De caridad a justicia

, , ,

Afirmó que la justicia social es una obligación moral, una de las mayores de todo católico. Lo dijo un sacerdote durante su homilía. No ha sido él único. Y lo dicen otros más que no son sacerdotes.

¿Lo es? No, no lo creo y examinar eso bien vale una segunda opinión.

Comencemos con lo que creo que es una confusión. Me parece que la virtud de la caridad, una de las tres virtudes teologales, es realmente esencial para el cristiano.

Todo eso de amar a Dios y al prójimo y que se convierte en compasión, generosidad, misericordia, perdón y el resto de ideas que usted se puede imaginar sin gran esfuerzo. Muy bien, pero la virtud de la caridad no puede convertirse en equivalente de justicia social. Perdería fuerza y significado.

La caridad es personal, la justicia social es impersonal. La caridad es concreta y específica, la justicia social es vaga e indeterminada. La caridad es directa y meritoria, la justicia social es indirecta y sin mérito,

«[…] la mayoría de los socialistas hoy se adhieren a una doctrina de ‘justicia social’, de acuerdo con la cual no es algo desafortunado sino una injusticia que personas justas y honestas comiencen su vida con desventajas que no pueden rectificar con sus propios esfuerzos y que presentan un obstáculo inamovible para recibir los beneficios de pertenecer a la sociedad» R. Scruton.

No hay duda de que nuestra naturaleza perciba la bondad de la ayuda a los que están en una situación mala, la que sea. Es algo intuitivo, con lo que la gran mayoría simpatiza y considera deseable. No en balde la caridad es una virtud central.

Este es el mérito que tiene la justicia social, la simpatía que genera gracias a sus buenos propósitos de ayudar a quienes pensamos que lo necesitan, esos a quienes vemos como menos afortunados que nosotros. Un sentimiento que mueve a querer ayudar a otros y que en el cristianismo es el principal mandato, el de amar.

Es un gran mérito de la justicia social, y que junto con sus palabras, logra una combinación irresistible de ser aceptada incondicionalmente. Hasta el punto muy desafortunado en el que desplaza a la virtud personal para convertirla en política distributiva de gobierno.

La mutación es extraordinaria, especialmente porque sucede sin gran conciencia de lo que realmente pasa. Adiós caridad, bienvenida justicia social. La sustitución de la caridad por la justicia social, es al final de cuentas, la sustitución del compromiso personal con los planes de gobierno.

Toma una forma clara en el estado de bienestar y ese reclamo tan célebre:

« AMLO demanda que el Estado garantice el bienestar “desde la cuna hasta la tumba”».  jornada.unam,mx

Y que equivale a la creación de una nueva clase de ciudadanos:

«[…] personas que han llegado a depender de pagos de bienestar, tal vez durante varias generaciones y que han perdido todo incentivo para vivir de otra manera». R. Scruton (ibídem)

Es que cuando usted entiende como injusticia a la situación desafortunada de alguien, abre la puerta al aparato justiciero estatal con toda la fuerza que tiene para hacer lo único que puede hacer: quitar a unos para dar a otros, así sea injusto expropiar a los primeros.

No solo tiene el problema de crear pobres profesionales dependientes de los obsequios gubernamentales, también conduce con riesgo a las finanzas públicas que nunca tienen lo suficiente como para mantener de la cuna a la tumba a números crecientes de personas.

Pero el problema de origen, donde nace toda la confusión es ese desconcierto de un lenguaje usado con descuido: la situación desafortunada de alguien no es una situación de injusticia posible de remediar por la vía gubernamental con programas unitalla.

Esa situación de infortunio es la ocasión de la caridad personal, directa, concreta que se presenta a los afortunados, o menos desafortunados. No es la oportunidad de politizar los infortunios para complacer a quienes proponen gobiernos más grandes, sino la situación que Dios nos presenta para amar con hechos concretos.

Y no resulta una sorpresa que la caridad no tenga los problemas que tienen los programas estatales de justicia social. La supervisión personal no crea problemas de dependencia sino medios para ser autónomo, ahuyenta al pobre profesional, individualiza, maneja con eficiencia sus fondos.

En fin, toda mi ambición ha sido llamar la atención sobre un pequeño gran detalle en el uso desaliñado del lenguaje. Cuando se hacen sinónimos a la justicia social y a la caridad se desplaza a las personas, las que pasan a ser dominadas por el colectivismo impersonal del gobierno.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que intentan explicar la realidad económica, política y cultural. Defiende la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *