Robison Crusoe, el famoso libro de Daniel Defoe, de 1719, es más que el libro de los fantásticos sucesos de su personaje. Más que la narración de increíbles aventuras inspiradas en un suceso real.

En medio de los lances y sucesos, el libro narrado en primera persona, oculta algunas reflexiones. Observaciones acerca de la vida. Una de ellas llamó mi atención:

«[…] he observado lo incongruentes e irracionales que son los seres humanos, especialmente los jóvenes, frente a la razón que debe guiarlos en estos casos; es decir, que no se avergüenzan de pecar sino de arrepentirse de su pecado; que no se avergüenzan de hacer cosas por las que, legítimamente, serían tomados por tontos, sino de retractarse, por lo que serían tomados por sabios». Defoe, Daniel. Las aventuras de Robinson Crusoe 1719 (Aventuras Mr. Clip) (Spanish Edition) (Kindle Locations 206-208). Ediciones Mr. Clip. Kindle Edition.

El asunto merece ser visto con algún detenimiento.

En el plano más general, el asunto es uno muy subterráneo. La tesis última de la imperfección humana. Contrario a lo que piensan de sí mismos algunos, especialmente los políticos, no, no somos perfectos. Ninguno de nosotros lo es.

Es eso de «he observado lo incongruentes e irracionales que son los seres humanos», escasas palabras que salen de la simple observación de la vida por parte de un marinero y que se enfocan a quienes él cree son casos más intensos de la imperfección, los jóvenes como él.

En un plano poco menos general, la imperfección es el olvido de la razón que debe guiarnos. Nada que nos deba sorprender. Cualquiera de nosotros ve a diario casos en los que la razón ha sido puesta de lado, incluyéndonos a nosotros mismos.

Pero lo más notable de la cita es el caso particular. Eso de «no se avergüenzan de pecar sino de arrepentirse de su pecado». En palabras actuales, la deshonra no está en haber hecho algo malo, sino en sentir arrepentimiento. Lo malo es el sentido de culpa que lleva a afligirse por haber hecho algo mal y no el haberlo hecho.

Es compleja la idea. En un caso normal, cuando alguien hace algo malo y se arrepiente, este sentido de culpa es positivo y lleva a intentar no repetir eso malo. Pero, cuando las cosas se invierten y el acto malo ya no es visto como indebido, lo que ahora se juzga indeseable es el sentido de culpa y de arrepentimiento.

El autor reitera lo mismo con el «hacer cosas por las que, legítimamente, serían tomados por tontos» y no aceptar el error. Una situación en la que la terquedad tiene un papel distinguido. 

Lo anterior abre la puerta a algo que merece una segunda opinión, ese cambio de planos que vuelve al arrepentimiento algo vergonzoso y al sentido de culpa deshonroso. Curiosa inversión de papeles que hace a la intención de corregir algo odioso y define a cualquier conducta como loable.

Se deja ver esa mentalidad en, por ejemplo, este caso:

«Si estás sintiéndote culpable por tu infidelidad u otro acto que haya hecho o dejado de hacer, estás dejando de vivir tu vida con autenticidad. Estás viviendo en la ilusión de TENER QUE, DEBO DE y, posiblemente, tu vida se haya convertido en una vida sacrificada, llena de obligaciones y renunciando a tus propios intereses en algunas de sus parcelas». reconciliarte.com

Sentirse culpable es, en esa mentalidad, dejar de vivir. Tener obligaciones, tener deberes y renunciar a intereses propios es dejar de vivir. Notable llamado al egoísmo intenso al que cambia de nombre y llama «vida con autenticidad».

En fin, ese libro de aventuras de principios del siglo 18, contiene algunas dosis de sentido común y esta es una de ellas.

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