Ideas acerca de la racionalidad de los resultados electorales en México. Este es el tema que quiero tratar, pero desde un punto de vista especulativo. Teórico, si usted quiere llamarle así.

1. En una elección con más de dos candidatos se presenta una posibilidad curiosa y muy posible. La de que ningún candidato gane con la real mayoría del 51% de los votos.

Esto crea un problema de representatividad: incluso un candidato victorioso con el 49% de los votos debe reconocer que el 51% de los votantes no lo quiso como presidente, pues votaron por los otros y no por él.

No podrá decirse que es un elegido universal, ni que él representa a toda la gente, o al país entero. Esto, incluso si gana con un exagerado 55%.

2. El número de ciudadanos que no votan altera aún más lo anterior haciéndolo más extremo. Si el candidato gana con el 45% de los votos y con un abstencionismo del 40%, ello significa que en realidad el 27% del total de ciudadanos lo eligieron.

El resto preferían a otro (33%), o bien le daba igual cualquiera (40%). No podrá alegar el elegido que representa a la voluntad popular, ni que fue elegido por la mayoría.

Ni en este caso ni en el punto anterior podrá el ganador celebrar una victoria contundente.

3. La especulación sobre el efecto de candidatos sin posibilidad real de ganar. La existencia de estos candidatos altera los resultados.

Una, retirando votos a uno de los candidatos que en situación de dos hubiera ganado, pero ahora pierde (si los votantes del candidato sin oportunidad mantienen su voto).

Dos, aumentando votos a uno de los candidatos que en situación de dos hubiera perdido, pero ahora gana (si los votantes del candidato sin oportunidad retiran su voto original).

Y, por supuesto, una mezcla de esas dos direcciones.

En un poll de polls, al 18 de mayo, dos candidatos mexicanos aparecían sin oportunidad de ganar, entre ambos suman entre 5.3 y 8.9% de los votos, una cantidad que sería un ayuda significativa para el candidato que va en segundo lugar y que podría colocarlo en una zona muy cercana al empate estadístico (uno de esos candidatos ya abandonó la competencia electoral).

Y una cosa más…

El sistema electoral de elección por votos debe ser visto más como una manera rudimentaria de cambio pacífico de gobiernos, lo que ya es una gran ventaja y hace que la democracia sea ese sistema que es el menos malo de todos.

¿Elige a los mejores? Rotundamente no. Por eso, los gobiernos deben cuidar celosamente la división de poder y mantener la certeza de futuras elecciones que vuelvan a hacer posible cambiar pacíficamente de gobierno.

¿Puede el ganador sentirse representante de toda la nación? Absolutamente no. Por eso, el ganador debe ahora comprender que las elecciones han quedado atrás y ahora gobernará para y con todos, incluyendo a sus opositores.

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