Justicia asimétrica

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Es obligatorio, en la Ciudad de México, que los establecimientos mercantiles coloquen en lugar visible una leyenda en la que se asegura que esos establecimientos no discriminarán.

«En la CDMX se prohibe negar, excluir o distinguir el acceso o prestación del servicio a cualquier persona o colectivo social por su origen nacional, lengua, sexo, género, edad, discapacidad, condición social, identidad indígena, identidad de género, apariencia física, condiciones de salud, religión, formas de pensar, orientación o preferencia sexual, por tener tatuajes o cualquier otra razón que tenga como propósito impedir el goce y ejercicio de los derechos humanos». copred.cdmx.gob.mx

La obligación es un acto de autoridad que fuerza a los establecimientos a colocar una placa con esa leyenda —y obviamente respetarla, de manera que si una persona llega al más caro y fino restaurante francés vestido de drag queen, tendrá que dejarlo entrar.

Si la justicia es simétrica e impone iguales obligaciones en todos se producirá una situación un tanto cómica —lo que explico en lo que sigue.

• En un hotel cualquiera se exhibe la placa con la leyenda mencionada arriba y se presenta una huésped que está vestida con un breve bañador tipo bikini y con su cuerpo lleno de tatuajes obscenos y sacrílegos.

Haciendo a un lado la posibilidad de que le sea rechazado el servicio por no tener con qué pagar su estancia o por llevar de compañero a una pantera hambrienta —y que no toma en cuenta la leyenda citada—, el hotel tiene una obligación clara, admitirla.

• Examino ahora la simetría que exige la justicia y que impondría obligaciones también en el huésped del hotel —con cosas como pagar por el servicio, aceptar reglas de vestimenta en sus instalaciones, no llevar animales salvajes, no tener un volumen de su televisión que moleste a los otros huéspedes.

Pero hay más que solo eso, pues el huésped tendría que aceptar también que no puede discriminar a los hoteles por su origen nacional, lengua, identidad, instalaciones, apariencia, localización y demás cosas que sean entendidas como discriminación simétrica.

¿Podría un hotel demandar por discriminación a un huésped que lo rechazó por pertenecer a una cadena estadounidense, por tener una decoración rococó, o por no estar en cierta zona de la ciudad?

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Lo que he puesto a prueba es la simetría de obligaciones y derechos que impone una justicia real —ya la que no existe en las ocasiones en las que se busca privilegiar a ciertos grupos por encima de otros, dándoles derechos sesgados, es decir, no universales.

Un ejemplo adicional, el de un restaurante que contrate meseros una situación en la que (1) el candidato a mesero puede rechazar la oferta del restaurante porque no le gusta servir comida española, pero (2) el restaurante se mete en problemas si solicita meseros con la condición de que no sean españoles.

Esta es una asimetría real que es curiosa, porque no solamente es parte del paisaje diario de la política —también es celebrada como un adelanto en la civilización

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