Justicia no es caridad

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No son lo mismo. Justicia y caridad son diferentes y confundirlas causa problemas, serios problemas.

Ambos son deberes, pero unos son de justicia y otros de caridad. Mucho de los embrollos de las discusiones de nuestros tiempos tienen su origen en suponer que no hay diferencia entre esos dos tipos de deberes,

Un deber de justicia no cumplido es eso que llamamos, obviamente, una injusticia y significa que una persona concreta le ha hecho un mal específico a otra persona concreta. Hacerle el mal a otra requiere el uso de la noción de derechos.

Cuando una persona va a una lavandería y deja su ropa para ser limpiada, ambas tienen derechos y deberes. El cliente debe pagar por el servicio y la lavandería debe entregar la ropa limpia. Si no cumple alguna de ellas, hace un mal, una injusticia.

No es diferente a la obligación de un profesor de dar la nota que merece cada alumno. Si no lo hace, comete una injusticia: el alumno es dañado. Tiene él el derecho a ser justamente evaluado. El daño que un ladrón hace a su víctima es una injusticia clara porque daña el derecho de propiedad.

Un deber de caridad no cumplido es eso que designamos con palabras como tacaño, egoísta, avaro, insensible y similares. Estos deberes no tienen sujetos claramente definidos de antemano, como el profesor y el alumno que son personas concretas y específicas.

La caridad es un llamado que obliga, pero que tiene un carácter general en sus sujetos que establece que una persona tiene el compromiso irrenunciable de ayudar a quienes necesiten ayuda, sin definir con precisión quiénes son los que están en esas dos posiciones, ni la clase concreta de ayuda.

Esto es lo que hace imposible que un deber de caridad pueda ser llevado a un tribunal, o que sea convertido en ley. Sería absurdo que un limosnero demandara a un peatón que pasó de largo sin darle una moneda; o que un damnificado específico de un terremoto en Oaxaca demandara a una persona concreta en Chihuahua por no enviarle alimento enlatado.

Esta diferencia bien vale una segunda opinión. Establece que una gran diferencia entre deberes de justicia y deberes de caridad está ilustrada en el poder ser o no sujetos de una demanda o denuncia legal. Los deberes de justicia son sujetos de reclamación concreta entre personas concretas, pero no los deberes de caridad.

Otra diferencia entre ambos, y que pasa desapercibida, es la base del reclamo de justicia, que es el de un daño concreto producido por una persona en otra, como el haber pagado un trabajo y no haberse realizado. La especificidad es total: dos personas concretas, un daño específico.

La base de los deberes de caridad no es propiamente un daño, sino la necesidad de algunas personas y la capacidad de otras para ayudarlas a satisfacer esa necesidad. No es una base de daño concreto, sino de necesidad general. Esta necesidad podría ser la de atención médica, o la de pago de educación, o la que usted quiera.

Es muy diferente la base de reclamo por daño concreto en una situación específica con sujetos perfectamente identificados, a la base de reclamo por necesidad genérica en una situación imprecisa con sujetos indeterminados.

Hasta aquí, creo, la diferencia es clara y razonable. Por ejemplo, un alumno puede pedir una revisión de examen si piensa que su calificación no ha sido justa, pero no puede reclamar una mejor calificación argumentando necesidad de pasar de año.

Cuando son ignoradas las diferencias entre deberes de justicia y de caridad se tienen consecuencias que no son menores. Una de ellas es la implantación de regímenes que crean gobiernos convertidos en agencias caritativas que se adjudican la responsabilidad de obligar por la fuerza a algunos a satisfacer las necesidades de otros.

Esto es un efecto de la expresión ‘justicia social’, que convierte a los deberes de caridad en deberes de justicia que son implantados por ley y realizados por la fuerza gubernamental. La igualdad reclamada frente a la justicia que solicita un trato igual para todos, con las mismas reglas, se transforma en una igualdad frente a un reclamo de necesidad.

Será irracional ir a la lavandería y exigir que sin costo limpien mi ropa porque tengo necesidad de ropa limpia.

Ya que los sujetos de los deberes de caridad no pueden ser identificados concretamente, se convierten en grupos genéricos entre los que los gobiernos redistribuye recursos según el criterio que mejor le plazca. Con la desventaja de que para hacer esto, tendrá que ignorar los reclamos de deberes de justicia e igualdad ante la ley.

Lo que he tratado de hacer es apuntar la diferencia que existe entre los deberes de justicia y los deberes de caridad. Son deberes muy distintos y desiguales, de naturaleza diferente. Mezclarlos es un error que tiene consecuencias prácticas, especialmente el crear gobiernos con poder excedido que suponen que despojar a unos y crear dependencia en otros es de justicia.

Y una cosa más…

Los deberes de caridad, me siento obligado a aclarar, recaen en personas individuales con gran fuerza y que deben actuar por iniciativa propia para ayudar a otros en necesidad. Son deberes cuyo mérito radica en una decisión libre y personal de compromiso de ayuda que todos tenemos, en todos los niveles. No es una responsabilidad gubernamental.

Para esta columna usé ideas de un libro de Roger Scruton y que es ampliamente recomendable.

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