El instante en el que dos personas acuerdan hacer un intercambio de bienes es el preciso momento en el que puede comprenderse el significado de la Economía —de esta ciencia que estudia el comportamiento humano.

El instante en el que las personas acuerdan comprar y vender un coche; o en el que la persona saca de su billetera lo suficiente para pagar sus compras en un supermercado —en esos momentos cualquiera puede observar el objeto de estudio de la Economía.

Las dos personas hacen visible una decisión mutua, complementaria y voluntaria —la que tiene su base en dos elementos en común:

1. Las necesidades de ambas: su percepción de lo que necesitan en un cierto punto en el tiempo y dentro de esas circunstancias —y son necesidades complementarias que siempre se encuentran en todo intercambio.

El vendedor tiene una necesidad, la de obtener recursos para su negocio y mantenerlo, lo que le hace ofrecer bienes, que él no necesita para su consumo, a otros que pueden necesitarlos. Prefiere los recursos, el dinero, y deshacerse de los bienes.

El comprador está en la situación complementaria opuesta, pues necesita los bienes que el vendedor ofrece y para obtenerlos ofrece recursos de los que prefiere deshacerse.

El comprador prefiere el bien B al monto de dinero D; y el vendedor prefiere el monto de dinero D a la mercancía B —lo que produce un punto de acuerdo que se llama ‘precio’ y que tiene la propiedad de satisfacer a ambos.

2. Los conocimientos de ambas partes: lo que cada uno sabe de la realidad en la que se encuentran —sus circunstancias particulares y lo que conocen acerca de cómo satisfacer la necesidad que tienen en esos momentos.

La decisión de intercambio que lleva al acuerdo de un precio es tomada sobre una base de conocimiento personal de sus circunstancias individuales en un momento concreto —y que es diferente en cada persona.

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Estos dos elementos que permiten conocer la esencia de la Economía tienen consecuencias —que es lo que intento explicar en lo que sigue:

• Las necesidades y los conocimientos de las dos partes son elementos individuales que cualifican a los bienes intercambiados —elementos que no se encuentran dentro de los bienes, que no son intrínsecos a ellos.

Las necesidades y los conocimientos de ambas partes son los que determinan el valor de los bienes —que es lo que explica que un mismo bien B tenga un equivalente diferente en D para distintas personas (el valor del agua para un sediento en el desierto o para una persona que vive al lado de un río).

El resultado de esto es un número asombroso de situaciones específicas que pueden existir: para cada comprador y cada vendedor en cada momento y con cada conocimiento se dan combinaciones posibles —un número incalculable de escenarios.

Para la persona C, un comprador, existen posibilidades de satisfacer su necesidad N con un número de bienes Nn, disponibles con una cantidad V de vendedores, en un número P de posibilidades de precios bajo una cantidad de circunstancias cambiantes C y un número S de conocimientos diferentes — y eso es solo el comprador.

Esto tiene consecuencias en Economía: el número imposible de calcular del total de cada situación específica de satisfacción de necesidades mutuas de compradores y vendedores —un conocimiento que sería necesario en caso de querer mejorar el sistema de acuerdos voluntarios según decisiones personales.

Especialmente, cualquier sistema económico distinto al de los intercambios personales libres—si quiere producir mejores resultados finales— deberá satisfacer mejor las necesidades personales de cada una, mejorando la decisión que ellas hubieran tomado en cada posibilidad en un momento concreto y único.

La condición que debe tener el sistema económico que pretenda sustituir al de los intercambios voluntarios debe cumplir con la condición de beneficiar al mismo tiempo a las dos personas —al comprador y al vendedor.

Esta condición es la que anula la opción de decretar precios centralizadamente.

Reducir precios de manera que el comprador tenga un beneficio, que será real, pero a costa de un daño al comprador. Y viceversa, un aumento de precios beneficiará al vendedor, pero el comprador saldrá lastimado.

Solamente el precio acordado en cada momento bajo ciertas condiciones únicas por cada comprador y cada vendedor satisface la condición de beneficiar a ambos.

Addendum

La conclusión de lo anterior es que el sistema de mercados libres es el que mejor satisface necesidades de todos, compradores y vendedores —y que el el intervencionismo económico tendría que recrear este sistema para igualarlo, nunca podrá mejorarlo.

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