Evaluar propuestas de gobierno

,

¿Por qué una política de gobierno es una buena política, o una mala? La pregunta no puede ser respondida haciendo una lista de sus beneficios e intenciones.

Esta es la idea que expone S. E. Landsburg en uno de sus libros revelando que la mayoría de las evaluaciones que se hacen de cualquier política gubernamental son erróneas.

Landsburg comienza estableciendo una regla esencial para analizar políticas y propuestas de gobierno: ella no puede ser calificada como deseable mencionando los beneficios que de ella se esperan.

Cuando alguien defiende sus propuestas haciendo una lista de los buenos efectos que esas propuestas tendrán, se viola esa regla. Cualquier propuesta, así sea la más alocada, puede encontrar una lista de beneficios que ella tendrá, o que se espera que tenga.

De ese principio se deriva otro: cuando alguien quiera defender una política o una propuesta de gobierno no debe probar que ella hará un bien, sino demostrar que hará más bien que mal.

El principio correcto para evaluar propuestas es entonces probar que harán más bien que mal. El principio incorrecto es hacer solamente una lista de las cosas buenas que logrará.

Esto es reconocer que la realidad es compleja y que en el mundo real las políticas de gobierno producen una innumerable cantidad de compromisos o compensaciones de ganancias y pérdidas entre una enorme cantidad de personas.

Landsburg usa un ejemplo, el de un plan de salud propuesto por un candidato que dará beneficios de 1,000 millones a las familias más pobres del país. Al mismo tiempo, los segmentos de mayores ingresos verían aumentados sus impuestos totales en 1,500 millones.

¿Hace esa propuesta más bien que mal? Todo dependerá de lo que quiera definirse como «más» en ese principio de más bien que mal. El asunto es complejo, muy por encima de la vaga idea general de ayudar a los pobres haciendo menos ricos a los ricos. Y va más allá de hacer una lista de pros y contras sin considerar que en algún punto deberá decidirse cuántos contras se necesitarán para anulas a los pros.

Pueden usarse expertos que haga cálculos y den cifras, pero cuando «los costos están medidos en manzanas y los beneficios en naranjas», esos números no son guías para alumbrar la decisión correcta.

Una propuesta de gobierno para reducir las tasas de interés alegando que ello ayudaría a la adquisición de viviendas por medio de hipotecas, es otro ejemplo de Landsburg.

Por supuesto, es obvio que tasas de interés inferiores serán de gran ayuda a esos jóvenes que quieren comprar casa propia. Considerar este beneficio es violar el principio de evaluación de políticas de gobierno, el de demostrar que hará más bien que mal.

Las tasas bajas de interés, del otro lado, lastiman a ahorradores y jubilados. De allí la necesidad de que la defensa de la reducción de las tasas de interés tenga que demostrar la razón por la que debe ayudarse a los compradores de casa y dañar a los ahorradores y jubilados.

En otras palabras, debe justificar no porqué es bueno ayudar a quienes piden créditos hipotecarios, sino porqué al mismo tiempo es bueno ayudar a los que solicitan hipotecas y dañar a ahorradores y jubilados.

La idea central es clara y puede ser expuesta en dos partes:

1. Una evaluación incompleta y errónea de cualquier política y propuesta de gobierno es la que solamente hace un recuento de las cosas buenas y beneficios que ellas lograrían. Exaltar las ventajas de la propuesta o política no justifica su aplicación.

2. Una evaluación completa y correcta de cualquier política y propuesta de gobierno es la que demuestra que su implantación hará más bien que mal. Un cálculo del efecto neto de las consecuencias buenas y malas de la política o propuesta.

3. Aún así, ese efecto neto del «hacer más bien que mal» necesita un criterio moral para ayudar a la evaluación de la política o propuesta en cuestión.

La idea de Landsburg acerca de cómo evaluar políticas, propuestas y acciones de gobierno es una herramienta de tremenda utilidad porque enfatiza el asunto de los efectos no intencionales de tantas medidas superficialmente aprobadas por considerar solamente sus buenas intenciones.

Es un error persistente el que gobernantes y candidatos defiendan sus ideas usando una lista de los beneficios que ellas tendrían. Es una equivocación persistente el que muchas personas comunes acepten esas ideas poniendo atención solo en los beneficios que les aseguran que tendrán.

La inevitable complejidad del mundo real hace imposible que alguna de esas ideas tengan solamente efectos benéficos sin consecuencias negativas. Es una obligación racional el considerar esas consecuencias dañinas e incorporarlas en la evaluación de políticas públicas.

Cuando cualquiera desee defender una política de gobierno no debe probar que ella logrará muchos bienes, sino demostrar que tendrá más bienes que males.

Nota del Editor

El libro usado en esta columna es el de Steven E. Landsburg, The Armchair Economist: Economics and Everyday Life (New York: Free Press, 1995), 50-51.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural. Cree en la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.
La colección completa de resúmenes de AmaYi en tres partes, puede encontrarse aquí:
Ideas Económicas
Ideas Políticas
Ideas Culturales
La sección Grandes Ideas en ContraPeso.info fue fundada en septiembre de 1995 y desde entonces publica un resumen mensual de grandes ideas encontradas en diferentes publicaciones.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *