La fascinación del bitcoin

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La naturaleza del bitcoin es la idea de Manuel Sánchez González en esta columna.

El incremento sustancial registrado por el precio del bitcoin en los años recientes constituye uno de los fenómenos de auge financiero más espectaculares de la historia moderna.

El bitcoin es una moneda digital que opera por internet en un sistema abierto, liberado al público por un creador desconocido a principios de 2009. Se basa en un conjunto de reglas para crear dinero y procesar pagos entre sus usuarios.

Este instrumento posee dos características esenciales.

No tiene respaldo legal ni es regido por autoridad monetaria alguna. De ahí que no se base en la confianza en una entidad superior. Además, todas las transacciones ocurren de forma anónima, lo que protege la identidad de los participantes.

La seguridad de su funcionamiento se sustenta en la encriptación y en una plataforma de gran innovación para el registro imborrable de las transacciones, conocida como blockchain.

Bitcoin es operado por una red global de voluntarios técnicos. Sin embargo, cualquier persona puede entrar al sistema a realizar transferencias. Los usuarios ajenos a la operación pueden adquirir esa moneda en casas de cambio especializadas y diversos sitios de internet.

Los pagos se realizan desde los monederos electrónicos de los usuarios que contienen una llave pública y otra privada. Cada persona tiene una dirección, identificable por todos mediante la llave pública. El usuario utiliza su llave privada, de conocimiento exclusivo, para transmitir el mensaje de transferencia desde su dirección a la del destinatario.

El papel de los técnicos es verificar de forma compartida la validez de las direcciones y la disponibilidad de los bitcoins del remitente y, posteriormente, registrar el pago en el blockchain.

El blockchain es un libro público que contiene la cadena histórica de todas las transacciones y permite evitar que las mismas monedas se usen para más de un destino. Cada hoja o bloque tiene un espacio limitado. Cuando una hoja se agota, los técnicos emprenden una tarea de búsqueda de una cierta conexión matemática para la siguiente hoja.

El que resuelve el problema de enlace lo comunica a los demás y, tras la validación de todos, es premiado con un determinado número de bitcoins. Los técnicos pueden cobrar, además, una comisión opcional.

El programa está diseñado para que las recompensas sean cada vez menores a lo largo de los años, hasta que el número total de bitcoins alcance 21 millones. Así, la oferta monetaria crece de forma decreciente con un límite.

La originalidad del bitcoin ha generado un creciente entusiasmo entre muchos participantes del mercado, reflejado en el extraordinario ascenso de su precio.

En abril de 2010 se realizó la primera negociación abierta de esa moneda y su cotización fue tres centavos de dólar. Desde entonces el precio ha subido enormemente, lo que se ha acentuado durante 2017.

En particular, a finales de noviembre, el precio se ubicó en nueve mil 907 dólares, más de diez veces el valor de finales de 2016. Durante los primeros días de diciembre ha llegado a superar 16 mil dólares.

Es difícil saber cuánto de este apogeo responde a la conveniencia ofrecida por la novedosa moneda y cuánto a la especulación. Presumiblemente, el bitcoin ofrece ventajas actuales y potenciales sobre el dinero tradicional.

Entre ellas destacan la posibilidad de realizar transferencias monetarias a cualquier parte del mundo a un menor costo y, desde luego, el anonimato.

Si bien esta última característica facilita las transacciones ilegales, también puede justificarse en términos de un anhelo genuino de privacidad, así como un medio de protección ante posibles acciones injustificadas del Estado, como son las confiscaciones y la inflación elevada.

Empero, el bitcoin enfrenta desafíos para llegar a ser un medio de pago ampliamente aceptado. Ello requeriría facilitar el acceso del sistema al público no especializado, aumentar su rapidez y adecuarlo para ofrecer una estabilidad en su poder adquisitivo.

Esto último es particularmente relevante ya que el extraordinario ascenso del precio del bitcoin ha estado acompañado de severas fluctuaciones.

Dada la oferta predeterminada de esa moneda, la volatilidad ha reflejado cambios abruptos en su demanda, frecuentemente asociados con ataques cibernéticos y prohibiciones gubernamentales.

Lo anterior sugiere que, hasta ahora, gran parte del entusiasmo por el bitcoin refleja especulación, lo que lo convierte en un activo altamente riesgoso. Mientras tanto, el experimento ha abierto nuevos horizontes para el futuro del dinero en el mundo.

Nota del Editor

Esta columna fue publicada anteriormente en El Financiero. Agradecemos al autor, Manuel Sánchez González, y a El Financiero el amable permiso de reproducción. Manuel fue subgobernador del Banco de México durante 2009-2016 y es autor de Economía Para Desencantados.

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