Propiedad privada y su correlativo, los intercambios voluntarios de esas propiedades —ellos son los dos sustentos mayores de cualquier sistema económico que genere riqueza y prosperidad permitiendo el florecimiento general.

De lo que se siguen conclusiones en extremo difíciles de negar.

1. Si se anulan o limitan los derechos de propiedad personal, las personas tendrán un estándar de vida inferior al posible cuando ese derecho es protegido y mantenido.

2. Si se obstaculizan o impiden los intercambios voluntarios de esas propiedades, las personas sufrirán también de un estándar de vida menor al posible cuando esos intercambios son posibles en libertad.

Los dos sustentos del sistema que permite crear riqueza están ligados esencialmente: no pueden existir intercambios voluntarios si no existe propiedad —es decir, solamente puede intercambiarse aquello sobre lo que existe un derecho de propiedad personal.

Las políticas económicas que protejan y promuevan a la propiedad personal y a los intercambios voluntarios producirán una situación conducente a la creación general de riqueza —y producirán lo opuesto aquellas políticas que ataquen a la propiedad y sus intercambios.

Los dos elementos que sostienen a la creación de riqueza tienen una implicación que con facilidad podría pasar desapercibida y es que ese sistema económico produce una estructura en extremo peculiar de dependencia personal —en el que las personas pueden elevar su bienestar propio gracias a una relación de simbiosis, es decir, de mutua dependencia.

Los intercambios significan, si son voluntarios, un aumento siquiera pequeño de la situación personal de quienes los realizan —de ambos. Uno de ellos mejora su situación debido a que el otro también la mejora.

Esta dependencia económica mutua es el corazón de ese sistema económico de propiedad e intercambios voluntarios —gracias a un mecanismo en el que la mejora de la vida de González depende de lo que este haga para mejorar la vida de Enríquez, García, Pérez y los demás.

Esta dependencia mutua en los demás es lo que produce incentivos que motivan a esfuerzos personales para mejorar la vida de otros como medio para mejorar la propia —y que en un efecto acumulado produce riqueza general.

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Hay, sin embargo, otra forma de pensar que pone su énfasis no en las propiedades ni en los intercambios voluntarios, sino en el reparto o redistribución de la riqueza existente en cierto momento —una mentalidad que hace de lado a la creación de riqueza y asigna al sistema económico una función distributiva con cierto tipo de medidas:

«[El Estado dicta normas] como las que priorizan la inversión productiva o especulativa, incide en la determinación de salarios mínimos, determina los impuestos que gravan las ganancias y su distribución, impone trabas a las importaciones de bienes o servicios para favorecer la producción local, congela precios de la canasta básica de alimentos y de combustibles, entre otras […]». eltribuno.info

La diferencia con respecto al sistema económico de propiedad e intercambios es su actitud frente a la riqueza —a la que quiere redistribuir mientras que el otro aspira a aumentarla.

La diferencia es mayor a la aparente porque en el sistema de propiedad e intercambios no hay propiamente una función distributiva de riqueza —nadie en ese sistema económico tiene un poder ni una responsabilidad distributiva y todo lo que sucede en él es el intercambio de propiedades, con mayores beneficios para quienes más contribuyen al bienestar ajeno.

En este sistema de intercambios y propiedad, es perfectamente posible reconocer derechos legítimos de propiedad de riqueza creados por la vía de los intercambios —sin que eso signifique que no existan conflictos y dificultades, pero ellos son relativamente fáciles de resolver.

En el sistema redistributivo, los derechos de propiedad personal no son claros, lo que dificulta los intercambios y la solución de conflictos inevitables —los que solo encuentran remedio en la intervención estatal distribuyendo recursos que se supone no tienen propietario.

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Lo que he intentado hacer es mostrar diferencias entre dos maneras de pensar con respecto a la riqueza —la de quienes piensan que crear más riqueza produce un bienestar creciente y la de quienes ambicionan repartir esa riqueza con un sistema económico que altera derechos de propiedad y limita intercambios voluntarios.

La discusión al respecto de cual de las dos mentalidades representa una mejor manera de tener una mejor vida general —una sociedad con mejor perspectiva de vida para todos— es posiblemente productiva usando tipos de razonamiento:

• Las evidencias históricas que examinen los resultados de ambas mentalidades —donde serían de extrema utilidad los casos de extrema igualdad, como Alemania Occidental y Alemania Oriental.

• Los razonamientos teóricos de escuelas como la austriaca y comparando su contundencia contra la de escuelas como la keynesiana, la marxista y otras.

• Las diferentes suposiciones acerca de la dignidad y la naturaleza humana que usan ambas mentalidades —un comparativo filosófico y ético de sus bases más profundas.

Más lo más difícil y quizá imposible de lograr: lo razonable de los partidarios de ambas mentalidades —es decir, su disposición a aceptar verdades a pesar de que contradigan sus creencias.

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