La Constitución usada como una herramienta para implantar un diseño de sociedad que el legislador tiene ya en su mente.

Es la imposición de una constitución sacada de una imaginación abstracta sin apego a la realidad. Eso que suele ser la regla de quien piensa de cierta manera y quiere implantarla usando su fuerza política.

El suponer que su posición es un permiso abierto para implantar el proyecto que tiene en mente. Un ejemplo, la Constitución de la Ciudad de México que establece como deberes de quien allí vive:

«Ser solidario con la comunidad y ayudar a otras personas en caso de un accidente o desastre natural […] Conocer, valorar y conservar el patrimonio cultural, natural y rural de la ciudad […] Promover valores comunitarios». artículo 23

Un ejemplo solamente de ese enfoque que crea constituciones como instrumentos para la imposición de la idea previa, creada en lo abstracto (como la «más justa distribución del ingreso», art. 3, 2a; o que crea el «Instituto de Planeación Democrática y Prospectiva de la Ciudad de México» art.5, 2).

No es el único caso del uso de constituciones y leyes para implantar la idea que alguien ha desarrollado acerca de cómo debe ser la sociedad ideal según sus criterios. Por ejemplo, «todas las personas tienen derecho a la educación en todos los niveles», art, 8, A1.

Esa es una manera de hacer leyes, especialmente constituciones, y sigue ese camino usual de algunos que tienen una cierta idea acerca de la mejor sociedad posible, creada en abstracto, y al tener el poder implantan esa idea. 

La abstracción idealista quiere anular a la realidad. Hay, sin embargo, otra posibilidad para crear constituciones y leyes. Consiste no en crearlas desde una abstracción política o social, sino en encontrarlas en la realidad de cada país.

Encontrarlas en tradiciones y costumbres, en la tradición histórica, el sentido común de las personas, en sus ideales y ambiciones. Es un ir a la realidad y usarla como fuente que inspire a la ley máxima. En lugar de ser la abstracción utópica sacada de la especulación ideológica de algunos, es como un conjunto de hallazgos en la realidad del país.

Esos hallazgos de la realidad nacional, combinados con principios morales de justicia, libertad y similares, en manos de legisladores capaces, crean constituciones reales y posibles, que no son la imposición de una manera de pensar.

Lo que me lleva a distinguir a dos formas distintas de legislar, de crear constituciones. Dos tipos de legisladores:

1. El tipo de legislador que por la vía de la ley busca imponer su ideología, sus valores, su idea abstracta de una sociedad ideal. Es la implantación por la fuerza de su teoría, la de estructuras conceptuales abstractas.

Esto sucede típicamente en los regímenes de izquierda, cuando los legisladores sucumben a cosas como garantizar que todos tienen derecho a estudiar todo, suponiendo que eso es posible en su abstracción social.

2. El tipo de legislador que crea la ley, especialmente la constitución encontrándola en la sociedad real misma y con su arte y talento la convierte en ley suprema. No impone ni implanta, sino que descubre a la constitución en la gente y su historia.

Hacer esto coloca al legislador como un hábil artista que encuentra y descubre y crea leyes que son reflejo de la sociedad real y no la ambición personal de imponer una idea abstracta.

Este es el que tiene la desafortunada tarea de prevenir y decir «no, no es posible garantizar que todos estudien todo».

Y una cosa más…

Lo anterior es lo que plantea una pregunta en un libro cuando habla de las ideas de Thomas Nagel:

«¿Cómo es posible que los humanos se vuelvan independientes de sus historias, culturas, costumbres y tradiciones cuando los humanos son ineludiblemente seres históricos, culturales y consuetudinarios?» Julian Baggini;Peter S. Fosl. The Ethics Toolkit: A Compendium of Ethical Concepts and Methods. (Kindle Location 799). Mi traducción.

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