Economía intervenida, al desnudo

Las propuestas de intervención económica estatal habitan en un mundo imaginario en el que todo es posible —y un comité de expertos puede tomar una decisión correcta sobre qué árboles sembrar en dónde, los productos que pueden importarse, o cualquier otra cosa.

Mi tesis es que ese mundo elevado e ilusorio, en el que se puede mover la intervención económica central, no tiene correspondencia con el mundo cotidiano y real de la economía diaria.

El lector puede pensar en que él es la persona que tiene a su cargo esa intervención económica de su país —siendo la máxima autoridad al respecto. Un cierto día tendrá que enfrentar decisiones específicas.

Se verá obligado a establecer la cantidad concreta de acero que puede importarse y las tarifas concretas que debe pagar esa importación. Tendrá que decidir la cantidad exacta de maíz y trigo que debe sembrarse y el precio de sus semillas; el monto específico del salario mínimo general y por profesión; la revisión de las tasas de interés; la regulación de productos alimenticios y sus autorizaciones legales…

Eso es solamente un día porque al siguiente la lista de decisiones será otra, con casos diferentes y circunstancias distintas —las que afectarán a decisiones previas y estas a las presentes.

¿Existe un marco teórico que contenga principios que guíen esas decisiones y las coloquen dentro de un esquema razonable justificado con información confiable? ¿O cada decisión será tomada aisladamente sin conexión con las otras, dependiendo del momento?

De hecho, el tomador de decisiones económicas centrales no cuenta con información completa acerca de cada decisión detallada, por lo que tendrá que aceptar generalidades —lo que eleva probabilidades de decisiones equivocadas,

Tampoco existe un marco teórico amplio, ni un modelo económico completo que pueda proveer principios que guíen esas decisiones específicas —mucho menos, los cálculos de consecuencias no previstas futuras y, tampoco, las interrelaciones entre las decisiones tomadas.

Ante esas carencias, las decisiones en una economía intervenida por el gobierno se toman de otra manera —una que es mucho más improvisada e impreparada.

El tomador de decisiones enfrentará las presiones de quienes se vean afectados o beneficiados por la decisión que tomará —un teatro político de conflictos de intereses que se presta a arreglos indebidos y produce un socialismo de amigos sin consideración alguna del bien del ciudadano.

El tomador de decisiones creará supuestos que llenen los vacíos de información económica —supuestos que no necesariamente coinciden con la realidad y que son producto de sus impresiones personales.

El tomador de decisiones de intervención económica estará influido por sus creencias personales —sus valores morales, políticos e ideológicos que le sirven para interpretar globalmente a la realidad sin importar su veracidad.

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Como consecuencia, la intervención económica estatal, incluso a pesar de tener intenciones admirables, posee defectos considerables: (1) carece de información necesaria y de modelo teórico, (2) se presta a corrupción de alto nivel, (3) opera bajo supuestos no verificados y (4) está sesgada por factores ideológicos.

Sucede eso porque la intervención económica se crea en un terreno idealista de buenas intenciones en el que la realidad, con sus detalles, es excluida. Los problemas surgirán cuando se tomen decisiones concretas y detalladas que no hayan sido previstas y, lo peor, se sufran fracasos y efectos colaterales indeseables.

Un ejemplo será de ayuda para comprender todo lo anterior —el de una de las propuestas económicas de López Obrador en su reciente libro:

«[…] se sembrará un millón de hectáreas de árboles maderables. […] en las Huastecas […] así como en todos los estados del sureste, caobas y cedros, [para] crear alrededor de 400,000 empleos anuales, arraigar a los jóvenes campesinos a la tierra […] y lograr la autosuficiencia en la producción de madera porque actualmente estamos importando 50 por ciento de la madera que consumimos». p. 200

Esa propuesta, como puede verse, habita en ese mundo imaginario de intenciones generales donde no tienen posibilidad de errar y que en el momento de aterrizar en la realidad se convierten en un embrollo de decisiones que no fueron anticipadas: lugares exactos, fechas concretas, precios precisos, consecuencias probables, costos de oportunidad, inversiones específicas, necesidades presentes y futuras, prioridades…

Para ninguna de las decisiones existe información concreta y actual, ni se conoce la interrelación con otras variables —ellas serán tomadas improvisadamente y con presión de intereses políticos y afectación ideológica. Un camino que lleva al fracaso y al desperdicio de recursos.

Nota del Editor

Lo escrito por Girondella me recordó a un alumno que afirmó que para la fabricación de bicicletas el gobierno podía calcular la cantidad de ellas que se necesitara en el país el año siguiente y producir ese número en una sola fábrica, sin que se desperdiciaran recursos en bicicletas que no se necesitan. Este es el mundo imaginario en el que todo funciona perfectamente.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.


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