Democracia por un día

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El presidente es todopoderoso. El país fracasará o se salvará dependiendo de quien sea el presidente. Para el mexicano la democracia se reduce a tener elecciones razonablemente honestas y… eso es todo.

A esto se reduce el pensamiento político mexicano. A un artículo de fe que coloca todo el poder y toda la sabiduría de la política nacional en el presidente en turno.

Esta es la estructura mental política en México, creada por una historia en la que más del 95% «del tiempo desde la independencia lo hemos vivido bajo problemas de luchas internas o bajo regímenes dictatoriales».

Es el fenómeno de «la presidencia imperial» señalado por Enrique Krauze. Y, por supuesto, por D. Cosío Villegas.

Esto tiene consecuencias: para el mexicano en general, la democracia es un asunto de un día, el de las elecciones presidenciales cada seis años. Ese día se selecciona el presidente todopoderoso y sabio del que todo el país dependerá. Y, para el mexicano, con eso solo, ya se tiene un sistema democrático real.

Recordemos algo obvio. La democracia tiene un componente electoral, el de las elecciones, el de quién gobernará. Pero tiene otro, el de cómo gobernará el electo, que es el componente del estado de derecho, de la división de poderes. Si usted quiere democracia, debe tener los dos componentes y no solo el primero.

Sin embargo, en México, la atención central y única ha sido colocada en la elección de quién gobernará. A eso se limita la doctrina política del mexicano, un asunto de elecciones razonablemente honestas y voilà, por obra de magia en un solo día ya se tiene un sistema democrático. Democracia por un día.

El cómo gobernará el elegido es una suposición implícita: como le dé la gana, después de todo, él es todopoderoso y muy sabio. ¿Y la división de poderes, o el estado de derecho? Nada que preocupe realmente. En lugar de la democracia completa, se tiene la democracia de un día y lo que sigue: la expectativa de que quien sea que gobierne salve al país de todos los males que lo aquejan.

La expectativa del presidente todopoderoso tiene efectos muy notables en el tiempo y que son claramente distinguibles.

En la primera etapa se crea un ambiente electoral que combina sentimientos extremos de apasionamiento y fogosidad entre partidarios de los distintos candidatos. Son ambientes claros de emociones extremas de antagonismo y rivalidad, llenos de acciones de dudosa ética. El gobierno anterior ha fracasado y el gobierno que viene salvará al país.

Los fans de cada candidato creen que su candidato es el salvador nacional, mientras que los otros son la perdición del país. Tanto poder asignan al futuro presidente que su preferencia se convierte en fe ciega en su candidato y odio extremo a los otros.

En la última etapa, años después, se confronta la realidad que es la obvia: el ya presidente no ha podido cumplir con sus promesas y se crea un ambiente de desilusión y desencanto que sirve de base en la elección siguiente para que surja, ahora sí, el salvador nacional que sí dará resultados.

Y se crea un ciclo de ilusión y desencanto que alimenta a la incompleta idea de democracia que se tiene.

En fin, lo que he querido apuntar y que creo que bien vale una segunda opinión, es el fenómeno de la «democracia por un día» que padece México.

Después de una historia que es abundante en gobiernos autoritarios, centralistas y poderosos, pero escasa en gobiernos liberales, no sorprende que la conquista de la tan ansiada democracia mexicana consista en la elección popular de un nuevo dictador.

Esto tiene consecuencias en los partidos políticos, los que siguen el pensamiento político mexicano y se convierten en partidos de izquierda, lo quieran o no, porque eso precisamente es lo que mueve al electorado.

Usted no puede tener un partido liberal popular entre personas que mayoritariamente esperan que la solución de sus problemas sea el gobierno.

Esto lo ilustra muy bien el optimismo irresponsable de las propuestas de todos los partidos mexicanos en este momento. Ellos aseguran que salvarán al país mediante acciones y políticas que expanden el poder gubernamental, que es exactamente lo opuesto a lo que debe hacerse.

Post Scriptum

Aunque me he referido a México solamente, no creo que este sea el único país en el que eso suceda. Quizá sea muy amplio el número de lugares en los que las elecciones se limiten a elegir gobernantes de los que se espera la salvación nacional y a quienes no se limita su poder.

Véase también, En busca de un dictador. También, Estado de derecho: una definición.

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