Decreto de felicidad general

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La realidad es que un gobierno a cargo de la felicidad de sus ciudadanos es mera charlatanería política, como lo explicó J. Whyte en su libro.

Charlatanería que, por alguna extraña razón, es tomada en serio por demasiados. Especialmente por aquellos con esa mentalidad que les hace pensar que nada hay que no pueda resolverse por medio de una función adicional de gobierno.

El gobierno de México, recientemente, se ha comprometido a hacer felices a sus ciudadanos. Otra responsabilidad añadida a las existentes,

(¿Y si mi felicidad fuese el que el gobierno no se hiciese cargo de ella?)

Otro de esos casos fue el de Cambodia hace tiempo, cuyo régimen tuvo el propósito de crear una sociedad mejorada y feliz, que incluyera sentido de altruismo y fraternidad, en medio de igualdad y justicia. Los resultados son conocidos y no precisamente positivos: 1.7 millones de muertos.

Y eso por no mencionar otros casos de intentos de construir sociedades mejoradas, felices, en las que desde el gobierno se dictan instrucciones positivas que hagan que el amor reine entre los ciudadanos y todos sean felices. Esto tiene una explicación fascinante.

Es el ansia que tiene el gobernante por agregar funciones y responsabilidades propias, lo que es lógico porque eso le hace quedar bien ante una opinión pública casi siempre desorientada; porque eso le hace agregar poder a la ya grande cantidad de poder que tiene.

Pero también por otra razón, la de la «falacia de la agregación», como la llamó R. Scruton. Esto es lo que hace agregar todo lo que suene o parezca bueno a un todo político que se vuelve propuesta de gobierno, aunque sea un imposible.

¿Y qué cosa más grande existe que la felicidad? Es irresistible para el gobernante agregarla a su lista de responsabilidades. «No te preocupes por nada, yo me hago cargo de ti desde que naces hasta que mueres», le dice al ciudadano (y este no se ríe, lo que es un síntoma grave).

Un caso, poco reconocido de esa agregación, es el francés: libertad, igualdad y fraternidad, agregadas y sumadas en un slogan que es una imposibilidad práctica. Mezclas imposibles de conceptos que tienen cargas positivas, como «aumentará el gasto social pero se reducirán los impuestos».

O, más aún, la ambición de alterar a la naturaleza humana y, por medio del gobierno, una sociedad de amor como ha propuesto López Obrador en México. No solamente gobernará sino que también será autoridad moral, promotor de valores, conciencia social y motivador altruista.

Esta es esa falacia de la agregación: la anexión gubernamental de todo lo bueno que existe y su transformación en responsabilidad de gobierno. Si en el país, por ejemplo, se detecta que existen personas con problemas de soledad (whatever that means), eso es causa suficiente como para que el gobierno se haga cargo de él. ¿No me cree?

«La soledad, un mal contemporáneo mundial que en Reino Unido ahora es asunto de Estado». bbc.com

Es el ansia desordenada del obsesionado que supone que nada hay que sea imposible resolver usando medios gubernamentales directos, incluyendo esa aventurada postura de gobiernos responsables de la felicidad personal de sus ciudadanos. El Ministerio de la Soledad en el Reino Unido puede parecer un capitulo de la novela 1984, pero es real y nadie se sobresalta.

La paradoja es que queriendo tener una sociedad feliz terminan teniendo ciudadanos infelices en quienes se ha querido imponer una definición unitalla de felicidad, la del gobernante mismo.

Lo admirable de todo esto es la seriedad con la que se contemplan esos sucesos. Lo que sería un absurdo material de comedia para Monty Python es ahora algo considerado deseable y serio. El que muy pocos se rían de esto es un síntoma de que hay algo grave en nuestros tiempos.

Post Scriptum

Un amigo lo explica así: «Un gobierno que de verdad quiere hacer felices a sus ciudadanos no puede aplicar la ley para castigar culpables de robos, incluso no podría cobrar impuestos».

El caso de Cambodia usa material de Jean-Louis Margolin: “Cambodia: The Country of Disconcerting Crimes,” in Stephane Courtois et al.: The Black Book of Communism: Crimes, Terror and Repression, Cambridge MA 1999, 577, 603, 629, citado por Hollander, Paul. From Benito Mussolini to Hugo Chavez: Intellectuals and a Century of Political Hero Worship (p. 203). Cambridge University Press. Kindle Edition.

La expresión whatever that means la usaba un buen tipo, Daniel Cosío Villegas.

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