La mayor fuerza creativa 

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Le llaman libre comercio. En realidad es libertad humana. Contactos de todos con todos. Una manera de prosperar.

Intercambios, transferencias, idas y venidas. Gente de todas partes en contacto. Admitiendo lo de afuera, ofreciendo lo de adentro.

Un libro muestra una instancia curiosa de esas transferencias que son naturales entre los humanos.

«El historiador de la arquitectura imperial George Kubler señaló que, por angustiados que estuviesen los indios por su derrota, estaban encantados, y probablemente convencidos, por los nuevos mecanismos traídos a la Nueva España por los conquistadores, en su mayoría consecuencia de la rueda, tales como poleas, carros y carretillas, pero también mulas y clavos, cinceles y martillos de hierro. Tener una bestia de carga también constituyó una revolución maravillosa en la tecnología. Pero el clavo parecía casi tan importante, mientras que la polea tenía una fascinación especial. Estas fueron las estupendas contribuciones que España hizo a la tecnología del Nuevo Mundo». Thomas, Hugh. The Golden Empire: Spain, Charles V, and the Creation of America. (Kindle Locations 316-321). Random House Publishing Group. Mi traducción.

Si usted no conoce, por ejemplo, los clavos ni las poleas, el que alguien las lleve hasta usted es una buena cosa. Y si usted no conoce el cacao ni la vainilla, estará también agradecido de que alguien se los presente.

Mi punto es doble:

1. Tiene usted a millones de personas, con mayor o menor ingenio, que pueden pensar, imaginar, razonar, crear, tener ideas. Es un cúmulo de fuerza creativa gigantesco. Y si ellas tienen preparación y conocimientos, aún mejor.

2. Ese cúmulo de fuerza creativa tiene contactos entre sí. Las personas interactúan, hablan, discuten, experimentan, colaboran, prueban. Y logran adelantos que se ofrecen entre sí.

El resultado neto de eso es prosperidad para todos, prosperidad creciente. Piense que en realidad, tuvimos a nuestro servicio y para nuestra prosperidad a millones de otros que nos han dado pequeñas y grandes mejoras a nuestra vida. Un ejemplo obvio: Steve Jobs trabajó a nuestro servicio y nos dio el iPhone.

Y, a pesar de todo, hay quienes no comprenden esto. Son quienes (1) ponen obstáculos a la gente evitando que sean una fuerza creativa y (2) ponen obstáculos a que las personas ofrezcan sus ideas entre sí. El resultado de esos obstáculos es una prosperidad menor a la posible.

¿Quien pone esos obstáculos? Aquellos que creen que limitando a la libertad humana se vivirá mejor. Una idea insólita y peregrina que por alguna extraña razón, es popular, muy popular.

Son el socialismo, el proteccionismo, el intervencionismo, el comunismo, el mercantilismo y sus similares esos que ponen obstáculos a la libertad de crear y a la libertad de ofrecer lo creado a otros. Eso sucede, aunque usted no lo crea, en medio de aplausos y vítores. Es lo que muchos académicos enseñan a sus alumnos.

Si los humanos somos libres por naturaleza, resulta lógico que dejando en libertad a las personas, podremos avanzar y prosperar.

Y una cosa más…

Un caso concreto y fascinante se muestra en «El egoísta de las ranas».

La competencia, explicada por F. Bastiat (1801-1850), muestra muy claramente la idea de que ella significa tener al resto a nuestro servicio y nosotros al servicio de ellos. Una relación mutuamente beneficiosa.

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