¿Ha fracasado el socialismo?

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No ha fracasado el socialismo, pero sí ha defraudado en sus propósitos es la idea de Alberto Mansueti en esta columna. Agradecemos al autor el amable permiso de publicación.

Socialismo es el «sistema de organización social y económica basado en la propiedad y administración colectiva o estatal de los medios de producción y distribución de los bienes», según el DRAE, Diccionario de la Real Academia Española.

En otra acepción, también es la «teoría económica y política del filósofo alemán Karl Marx, que desarrolla los principios de igualdad política, social y económica de todos los seres humanos».

A juzgar por los resultados de las experiencias de los países que han practicado este sistema, con base en esa teoría, parece que sí ha fracasado.

Y en América Latina hemos tenido y tenemos muchas de esas experiencias; ahora mismo en Venezuela, por ejemplo.

Hay otra acepción para la palabra ‘socialismo’ en el DRAE, y nos remite a socialdemocracia. En la entrada correspondiente, dice que es el «movimiento político que propugna un socialismo democrático y reformista».

Alude a la diferencia entre el socialismo revolucionario, que impone una «dictadura del proletariado», estilo soviético, y el socialismo democrático, que es reformista, estilo países nórdicos, siempre citados como ejemplo de socialdemocracia exitosa.

Pero, ¿de cuáles reformas estamos hablando?

«Déjame llamar a un experto», como dice Rick, el personaje de El Precio de la Historia, dueño de una tienda de antigüedades en la serie televisiva.

El experto es Karl Marx, sin duda; y estamos hablando de antigüedades políticas, porque la lista de las reformas fue escrita en 1848 nada menos, en el Manifiesto Comunista de Marx y Engels.

Si Ud. lo revisa, va a ver que son exactamente las 10 reformas aplicadas en los países de la órbita soviética por medios violentos, y en los nórdicos por medios no violentos, desde los años ‘20.

La diferencia ha sido sólo en los medios; porque las políticas son las mismas:

(1) Reforma agraria; (2) impuesto progresivo a los ingresos; (3) impuesto a la herencia, hasta suprimirla; (4) estatización de empresas extranjeras y activos privados; (5) Banco Central, con monopolio de emisión; (6) ferrocarriles y transportes del Estado; (7) Fábricas, fincas y comercios estatales; (8) Leyes laborales; (9) retenciones a las ganancias en minería, recursos naturales, y haciendas agropecuarias; (10) Educación socializada.

En los países del ex bloque soviético, se sabe lo que pasó. En los países nórdicos, la información que se tiene es bastante defectuosa: por lo general se cree que las políticas marxistas fueron y son un éxito, el cual se atribuye al hecho de haber sido progresivamente introducidas en democracia, con partidos socialdemócratas ganando elecciones, y respetando las libertades democráticas.

Pues no. En los años ’80 y ’90, el fracaso del modelo sueco, tras medio siglo de practicarlo, era evidente; y los partidos de la derecha comenzaron a ganar elecciones, y a revertir mucho de las reformas del Manifiesto.

Llamemos a otro experto, el chileno Mauricio Rojas, testigo presencial de este proceso.

Miembro activo en su juventud del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), Rojas dejó Chile en 1973, a la caída del gobierno socialista de Salvador Allende, y se radicó en Suecia, el paraíso socialdemócrata.

Allí colaboró primero con un partido centrista, que se llamaba «Moderado». Y a poco se convirtió al liberalismo, hasta el punto de adherir al Partido Liberal, en el gobierno sueco por aquellos años, y Rojas llegó a ser parlamentario en el Riksdag, en la bancada de ese mismo partido.

En más de 20 libros, como Suecia después del modelo sueco, el más traducido y vendido, Rojas nos cuenta cómo el viejo Estado de Bienestar inspirado en el marxismo clásico, fue transformado por completo, cuando se dejó cada vez más amplio espacio para las empresas privadas y los incentivos de mercado, es decir, «pérdidas y ganancias», incluso en educación, medicina, y atención a los jubilados y pensionados.

Rojas, quien desde 2016 dirige la Cátedra Adam Smith en una Universidad chilena, nos explica cuál fue la clave del cambio en Suecia, y en los demás países nórdicos, que siguieron ese mismo camino. El secreto es el reconocimiento moral del motivo de lucro, como éticamente válido.

Rojas tiene razón. Todo gira en torno a admitir o no la moralidad de la ganancia como estímulo y movilizador de la acción humana, no importa si es para vender zapatos y refrescos, o es para vender educación, atención médica, y planes de jubilación. ¡Eso es todo!

Por mi parte, suscribo lo que dicen muchos buenos autores liberales, gente más acreditada que yo para escribir sobre el tema, acerca de dos motivadores, entre los de mayor peso en la raza humana: el móvil de lucro, y el móvil de poder, respectivamente.

En un caso, se busca servir a las necesidades de las personas, para obtener así una ganancia, como lo explicó de maravillas Adam Smith. En el otro caso en cambio, se busca lo contrario: dominar a las personas, para servirse de ellas.

Esa es una de las razones por las cuales el capitalismo es cristiano, y el socialismo no, jamás. En el socialismo hay que distinguir dos cosas: las palabras y los hechos, que van en direcciones contrarias. En las palabras, que mucha gente cree, ingenuamente todavía, se busca «servir a los demás»; pero no desde una tienda, un kiosco, una fábrica o una hacienda, sino desde el poder. Ese es el otro secreto.

El socialismo descalifica y luego suprime la ganancia como incentivo; los beneficios monetarios se castigan severamente con impuestos, multas, inflación, cárcel, fusilamiento, lo que sea.

Y asistimos a la abolición de los incentivos de mercado y los negocios privados, en medio de un feroz y compulsivo adoctrinamiento, por todos los medios a la mano, desde el poder, buscando cambiar nada menos que la mente y la naturaleza humanas.

Pero las izquierdas no han fracasado, como repiten los liberales académicos. Por lo general han logrado sus propósitos, los verdaderos: conquistar y conservar el poder, como sea.

No han fracasado; han defraudado en sus propósitos declarados, a todos quienes creyeron en sus palabras. Es otra cosa.

Demasiadas personas no saben qué es el socialismo en realidad: un pretexto de las izquierdas, para ocultar una desmedida ambición de poder, de dominio sobre las personas y actividades, y un anhelo de disfrute de todos los privilegios que se anexan a esa clase de poder, absoluto.

No les conocen, por eso aún creen en sus candidatos, y en sus partidos, que pueden llevar cualquier nombre menos «socialista» en la etiqueta. Además de votar por ellos, muchos les donan horas de trabajo voluntario, e incluso hasta dinero.

Son las bases, el pie de fuerza de las izquierdas. Después se sienten defraudados; y creen que el socialismo ha fracasado. O repiten: «esto no es socialismo, es un seudo-socialismo».

Pero para cambiar esta cultura anti-lucro, y revertir esa confianza que tantos todavía depositan en el socialismo, en el Foro Liberal de América Latina no hacemos lo que Rojas hace en Chile: sólo escribir libros y dictar conferencias, desde la cátedra universitaria o de un tanque de pensamiento. Eso no sirve.

Hacemos lo que Rojas hizo en Suecia: meterse en un proyecto político, en un partido, y hacer campaña para ganar elecciones. Eso sirve. Pero es el tema del libro que estoy escribiendo.

¡Hasta la próxima!

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