grandes ideas

El egoísmo de la empresa. La falta de caridad del empresario. La acusación es frecuente y vehemente. Las apariencias engañan. La idea de A. Smith permite ver las cosas más fríamente y sorprendernos.

Introducción

Todo comienza con la división del trabajo y sus ventajas.

Si se une a la división del trabajo con el comercio, eso produce una fórmula de progreso impresionante: el bienestar mío depende de mis contribuciones al bienestar de los demás.

Es mi propio interés el que me fuerza a poner atención en el interés de los demás. Así comienza este examen sobre el egoísmo de la empresa para mostrar que las cosas no son tan simples.

La obra consultada para esta columna fue Adam Smith, Wealth of nations, a selected edition. (Kathryn Sutherland), Oxford University Press, Book  I, Chapter I y II, pp. 11-15.

Productividad y especialización

Lo primero que hace Smith es alabar a la división del trabajo. Esa división del trabajo es la causa de las mejoras en la productividad. 

El trabajo es dividido en muchas partes que no se ven con facilidad a primera vista. Como tampoco se ve con facilidad el interés propio de la empresa y su supuesto egoísmo.

Los alfileres

Smith usa el ejemplo de los alfileres. Una sola persona haciendo alfileres quizá no llegaría a veinte piezas diarias. Pero la división del trabajo es un proceso que divide en pequeñas funciones.

Diez personas haciendo alfileres, dice Smith, podrían llegar hasta las 48,000 piezas diarias. Es decir, bajo la división del trabajo, cada persona hace en realidad 4,800 piezas en lugar de las veinte que haría si trabajara sola.

La conclusión es natural, la división del trabajo eleva la productividad. Se hace más con los mismos recursos. Todo se debe a la separación de trabajos, oficios y especialidades.

Además, coincide que la división del trabajo es mayor en los países con mayores adelantos e industrias.

Especialización eleva productividad: 3 razones

Sigue por esta vía el examen acerca del egoísmo de la empresa. La especialización aumenta productividad. Smith dice que son tres las razones por las que la división del trabajo logra eso. 

1. Hay una mejora en la habilidad del trabajador

Con más habilidad es natural que se eleve la cantidad de trabajo realizado. El trabajo es reducido a una serie de operaciones sencillas que constituyen todo el trabajo y, con eso, se llegan a tener habilidad y presteza impensables en los novatos.

2. Hay ahorros de tiempo

Esto es posible pues ya no es necesario cambiar de un trabajo a otro. Esos cambios de trabajo toman tiempo y requieren cambios de lugar y de herramientas. 

3. Maquinaria facilita trabajo

Con la maquinaria adecuada existen ahorros de trabajo y hay más facilidad para desarrollarlo. Es natural que al poner atención en un solo trabajo, se pueden descubrir modos y maneras para hacerlo mejor y más rápido. 

Esas máquinas son en buena parte ideas que han tenido los mismos trabajadores que a fuerza de hacer lo mismo han desarrollado formas mejores de hacerlo.

Desde luego, esas máquinas y mejoras también son realizadas por los mismos fabricantes y por quienes observan las cosas y unen los poderes de cosas diferentes y distintas. 

Esta actividad de observación es en sí misma otra división del trabajo, que a su vez subdivide y mejora las habilidades, porque cada persona se vuelve experto en su campo y así se hace más trabajo total y la ciencia progresa considerablemente.

Multiplicación de bienes

La división del trabajo multiplica la producción de bienes a niveles enormes. ¿Qué hago con 4,800 alfileres?

Este aumento de producción, dentro de sociedades bien gobernadas, es causa de una gran opulencia que llega a todas las clases. 

Smith dice que un trabajador, dentro de la división del trabajo, dispone de una gran cantidad de productos producidos por él. Más de los que necesita y los demás trabajadores están en esa misma posición. 

Por tanto, como a todos les sobra eso que producen es posible el intercambio de una gran cantidad de trabajo propio por una gran cantidad de trabajo de otros.

Y esa abundancia se difunde por toda la sociedad. 

La vestimenta de un trabajador

Smith toma al más común de todos los trabajadores para ver su escasa y tosca vestimenta. Es obvio que una enorme cantidad de personas intervino en su producción. 

El hilador, el cortador, el comerciante. Y, si tomamos al cortador, se ve que este necesitó tijeras, mesas, hilos, agujas. Si tomamos las tijeras, su fabricante necesitó metales, fundiciones, minas… es infinito. El centro de esto es la cooperación. 

Sin la cooperación de un gigantesco número de personas, ese humilde trabajador no podría disponer de vestido.

Este es el gran punto de Smith, una de sus más famosas contribuciones, la cooperación entre los miembros de la sociedad. Y eso permitirá ver con con más precisión el egoísmo de la empresa.

Comerciar está en nuestra naturaleza

Para ir completando su razonamiento, Smith añade un rasgo importante en las personas y que no se encuentra en ningún otro ser de la Creación. Ese rasgo es la tendencia a comerciar e intercambiar bienes. 

Al vivir en sociedad necesitamos siempre la cooperación y la asistencia de millares de personas a las que nunca conoceremos. En nuestra vida conocemos personalmente a unas decenas o incluso centenas.

Pero necesitamos la cooperación de miles. Ese trabajador no puede pretender conocer a todas las personas que su ropa necesitó para ser fabricada. Sin embargo, se ha beneficiado del trabajo de ellas.

Egoísmo de la empresa, un nuevo examen

En vano podremos pedir la benevolencia y la caridad de esos miles para ayudarnos en nuestra vida.

Pero sí podremos interesarlos en ayudarnos al aprovechar su amor propio, si les decimos que es por su propio y personal bien hacer lo que requerimos de ellos. 

Dame lo que yo quiero de ti y te daré lo que tú quieres de mí. Si hacemos esto tendremos una gran abundancia. El egoísmo de la empresa o productor se convierte en intercambios voluntarios.

La gran sorpresa

No es la buena voluntad ni la caridad del panadero lo que nos permite llevar el pan a nuestra casa, sino el propio interés personal de ese panadero.

Apelamos, no a su humanidad, sino a su interés propio y no a nuestras necesidades, sino a las ventajas que él obtiene.

Es por trueques e intercambios, propios sólo de las personas, que nos hacemos de los bienes que necesitamos. Y es la disposición a intercambiar la que originalmente da ocasión a la división del trabajo.

No podemos fundamentar el bienestar en la benevolencia voluntaria de los demás hacia nosotros. Eso nunca haría que llegaran a nuestra mesa seis naranjas todos los días. 

El efecto de la especialización

Pero gracias a la división del trabajo, que nos permite producir más de lo que necesitamos de unos pocos artículos, podremos intercambiar con los demás lo que nos sobra.

Todos salimos ganando. Las naranjas llegarán a nuestra mesa siempre porque será de interés a su productor lograr satisfacer esa necesidad nuestra.

Sin la tendencia al trueque cada hombre tendría que valerse por sí mismo en todas las necesidades de su vida.

Mientras que con otros animales no sucede, las personas derivamos ventajas de las diferencias en talentos y habilidades y por medio del intercambio todos los hombres pueden comprar lo creado por el talento de los demás.

El egoísmo de la empresa

La genialidad de la idea de Smith radica en no negar el egoísmo de la empresa. Eso es cierto para todos, no solo el empresarios. Todos somos egoístas.

Muy bien, pero gracias a la división del trabajo y la abundancia de bienes que produce, intercambiamos esos bienes. Siendo libres esos intercambios, ellos deben beneficiar a las dos partes.

El egoísmo de la empresa, el de todos, se ha sublimado hasta convertirlo en la convicción de que se debe satisfacer a los otros si uno desea vivir mejor.

Y una cosa más…

El empresario, como un panadero, suele ser acusado de egoísmo, de querer sacar todo el provecho posible de su actividad incluso dañando a otros.

La acusación tiene su fundamento real, pero también lo tiene la especialización o división del trabajo, la que en una economía libre provoca que el empresario concluya que si quiere beneficiarse a sí mismo el camino más conveniente es beneficiar también a otros. La idea de la competencia económica.

La columna fue originalmente publicada en 1998. Aquí es presenta con escasas modificaciones.

[La columna fue revisada en 2019-06]