La disposición socialista

Es en la superficie que medidas gubernamentales, como la imposición de aranceles a ciertas importaciones, se perciben como provocadas por los intereses de esos cuya industria se protege.

Si, por ejemplo, se imponen tarifas de importación a automóviles o al acero, la percepción inmediata es la de una medida que busca proteger al país —y que ha sido provocada por el cabildeo de ese sector económico.

Los fabricantes de autos o de acero han logrado convencer al gobierno de usar su fuerza para castigar a las importaciones que con ellos compiten —argumentando que esa medida protege al país, a industrias vitales y a los empleos que ellas crean.

Eso, me parece, es la superficie del entendimiento común que se tiene de hechos similares en todas partes del mundo —pero ese entendimiento de ellos es incompleto. Le falta un factor central que hace posible tomar medidas tan equivocadas como la de los aranceles a importaciones.

Ese factor que falta es ideológico —una cierta disposición mental que facilita las condiciones para que sean implantadas esas tarifas. Uno bien puede pensar en un modo de razonar, una disposición intelectual, que es una fértil tierra en la que son bienvenidas esas medidas sin necesidad de ser cuestionadas.

Esa disposición socialista es la que quiero resaltar —apuntando algunos de sus componentes centrales:

1. Nacionalismo aislacionista —parte de la disposición socialista que persigue la meta de autosuficiencia nacional considerando a las importaciones como un factor de riesgo del país.

Importar alimentos es peligroso, importar gasolina crea inseguridad, importar acero es una amenaza —y en general viendo a lo extranjero como una maldición nacional que a todos pone en riesgo. El aislacionismo es la situación ideal para la disposición socialista

2. Intervencionismo económico —parte de la disposición socialista que supone que es posible modificar algunas variables macroeconómicas desde el gobierno para lograr resultados efectivos y sin efectos colaterales indeseables (como los que se tuvieron en los EEUU y que obligaron a dar subsidios). La economía, para el socialismo, es un simple panel de control con variables macroeconómicas.

3. Buena intención —parte de la disposición socialista que supone que la meta buscada justifica a la medida sin considerar análisis alguno adicional, pues el solo propósito es suficiente como evidencia probatoria única y sobrada. Todo lo que se necesita es tener buenas intenciones, se dice.

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Lo que he tratado de hacer es simple: mostrar que las medidas económicas gubernamentales de intervención tienen un cimiento más profundo de lo percibido en los reportes usuales de los medios noticiosos.

Es esa disposición socialista que en muchas ocasiones uno está tentado de ver como inconsciente.

Debo concluir que si se aceptan e implantan medidas como los aranceles a las importaciones o su substitución, ello es en mucho posible debido al predominio de esa disposición socialista que he descrito con sus tres componentes centrales: (1) nacionalismo intervencionista, (2) intervencionismo económico y (3) buenas intenciones.

Esa disposición predomina no únicamente en medios políticos, sino también en ciudadanos — y uno está muy tentado a concluir que ella ha sido difundida desde los círculos académicos y escolares, su epicentro intelectual.

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