Gobiernos como burla

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Si se le pregunta a un liberal cuáles son las funciones de un buen gobierno, con buena probabilidad responderá con sencillez: «la protección de la libertad de las personas, sus propiedades y la resolución de conflictos entre ellas».

Esa, o variaciones de esa respuesta, es una creencia clave del liberalismo —un gobierno limitado a esas tareas, pero con poder suficiente como para realizarlas correctamente. 

La descripción de ese gobierno protector de libertades y propiedades ha sido objeto del sarcasmo de sus opositores —los que califican a ese gobierno limitado como un «guardia de noche», un estado vigilante nocturno:

«En el sentido más estricto, es un estado cuyas funciones legítimas únicas son proporcionar a sus ciudadanos los militares, la policía y los Tribunales de justicia, conservando los poderes ejecutivo, judicial, y legislativo, protegiéndolos así de la agresión física, el robo, el incumplimiento de contrato y fraude y la imposición de las leyes de propiedad (derechos de propiedad)». es.wikipedia

Destaco el aspecto burlón con el que se habla del estado vigilante nocturno que suelen proponer los liberales —un gobierno con poderes divididos y funciones más allá de las que no deben salir.

No es que se critique racionalmente al estado vigilante nocturno, sino que se le mira como una broma y una bufonada —algo ridículo que no merece siquiera más consideración que el ridículo inmediato.

Mi punto es que si a burlas se va, no veo razón por la que no sea un gran objeto de chacota el gobierno que proponen los socialistas —uno que es definido como una solución universal de problemas para el que no hay tarea que no pueda cumplir.

Es en resumen, el contraste entre un gobierno especializado y acotado, contra un gobierno todopoderoso que todo lo cree saber. ¿Cuál de ellos puede ser el más claro objeto de burla?

El punto central es el de la posición que más se acomoda a la producción de sarcasmos e ironías —el gobierno que se limita a cuidar libertades, propiedades y orden, o el que se piensa en capaz de decirle a los demás cuál es la mejor educación para sus hijos o cuánto deben pagar por el pan.

En su fondo, ya fuera de burlas y bromas, el tamaño del gobierno —expresado como la amplitud de sus funciones y responsabilidades—, es el meollo del tema que está a discusión y que tiene un reflejo en la cantidad de recursos que maneja a su discreción.

¿Es una institución cualquiera lo suficientemente conocedora y eficiente como para manejar simultáneamente la aplicación de las leyes, su creación, relaciones internacionales, policía y servicios públicos, pero también producción de energía e hidrocarburos, educación, comercio, transportes, inversiones empresariales, precios, etc.?

Este video muestra ese potencial de hacer chistes que tiene el gobierno que cree que todo puede hacer.

O este otro chiste acerca de los gobiernos:

Cambios de sustantivos en Cuba: Al autobús le dicen aspirina… una cada cuatro horas. Al bistec le dicen Jesucristo… porque se habla de él, pero nadie lo ha visto. Al refrigerador le dicen coco… porque adentro sólo tiene agua. A la Habana Vieja le dicen Hotel Carimao…. si no te bañas rápido, te quedas enjabonao».

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