Intelectuales y poder

El concepto es fascinante. El de los intelectuales. El de la elite intelectual. Esa criatura muy de nuestros días y entendida como un ser superior al que debe escucharse debido a su postura crítica.

Una postura a la que el intelectual pide que el resto volteen porque merece atención. El supuesto es creer que sus ideas y sus emociones son dignas de un respeto superior. El conjunto de ellos forma una clase separada dentro de una sociedad a la que observa desde afuera.

Es llamativo que esa clase sea auto nombrada: el intelectual se coloca a sí mismo en esa posición de superioridad. Algo llamativo en tiempos en los que la democracia se entiende como igualdad a toda costa y el número de votos es una solución universal.

En el intelectual hay dos componentes.

Uno es la aceptación general. El consenso amplio de reconocerlo como superior por parte de buena cantidad de personas.

Dos, el más importante, el de la asignación personal de una posición de observador crítico capaz de hacer recomendaciones y sugerencias que mejorarían a la sociedad. Una clase social productora de sugerencias críticas acerca de la vida del resto, sin que se solicite responsabilidad ni, a veces, conocimiento.

No son de ese tipo los productores de ideas, filósofos actuales como Charles Taylor, o Roger Scruton, que son productores de ideas, explicaciones y conceptos. El intelectual debe ser popular y conocido, en cambio, de estos pocos han oído.

El intelectual no crea ideas originales, más bien las toman de otros, a su gusto, y sobre eso construye su rango superior frente al resto. Y si crea esas ideas lo hace con escasa disciplina, atendiendo más al logro de popularidad que a la razón.

O, mejor dicho, mientras otros intentan conocer más a la realidad, el intelectual trata de modificar a la realidad a su modo de pensar (porque es su modo de pensar lo que más importa). Pero, quizá el rasgo esencial del intelectual es su ambición de poder.

La clase intelectual, por definición, tiene pasión por el poder. Su ambición es manera a otros de manera tal que sus ideas sean puestas en marcha. Nada hay más querido para el intelectual que sus ideas se realicen a toda costa. De aquí su usual amistad con los gobiernos, la mayor fuente de poder en una sociedad.

Y, también, su inclinación por el poder educativo, mediante el que sus pensamientos adquieren respeto académico y, lo más valioso, se convierten en dogmas que solo los enemigos de la sociedad cuestionan. El adoctrinamiento es simple una vez entendido: un escenario de lucha por el poder.

Lucha por el poder para adquirirlo de tal manera que sus propuestas sean implantadas sin importar nada más. Por eso, la palabra ‘lucha’ es usada con tanta frecuencia, especialmente contra la burguesía, contra los hombres, contra Occidente, contra religiones. Contra todo aquello que sea un obstáculo en su adquisición de poder sin límites, incluyendo a la moral, a la objetividad, a la ciencia.

Esto es lo que creo que bien merece una segunda opinión. La clase intelectual como fabricante de una comprensión de la sociedad como un escenario de conflictos de poder y con enemigos que deben destruirse para llegar a una etapa de vida ideal.

Un escenario de conflictos por el poder en el que toda opinión opuesta es vista con sospecha y recelo porque en su fondo no es nada más que intereses ocultos que buscan el poder. Desde leyes hasta tribunales, desde moral hasta conocimiento, todo es objeto de sospecha de intereses ocultos.

Escenario de conflictos es el que (1) todo debe ser destruido antes de (2) implantar las propuestas del intelectual. Y, para eso, es necesario abandonar a la razón sustituyéndola con costumbres y usos de rechazo y desprecio, de desdén y aborrecimiento hacia todo lo que lo contradice.

La redefinición de familia y de matrimonio es una manifestación de ese escenario de conflictos. Una evidencia que apunta a una cierta paranoia, el creerse perseguido y víctima de fuerzas poderosas y ocultas y, al mismo tiempo, poseer ideas obsesivas sin fundamento.

En fin, solo intenté dar alguna idea sobre el intelectual. Ese que pretende tener el poder suficiente como para implantar sus propuestas sobre una sociedad ideal y que hace eso rodeándose de un aura de superioridad intelectual.

Post Scriptum

No hace mucho traté el tema en «Los Intelectuales: ¿Quiénes Son?». Hay más columnas sobre él en ContraPeso.info: Intelectuales.

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