Dioses sustituidos

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Es una sustitución de divinidades. Unas por otras, sin realmente desaparecer los sentimientos religiosos. Fueron ellos simplemente trasladados de un sujeto a otro.

Un autor lo explica bien:

«Incluso cuando la creencia en un benefactor divino disminuyó, la necesidad de creencias y certezas religiosas no lo hizo, y ha encontrado una nueva expresión en el ansiado poder redentor y la benevolencia de los gobernantes seculares sobre quienes se han proyectado los atributos antes reservados para las deidades». P. Hollander

Veamos parte por parte lo allí dicho.

Primero, la caída de las religiones, manifestada en cosas como asistencia a templos o pertenencia a religiones.

Segundo, esa caída religiosa no es igual a la desaparición de sentimiento religiosos; ellos siguen existiendo pero ahora se manifiesta de otra manera.

Tercero, actitudes religiosas han cambiado a su objeto de adoración; si antes era un Ser Superior ahora es la benevolencia gubernamental, pero no solo benevolencia sino también poder infinito.

Es un acontecimiento que debiera llamar la atención más de lo que lo ha hecho. Piense usted en eso como una paradoja muy clara en, por ejemplo, el sistema soviético, el que combatía a la religión pero creaba figuras de líderes superhombres. O piense en las ceremonias nazis, en los discursos eternos de F. Castro y demás.

La colocación del líder en un nicho sagrado es parte de eso, pero hay algo más. Es la colocación del gobierno como un ser divino que todo lo ve, todo lo sabe y todo lo puede. Lo único que queda al ciudadano es rendirse ante el gobierno y seguir sus mandatos incondicionalmente.

Con una diferencia seria, el gobierno tiene el poder para exigir esa sumisión usando la fuerza, cosa que no tiene la religión. Esto es algo extraordinario. Llama la atención que personas que se burlan y ridiculizan a las creencias y dogmas religiosos sostengan dogmas y creencias gubernamentales.

Entonces queda más clara la idea: ha habido una sustitución de seres divinos; los sentimientos religiosos han girado y dirigido ahora a los gobernantes dejando atrás a los seres inmateriales y eternos. Una especie de paganismo político moderno.

Pero trasladando los mismos poderes y la misma perfección. No tiene caso creer en el paraíso futuro junto a Dios, porque ahora ese paraíso será construido en la tierra por algún gobierno. Un gobierno que tendrá sus fieles seguidores más sus apóstoles, como en el caso de F. Castro o los de H. Chávez.

Pero lo que más llama la atención no es que, por ejemplo, D. Maradona haya sido apóstol de esos dos dictadores, sino que personas comunes y corrientes tengan creencias llenas de fe injustificada en personas que son simples candidatos a puestos públicos.

Y es que aquí el juego es doble.

Por un lado usted tiene al gobernante mismo suponiendo que tiene poderes realizar sus planes, poderes ilimitados para propuestas ideales. Se ve él mismo como un redentor y no como un gobernante, incluso se compara con Jesucristo.

Por el otro, está el seguidor del nuevo ser superior al que adora más allá de toda duda y sin necesidad de conocer sus ideas. Hablan ellos de la visión del nuevo héroe a quien defienden, de su apertura, de sus loables intenciones, de su ansiedad justiciera, de su pasión caritativa, de su amor por la patria, de su vocación de servicio, de su ansia por proteger al débil…

Finalmente, el traslado de los poderes de Dios a los gobernantes tiene un problema obvio: ellos son tienen los poderes ni el conocimiento que suponen. Crearán no paraísos sociales, sino pesadillas nacionales. Se mantendrán el el poder no por benevolencia, sino por atrocidades.

Y, curiosamente, mantendrán a muchos de sus fieles.

Y algo más…

A lo que me he referido es la creencia generalizada de que ciertas personas poseen dones superhumanos que les permiten resolver todo problema, encarar toda dificultad y salir victoriosos; personas que tienen buenas intenciones y que tienen la capacidad para llegar a tener una sociedad ideal para todos, en la que nada falte y los ciudadanos pongan su vida en manos del iluminado.

La cita es mi traducción del original:

«Even as belief in a divine care-giver declined, the need for religious beliefs and certainties did not, and has found new expression in the hoped-for redeeming power and benevolence of secular rulers upon whom attributes earlier reserved for deities came to be projected». Hollander, Paul. From Benito Mussolini to Hugo Chavez: Intellectuals and a Century of Political Hero Worship (p. 21). Cambridge University Press. Kindle Edition.

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