Estupidez, nuestra enemiga

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Es la posición eficiente. Basta estar «indignado moralmente» para elevarse por encima del resto de los mortales.

No hay necesidad de más que mostrar una actitud de indignación moral para obtener una posición de respeto y admiración. No hace falta pensar, ni razonar, ni observar.

No sorprende, por tanto, que bajo las declaraciones de indignación moral se encuentren incongruencias. No hace mucho leí una que decía que mientras Hollywood se indigna ante situaciones de acoso sexual, produce películas como 50 sombras de Grey y sus secuelas.

Mi punto va un poco más allá hasta algo que creo que merece una segunda opinión. Me refiero al abandono de la razón.

El más grande enemigo que tiene la humanidad es la estupidez. Estupidez entendida como el resultado de dejar de pensar, de razonar. Es lo que se entiende como idiotez, memez y sandez.

Esto es algo que no necesita confirmación formal y detallada. Lo sabemos porque la enfrentamos a diario.

Las leyes de la estupidez, de C. M. Cipolla tratan el tema con gracia y medio en broma. Su primera ley es sagaz: las personas calculan siempre que existe un menor número de estúpidos que el real; siempre hay más de los que usted cree.

Por eso es temible, porque abunda. Facundo Cabral lo expresó con eso de que los pendejos son muchos y, por eso, un riesgo significativo:

«Porque son muchos, no hay forma de cubrir semajante [sic] frente, y por temprano que te levantes adonde vayas ya estas [sic] lleno de pendejos. Y son peligrosos porque al ser mayoría eligen hasta el presidente. Y los hay de toda categoria [sic]» musixmatch.com

No solo es broma. Tome usted la obra de B. Tuchman The march of folly: from Troy to Vietnam y verá cómo tiene una manifestación en la política, el escenario en el que es más visible. Seleccionar políticas equivocadas de gobierno y mantenerlas a pesar de sus malos resultados es quizá el clímax de la estupidez humana.

Ni siquiera esos que suponemos que son seres pensantes son ajenos a la estupidez, los intelectuales. El libro de Paul Hollander. From Benito Mussolini to Hugo Chavez: Intellectuals and a Century of Political Hero Worship está lleno de casos que demuestran lo opuesto.

No me refiero a la estupidez ligera, producto de distracciones y descuidos, sino a la que es causada por una posición personal que combina ignorancia consciente y confianza. Lo descrito como

«e[…] el más alto de estupidez y aparece en aquellas personas que asumen situaciones de riesgo (de cualquier tipo) a pesar de que carecen de las habilidades o conocimientos necesarios para resolverlas» abc.es

Con una adición indispensable, la de difusión de riesgos y daños. Un inversionista que pierde su fortuna por este tipo de estupidez que combina ignorancia con confianza lastima a un número reducido de personas, él y sus familiares o allegados. Llamemos a esto estupidez privada.

No sucede eso con la estupidez de otro tipo, la pública. Es esa por la que millones sufren daños incalculables debido a las acciones idiotas de gobernantes que con poco conocimiento y mucha confianza realizan acciones que piensan correctas cuando no lo son.

Lo que he hecho es refinar el concepto de estupidez.

— Es innegable e inevitable.

— Su mayor intensidad se da en las personas que combinan ignorancia con certidumbre. Y esta intensidad aumenta aún más cuando eso se vuelve un patrón consistente de conducta personal.

— Su peligro comúnmente reconocido es el gran número de personas. Nadie está exento de ella, aunque existen personas notablemente propensas y son muy numerosas.

— Su peligro usualmente ignorado es la amplitud del impacto de la estupidez. Es el terreno público, de gobierno, en el que ese impacto se magnifica al máximo posible.

De lo anterior puede derivarse una conclusión inevitable: la peor estupidez es la pública y ella es imposible de evitar, aunque pudiera reducirse a niveles aceptables. ¿Cómo?

La solución es conocida, dar el menor posible poder al gobernante. No nos quitaremos su potencial estupidez pero acotaremos la amplitud de sus impactos. Un análisis de la estupidez, sus leyes, tipos y efectos muestra que ella es un riesgo político constante e inevitable.

Y una cosa más…

Quizá agrade al lector leer algo sobre el tema, «Las leyes de la idiotez»

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