Puede llamarse emoción caritativa incontrolable —y es algo muy frecuente en los tiempos actuales.

Hablo de un reclamo emocional de ayuda y compasión que tiene la cualidad de parecer urgente y de generar una maldición a quienes se opongan a él.

Un libro plantea un ejemplo concreto, el de respiradores médicos necesarios para enfermos sin seguridad social.

No faltará quien tome eso como un reclamo que debe cumplirse con urgencia y además, con un añadido: acusar de insensible a quien piense de manera diferente.

Quien sea que se oponga a un programa de gobierno como el siguiente, será acusado de falto de caridad.

«A través de este programa se otorgarán 10 mil viviendas a madres solteras y trabajadoras (en todo el país) que no cuenten con un sistema de seguridad social que les permita adquirir un crédito para la compra de una casa». amqueretaro.com

Un ejemplo de la acusación automática al opositor es este;

«De construir refinerías, en vez de tener miseria espantosa habría creación de empleo y derrama económica, algo que un aristócrata como Anaya y sus cómplices no les interesa: investigador de la UNAM». revoluciontrespuntocero.mx

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Lo que trato de examinar es un tipo de suceso frecuente, el de la mala caridad —que hace un reclamo de implantación urgente y emocional de algo concreto y considera al opositor a tal medida como un enemigo insensible y cruel.

Si, por ejemplo, se opone alguien a los subsidios a los autos eléctricos o a las medicinas para el SIDA, podrá ser por un razonamiento muy sencillo de seguir:

A. Los recursos son limitados, lo que significa que hay un paso previo que tomar: el de seleccionar qué cosas deben recibir menos dinero para que esas otras lo reciban.

B. Lo anterior se llama costo de oportunidad y eso eso a lo que se renuncia por hacer otra cosa.

Si alguien quiere subsidiar a las medicinas contra el SIDA tendrá que decidir también qué otras cosas recibirán menos recursos o ninguno —y eso es algo que no puede ser evitado.

C. La oposición a la propuesta de regalar útiles escolares muy bien puede estar plenamente justificada por el costo de oportunidad que tiene —como dejar de invertir en mejores tribunales.

«Cada dólar de un presupuesto del gobierno que gastamos en los pobres es un dólar que no se gasta en educación, infraestructura, vigilancia, salud pública, o alguna otra función crítica». Robert G. Kennedy

Lo que he tratado de hacer es resaltar el problema de la mala caridad, del reclamo de ayuda urgente a una causa concreta —y que es el que presenta la realidad de recursos escasos, el costo de oportunidad de la medida específica reclamada.

La mala caridad es esa que es miope a los efectos colaterales de lo que propone, la que ignora que los recursos son limitados.

Addendum

El ejemplo de los respiradores está en Landsburg, Steven E. The Big Questions: Tackling the Problems of Philosophy with Ideas from Mathematics, Economics, and Physics. New York: Free Press, 2009.

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