Igualdad de oportunidad: consecuencias

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La aceptación de la realidad es un trago imposiblemente amargo para muchos —como, por ejemplo, para quienes sostienen la necesidad de igualar las oportunidades económicas para todos en una sociedad.

Son quienes eso proponen los que razonan de la manera siguiente:

En una sociedad en la que se tiene una economía libre, competitiva, con escasa intervención gubernamental, no todos tienen la misma oportunidad de mejora económica y eso está mal —razón por la que deben igualarse las oportunidades económicas de avance material para todos.

«Para que la igualdad no sea simplemente una cuestión formal y teórica es necesario que en una sociedad se pongan en marcha políticas de igualdad de oportunidades. En otras palabras, la igualdad de oportunidades implica que todos los individuos, independientemente de su origen o condición social, deben tener la posibilidad de disponer de los mismos recursos o servicios (las oportunidades) para desarrollar sus vidas». definiciónABC.com

El razonamiento de los partidarios de la igualdad de oportunidad van más allá de la igualdad de derechos y de aplicación de la ley —lo que ya en sí mismo es una parte de la igualación de oportunidad— y proponen igualar las condiciones económicas.

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¿Sucede esa desigualdad de oportunidad económica en una sociedad de economía libre? La respuesta es afirmativa —en una sociedad de esa naturaleza las oportunidades económicas de las personas con ingresos bajos están más limitadas que las de las personas con ingresos altos.

Es imposible negar que una de las consecuencias de la libertad económica es la desigualdad de resultados, o sea, de ingresos y riqueza personal. No hay manera de evitar esta desigualdad económica y su consecuencia, la desigualdad de oportunidades materiales.

En esa economía libre, los ingresos son proporcionales a las acciones e iniciativas de las personas —con factores aleatorios—, lo que constituye un incentivo al trabajo, al esfuerzo y en general a la innovación empresarial. No todos son así y sería injusto que todos recibieran lo mismo a pesar de acciones diferentes.

Si se pretende igualar las oportunidades materiales solamente existe una manera: empeorar la situación de quienes han trabajado más o han tenido más iniciativas —una posibilidad que tiene poco sentido ético. Castigar al mérito no es precisamente un acto de justicia.

Este es un problema práctico de la propuesta de la igualación de oportunidad material —más allá de la igualdad de libertades y derechos. ¿Cómo tener esa igualdad sin empeorar a quienes justifican sus ingresos elevados?

¿Hay alguna forma de hacerlo? Responder a esto será deber de los proponentes de la igualdad de oportunidades materiales o económicas. Hasta donde sé, no ha habido una respuesta satisfactoria y todas sus acciones recomendadas son redistribucionistas.

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Lo anterior lleva a otra consideración vital. Si los proponentes de la igualación material de oportunidades desean respetar el derecho a la libertad, deben encontrar cómo igualar esas oportunidades sin crear un gobierno que viole ese derecho.

Es decir, a menos que retiren libertades, ellos no pueden usar a los gobiernos como instrumentos de igualación de oportunidades materiales —el que quita recursos a unos para darlos a otros.

Aumentar el poder del gobierno sería una consecuencia indeseable que imagino que no quieran sufrir los promotores de la igualdad de oportunidad material. Aunque cabe la posibilidad de que en realidad quieran correr ese riesgo muy peligroso.

Otra pregunta real que deben responder es la de si la igualdad de oportunidad material que proponen alteraría a la sociedad de manera que todos empeoraran su situación —especialmente los de menores ingresos.

En una sociedad de economía libre es cierto que existe desigualdad económica y, por tanto, desigualdad de oportunidades materiales, pero ¿cuáles serían los efectos de igualarlos? Me refiero a consecuencias no previstas.

Optar por políticas redistributivas aumentaría el poder gubernamental y todos perderían libertades —todos, incluyendo los de mayores ingresos, pero también los de menores ingresos.

Además, habría un impacto en el estándar general de vida —el de un avance económico menor ocasionado por el mayor poder del gobierno que disminuye la libertad económica y sus incentivos.

Es perfectamente posible que los de menores ingresos redujeran su estándar de vida en una sociedad con menor desigualdad de oportunidad material —y sufrieran de la dependencia gubernamental que se volvería su nuevo modus vivendi.

No aumentarían realmente su igualdad de oportunidad material sino que dependerían de otra desigualdad, la que tendrían diversos grupos de presión para conseguir los repartos gubernamentales.

Finalmente, lo que he intentado hacer es añadir realismo a las peticiones de igualdad de oportunidad económica mencionado algunas de las desventajas que se presentan cuando se intenta realizar por medio de redistribuciones gubernamentales.

Además, es importante que se reconozca la diferencia entre pobreza y desigualdad —para aceptar que la primera es el problema real.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.

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