Cobrar impuestos y hacerlo por todos los medios. Un camino usual para gobiernos —los que no tienen otra manera de obtener ingresos que meter la mano en las billeteras privadas.

Un ejemplo durante los tiempos de la Colonia en América Latina:

«Los principales ingresos oficiales que se esperaba pagaran todas las instituciones del imperio en las Américas fueron, primero, la quinta, una palabra que significa un quinto del producto del lugar en cuestión (oro, plata, diamantes y otras piedras preciosas); segundo, el almojarifazgo (un arancel aduanero); tercero, los tributos de los naturales (nativos); cuarto, otros impuestos como la media anata sobre cargos eclesiásticos y civiles, y la cruzada, un impuesto que se suponía anticipaba la buena vida en el otro mundo». Thomas, Hugh. World Without End: Spain, Philip II, and the First Global Empire (Kindle Locations 1466-1471). Random House Publishing Group. Mi traducción. 

Una constante humana esta de obligar a las personas a dar recursos a los gobiernos —pero que en estos tiempos tiene una justificación curiosa, la de que no afectarán a quienes menos tienen.

Los gobiernos de la actualidad tienen un hábito de crear impuestos por cualquier motivo y a los que califican de beneficiosos porque no lastiman a los pobres sino a los ricos —como si la clase media no existiera y fuese legítimo sacrificar a segmentos minoritarios.

Se crean, con esa justificación, impuestos progresivos a los ingresos, a las ventas, a los combustibles, a la electricidad, a viajes, a operaciones bancarias, a dividendos, a lo que pueda imaginarse.

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¿Es cierto que los impuestos son solo pagados por los ricos? Por ejemplo, un impuesto a los combustibles o a los dividendos o a las utilidades mayores, ¿afectará solo a los de mayores ingresos?

En apariencia sí —al menos en la superficie y según la opinión de los gobernantes que afirman que esos impuestos no serán pagados por los de menores ingresos. ¿Es cierto eso?

Realmente no —gracias a los vasos comunicantes de la economía, esos impuestos terminan afectando a todos y no solo a los ricos a quienes van dirigidos. Los impuestos son un costo de pertenencia a la sociedad, sin importar quién los pague —y ese costo se distribuye en todos. Incluso entre quienes no tienen automóvil, pero usan o consumen servicios y bienes que aumentan sus costos por un impuesto a la gasolina, por ejemplo.

Los impuestos en su totalidad son costos sociales —precios que todos pagan de una manera u otra. Si físicamente y en apariencia un impuesto a las utilidades es pagado por empresas grandes, esa impresión es equivocada, pues significa un aumento a los costos de producción de bienes que todos consumen.

Y, en conclusión, resulta algo muy extravagante afirmar que se vivirá mejor en una sociedad en la que se elevan los costos de producción de los bienes y servicios —los pague quien los pague.

Addendum

Hay una interesante lista de impuestos extraños en CurioSfera.

Gracias al editor por la referencia del libro de Hugh Thomas.

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