Una necesidad de simplificación. Simplificar para entender con más facilidad. Una necesidad de abreviar y reducir complejidad. La reducción de información que persigue encontrar una síntesis sencilla y accesible.

Suele acontecer cuando se habla de personajes notables a los que se asocia con una cierta idea concreta. Jobs y el iPhone, Edison y la electricidad, Einstein y la relatividad. Un autor ha anotado ese fenómeno:

«Cuando contemplamos grandes logros, nos gusta simplificar nuestra visión concentrándonos en momentos dramáticos y pintorescos, como pensar en César cruzando el Rubicón, en Napoleón sobre el puente de Arcole. En aras de esta concentración, los años no menos creativos de trabajo preliminar quedan en las sombras: el período de preparación, el momento de la organización paciente, la época en que se estaba incubando el hecho». Zweig, Stefan. Magellan: Conqueror of the Seas (Kindle Locations 1946-1951). Plunkett Lake Press. Mi traducción. 

No está eso mal en sí mismo. Es una forma de manejar la existencia simplificando decisiones. Sin embargo, hay casos en los que la simplificación presenta riesgos por convertirse en ignorancia que asume una posición de certeza.

Eso sucede cuando se desprecia el conocimiento completo que es necesario para formar una decisión sólida que produzca resultados acertados. Quizá el campo en el que peores consecuencias se sufren por esa simplificación errónea es la de la Economía.

«La mayoría no entiende como funciona la economía y lo poco que sabe suele estar errado. Esto ocurre también en países desarrollados. Encuestas realizadas en EE UU indican la gravedad y extensión del analfabetismo económico». abc.com.py

El problema se complica porque si la mayoría no sabe cómo funciona la economía, muchos suponen que sí saben porque la han simplificado.

Un ejemplo, el del comercio exterior al que entienden como amenaza nacional.

«Los economistas están de acuerdo que el libre comercio tiende a incrementar la producción y el empleo. La gente, en cambio, cree que la competencia de países más desarrollados puede destruir fuentes de trabajo, como advierten los empresarios y sindicalistas cuando buscan protecciones y exigen nuevas trabas al comercio. Es un error». Ibídem

Otro ejemplo, el de las empresas estatales a las que entienden como lo mejor que puede suceder para preservar empleos.

«[…]urge la privatización de las empresas estatales deficitarias. Pero algunos desconfían de la privatización, no porque creen que el Estado es capaz de ofrecer un buen servicio a bajo costo, con escasa corrupción, sino porque temen la pérdida de fuentes de trabajo. Es un error». Ibídem.

Y, también, la explicación de las subidas y bajadas de prechios, a las que se suele explicar como conspiraciones de empresas que persiguen ganar más y para eso reclaman la intervención estatal. Un mejor remedio es la competencia, el mejor freno que existe a las alzas de precios.

En fin, solamente he querido resaltar la atención sobre el fenómeno de la simplificación extrema de asuntos económicos y que se toma como conocimiento cierto y completo. Es eso que hace posible la desacertada acción de elevar salarios para aumentar poder adquisitivo o producir los alimentos que se consumen en el país.

La simplificación de la economía que supone un conocimiento cierto, que padece el ciudadano y el gobernante, tiene un costo grande.

«Esta laguna cultural [ignorancia económica] nos lleva a darle más poder a los políticos, que trae como consecuencia menos libertad y la falta de libertad se paga con pobreza». Cristian Álvarez.

Y una cosa más…

Hay una buena idea en «Amor a la ignorancia económica». También en «Sale caro la ignorancia económica».

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