño previo intencional —es algo que, por definición, se crea sin que exista intervención ajena, ni intención previa y que forma algo complejo y real.

Nadie hubo que diseñara una teoría previa de formación de precios y más tarde diera órdenes para que ella se implantara en tal o cual lugar —con el gran problema de que los problemas que se presenten en la implantación tendrían que ser consultados con «los creadores».

Eso que la espontaneidad crea puede ser estudiada y descrita, aunque no corresponda a una teoría simple previamente creada —y, aún más, no puede ser alterada, dada su complejidad, sin efectos colaterales imprevistos e indeseables.

Las teorías simples suelen tener buenas intenciones —lo que les sirve de justificación exclusiva, pero tienen un historial que no es precisamente exitoso.

La conclusión es razonable: lo creado por la tradición podrá parecer falto de razón, podrá parecer que es posible de mejorar, podrá parecer que sus intenciones no son claras —pero eso no es suficiente como para querer destruirlo y ser sustituido por una teoría simple que presume de racional.

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