Demagogia y sus acompañantes naturales. O como lo expresó alguien más:

«El sustrato psicológico habitual del demagogo es triple: megalomanía, paranoia y narcisismo». Krauze, Enrique. El pueblo soy yo (Spanish Edition) (Kindle Locations 3223-3224). Penguin Random House Grupo Editorial México.

Definamos términos, comenzando por el último hasta llegar al clímax del demagogo.

1. Narcisismo. Es el amor exagerado de uno mismo y que se acompaña con el desprecio a los demás.

«[…] catalogado como un desórden [sic] mental por medio del cual el individuo sufre de un complejo de superioridad, arrogancia y prepotencia para sentirse más importante que las demás personas que lo rodean. Las personas que tienen esa personalidad se creen superiores a los demás y tienen una gran necesidad de ser admirados y que se les alabe por sus logros». psicologicamentehablando.com

2. Paranoia. Es la desconfianza en otros, su sospechas fuertes de suponer que están en su contra.

«[…] una persona tiene un patrón de desconfianza y recelos de los demás en forma prolongada […] altamente recelosas de los demás. Como resultado, limitan su vida social de manera drástica. Con frecuencia sienten que están en peligro y buscan pruebas para apoyar sus sospechas. Tienen dificultad para ver que su desconfianza es desproporcionada para su entorno». medilineplus.gov

3. Megalomanía. Eso que está asociado con vanidoso, maniático, centrado en sí mismo.

«[…] un patrón rígido de comportamiento que conduce a una búsqueda constante de auto-gratificación, caracterizado por un sentido de grandiosidad y de auto-importancia, con una necesidad insaciable de atención y falta crónica de empatía […] estado mental anormal que presenta delirios de grandeza y un sentido exagerado de autoestima, poder y grandeza». psocoactiva.com

Reúna usted en una sola persona esos atributos. Piense en un megalómano, narcisista y que sospecha del resto. Pero piense usted en dosis grandes de esos atributos: un gran narcisista, megalómano que cree que muchos están en su contra.

Y mezcle esas ideas con la cuarta de ellas.

4. Demagogia. Un tipo de política.

«Práctica política consistente en ganarse con halagos el favor popular. Degeneración de la democracia, consistente en que los políticos, mediante concesiones y halagos a los sentimientos elementales de los ciudadanos, tratan de conseguir o mantener el poder». dle.rae.es

Entonces tenemos un perfil particular, el de ese que desea llegar al poder dentro de una democracia y para eso usa argumentos que buscan crear apoyos masivos hacia su persona por medio de la adulación engañosa a los electores a quienes promete favores y dádivas.

Hace eso por una razón propia y personal: quiere estar en el poder; cuanto más poder tenga, mejor. Y para eso estará dispuesto a lo que sea: engañar, mentir, prometer, alabar. Su narcisismo y su megalomanía solo pueden satisfacerse en un puesto de poder, de mucho poder.

Y, más aún, siente él riesgos en su contra: conspiraciones, complots, enemigos en todas partes. La crítica más leve es una prueba de una diabólica maquinación en su contra. Solamente puede estar seguro teniendo él todas las riendas del mando en sus manos.

Mi punto central va a apuntar dos leyes del poder político:

1. La política, por el poder que significa sobre la vida de los demás, atrae más que proporcionalmente a personalidades con tendencias de megalomanía y narcisismo.

2. Una vez en el poder, esas tendencias se agravan y producen paranoia, un miedo a perder el poder por complots secretos que abundan.

Y una cosa más…

La tesis de B. Tuchman es de utilidad en este punto: el poder embrutece, y el poder total embrutece totalmente.

El remedio a ese riesgo es el natural: reducir el monto de poder que puede tener un gobernante al mínimo absoluto posible.

En buena parte, esta es una de las razones más centrales del porqué el socialismo no sirve: coloca demasiado poder en manos de quienes no pueden soportar esa carga sin sufrir trastornos.

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