Existe una forma de esclavitud diferente a la tradicional y ella la implantan las políticas redistributivas de gobierno. Expliquemos esto comenzando por el principio.

Reclamos de derechos, como el de salud o educación, no son bien comprendidos. Se reclama el derecho a la educación y se entiende de manera equivocada, como el que terceras personas paguen la educación de otros.

También otras medidas, como el subsidio a agricultores, funcionan bajo el mismo principio, el de obligar a algunos a beneficiar a otros. El financiamiento a partidos políticos es otro caso: tomar dinero de ciudadanos para apoyar a partidos políticos por los que quizá nunca voten muchos de ellos.

Lo que intento resaltar es la conversión de los gobiernos en agentes redistributivos de recursos, que toman por la fuerza de unos de los ciudadanos, los acumulan y se convierten en sus propietarios y, más tarde, los distribuyen como dádivas o donativos a otros.

¿Es correcto hacer eso? Me refiero al proceso que se sigue en la redistribución de recursos (1) de sus propietarios originales, (2) al gobierno como su nuevo propietario y (3) entregados como concesiones a terceros seleccionados por el gobierno.

La respuesta a esa pregunta se encuentra claramente en una idea conocida. 

Los seres humanos somos todos igualmente dignos en nuestra esencia. Este es un pilar sobre el que se están cimentados el rechazo a, por ejemplo, la esclavitud, y las terribles matanzas realizadas por los regímenes nazi y soviético. 

Esta dignidad esencial universal tiene su aplicación práctica muy sabida: todo ser humano es un fin en sí mismo; ningún ser humano es un medio. Esto tiene su aplicación obvia: usted no puede ser el medio mediante el cual yo estudie mi carrera. Yo no puedo exigirle a usted que pague mis estudios, porque usted no es un medio a mi servicio.

Esto tiene sus consecuencias muy incómodas para muchas de las ideas más populares de nuestros tiempos. Los partidos políticos, por ejemplo, nos usan en México para financiarse con recursos que el gobierno nos ha quitado. Hemos sido usados como medios o modos de ayuda a esos partidos. Una violación de nuestra dignidad igual.

O tome usted, por ejemplo, la idea de que el gobierno garantice precios de compra a productos agrícolas. Este subsidio al campo suele ser propuestos por los ignorantes y aplaudido por los ingenuos, sin darse cuenta que implica que se usen como medios a algunos ciudadanos para beneficiar a otros.

El mandato que acepta que todas las personas tenemos la misma dignidad establece que nadie puede ser usado como un medio para beneficio de otro. Esto es lo que hace que la esclavitud sea reprobable y es lo que debería hacer que también lo fuera el financiamiento a partidos políticos (que es una modalidad actual de la esclavitud).

Y esto es lo que creo que bien vale una segunda opinión, el considerar la existencia de modalidades de esclavitud de nueva apariencia, esclavitud en dosis menores a la forma tradicional de esclavitud. Ellas suceden con la apariencia de que la persona sigue en libertad, pero sus propiedades son confiscadas. El resultado en pérdida de esa libertad.

«Sin propiedad privada las personas están a merced del poder político, pierden su independencia moral, no pueden desarrollar sus propios proyectos de vida, no existe prensa libre ni libertad de expresión, desaparece la solidaridad y la posibilidad de compartir y trabajar en conjunto». elcato.org

Lo que he apuntado es fácil de ver. Existe una forma de esclavitud diferente a la tradicional y ella la implantan las políticas redistributivas de gobierno. Toman ellas propiedades de unos para convertirlas en propiedad estatal y usarlas como métodos de dependencia de otros.

Lo que produce que no solo pierdan libertades los ciudadanos a quienes se confiscan sus propiedades, sino también aquellos a quienes se dan las dádivas quienes terminan siendo también menos libres y dependientes de la voluntad gubernamental.

Esta es la otra forma de esclavitud que se ha desarrollado en nuestros tiempos.

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