Ideología burguesa, el truco

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El vivir como un capitalista, o ser un capitalista, significa que las ideas que se tienen son capitalistas —es decir, están distorsionadas para poder defender la posición propia.

En otras palabras, si la persona pertenece a la burguesía, las ideas que posea, por ejemplo, sus conceptos morales, estarán sesgados de manera que constituyan una defensa de la burguesía en general.

O, como escribió Mises.

«Lo que la mente produce no puede ser nada más que “ideología”, es decir, en la terminología marxista, un conjunto de ideas que disfrazan los intereses egoístas de la clase propia del pensante». Ludwig Von Mises, Human Action: a Treatise On Economics, 3rd ed. (Chicago: Henry Regnery Company, 1966), 74.

Eso es lo que propone el marxismo: la posición burguesa de la persona es causa de la forma de pensar del burgués y está construida de manera que constituye una defensa de su posición —sin que exista escapatoria.

Si acaso un economista es burgués, entonces por definición sus ideas económicas solamente tienen la utilidad práctica de defender a la burguesía —y lo mismo le acontece al empresario que por definición es burgués, o a cualquiera otro que sea clasificado como perteneciente a la burguesía (o «fifí» como se llama en México ahora).

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Del lado opuesto, existe la mentalidad proletaria —en el dualismo marxista—, quienes son proletarios tienen también su modo de pensar, aunque con una salvedad: su manera de pensar es la correcta y acertada. No está distorsionada por sus intereses de clase.

Esto le sucede, por causa de algún extraño suceso, a algunos burgueses —los que se liberan de su ideología burguesa y son capaces de tener el conjunto de ideas proletarias, que son las correctas y reales. Marx y Engels, ambos perfectamente burgueses, fueron de los pocos que escaparon a la condena ideológica de la burguesía.

Este es el fenómeno del sesgo ideológico que Schumpeter examinó con éxito.

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Llego así a mi punto: si la persona A expresa una opinión que defiende al capitalismo, la persona B, que es marxista, suele atacar la opinión de A con una afirmación contundente —la que puede expresarse en una narrativa como ésta:

«Eres un burgués y, por tanto, tus ideas son burguesas y todo lo que quieres es defender sus intereses. Yo no soy burgués y no tengo la mentalidad burguesa, por eso mis ideas son correctas».

El efecto global de tener ese defensa es abrumador —pues todos los que expresen críticas al marxismo serán descalificados en masa sin examinar el más leve detalle de lo que afirman —con la realidad de que muchos gobiernos socialistas recurren al mismo mecanismo.

Esta estratagema para destruir a quien piensa diferente es usada con liberalidad y con un mecanismo igual.

Una feminista puede desacreditar a cualquiera que este en su contra afirmando que se trata de un caso «machista falócrata violador» al que no hay que poner atención —porque al ser hombre lo que él piensa está destinado a defender al dominio masculino.

Se trata de una falacia informal que usa una artimaña oculta de descalificación del opositor —al que acusa de estar en el error inevitablemente porque solo defiende sus intereses egoístas—, por lo que no es necesario siquiera escucharlo.

Addendum

Una variación de esta falacia es la siguiente, con la usual acusación de ideología que defiende intereses:

«“El Reforma, como emblema de la prensa conservadora, fifí, no es capaz de rectificar cuando difama, como lo hizo ayer con el supuesto pago de Morena de 58 millones. En su código de ética no importa la verdad, sino los intereses y la ideología que representan. Mejor seamos libres”. López Obrador

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