Derechos falsificados

Es una manera de destruir y aniquilar. Es lo que puede hacerse con las monedas y el dinero. Simplemente produzca más derechos, tantos que pierdan su significado y su valor.

«La Operación Bernhard fue el nombre en clave del plan secreto nazi concebido por la RSHA [Oficina Central de Seguridad] y las SS durante la Segunda Guerra Mundial para desestabilizar la economía británica mediante una guerra económica basada en saturar la economía mundial y del Imperio Británico con billetes falsificados de 5, 10, 20 y 50 libras esterlinas del Banco de Inglaterra».  segundaguerramundial.es

El objetivo de desestabilizar a la economía inglesa, por medio de la circulación de moneda adicional falsa, muestra el principio central de la destrucción: agregar objetos falsos abundantes a los objetos reales controlados, de tal manera que no se perciba diferencia entre ellos y se confundan entre sí.

‘Falsificación’ es la palabra clave que describe una manera de destrucción. Cuantos más abundantes sean los objetos falsificados, más se devaluarán los objetos reales. Las falsificaciones, por supuesto, tienen que ser buenas, creíbles, tanto que engañen a la inmensa mayoría.

Mucho me temo que este sea el caso de los derechos humanos. A los básicos y originales se les ha añadido una buena cantidad de derechos falsificados logrando así la devaluación de los primeros.

Tome usted la concepción original de esos derechos: el reclamo de una libertad personal y la obligación de los demás para respetarla. Son derechos evidentes en sí mismos y propios de la naturaleza digna de toda persona. Es el derecho a vivir, a ser propietario, a pensar y expresarse, y demás. No son muchos, aunque tienen repercusiones amplias.

Hasta aquí todo va bien y esos derechos humanos naturales son reconocidos por las leyes logrando que así tengan un aparato de protección. La devaluación de los derechos comienza con la adición de lo que H. Hazlitt (1894-1993) llamó Pseudoderechos.

Son reclamos vagos, como el caso de freedom from fear y de freedom from want, que mencionó F. Roosevelt. O como algunas partes de la Declaración Universal de Derechos Humanos de la ONU, por ejemplo:

«Toda persona que trabaja tiene derecho a una remuneración equitativa y satisfactoria, que le asegure, así como a su familia, una existencia conforme a la dignidad humana y que será completada, en caso necesario, por cualesquiera otros medios de protección social […] tiene derecho al descanso, al disfrute del tiempo libre, a una limitación razonable de la duración del trabajo y a vacaciones periódicas pagadas […] tiene asimismo derecho a los seguros en caso de desempleo, enfermedad, invalidez, viudez, vejez u otros casos de pérdida de sus medios de subsistencia».

La adición de derechos continuó con la idea de que hay derechos de primera, segunda y tercera generación, cada vez más y mayores reclamos. Es una mutación significativa y que suele pasar desapercibida: de ser originalmente libertades, los derechos se convirtieron en reclamos abundantes.

Y con un giro notable: el proveedor que satisface los reclamos es el gobierno. Por ejemplo, proveer la educación gratuita básica que menciona la ONU; o bien este derecho que debe satisfacerse gratuitamente:

«El derecho a la atención de la salud sexual. La atención de la salud sexual debe estar disponible para la prevención y el tratamiento de todos los problemas, preocupaciones y trastornos sexuales». sexoysalud.consumer.es

Más la adición de los derechos de los pueblos, llamados de tercera generación:

«Derecho a la paz. Derecho a la coexistencia pacífica. Derecho a el [sic] entendimiento y confianza. La cooperación internacional y regional. La justicia internacional. El uso de los avances de las ciencias y la tecnología». cubaencuentro.com

Y, más aún, los derechos de cuarta generación:

«El derecho de acceso a la informática. El derecho a acceder al espacio que supone la nueva sociedad de la información en condiciones de igualdad y de no discriminación. Al uso del espectro radioeléctrico y de la infraestructura para los servicios en línea sean satelitales o por vía de cable. El derecho a formarse en las nuevas tecnologías». encuentrojuridico.com

Creo que mi punto ha sido demostrado. La adición de abundantes derechos humanos falsificados ha devaluado a la valiosa noción de los derechos humanos originales.

Los derechos humanos falsificados pueden reconocerse, como los billetes falsos, porque son reclamos y no libertades; porque exigen fondos públicos y no respeto de terceros; porque no contienen responsabilidades personales, como los originales; y porque se contraponen con los derechos originales.

Como dice un amigo: «Has sido advertido. Si aceptas billetes falsos el problema será tuyo».

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