La perfección como enemiga

Mucho de las actitudes contrarias a los sistemas políticos y económicos basados en la libertad tiene un origen de protesta moral —la no asociación entre éxito personal y conductas admirables.

Para examinar esto debe tenerse, en primer lugar, el escenario de una sociedad cualquiera en la que la situación personal de cada ciudadano correspondiera a su mérito moral —a más y más arduos deberes morales cumplidos, mayor y más alta la posición de la persona.

En segundo lugar, debe verse a la sociedad de libertades, en la que la posición general de la persona suele estar asociada con su éxito en las decisiones que ha tomado —y que tiene una manifestación material usualmente expresada en la cantidad de dinero ganada.

Es perfectamente natural que quien tiene en mente el ideal de la sociedad que premia al mérito moral repruebe en mucho a la sociedad que premia al mérito de decidir correctamente ante la incertidumbre.

Esta reacción de desaprobación, sugiero, es buena parte del rechazo de los intelectuales al sistema liberal capitalista —que es lo que examino en lo que sigue.

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• No debe sorprender que la realidad sea vista como algo indeseable si se compara contra el ideal —y eso sucede en este caso.

El intelectual o el crítico compara una sociedad ideal, imposible, con una realidad preseleccionada, la capitalista. El resultado es el natural: la sociedad capitalista es inferior a la sociedad ideal utópica, muy inferior.

Si el crítico comparara a la sociedad socialista real contra esa sociedad ideal, el resultado sería igualmente desfavorable —pero esta comparación suele ser ignorada por alguna causa.

• Esa sociedad ideal en la que se premia solamente el mérito moral y eso decide la posición de la persona, necesita un mecanismo de decisión que evalúe ese mérito caso por caso y situación por situación.

La incógnita es si hay alguien que pueda hacer un reparto de ese tipo, por mérito moral individualizado —con el conocimiento suficiente de la vida de millones de personas decidiendo moralmente varias veces al día. Creo que no existe quienes puedan hacerlo, ni tampoco el mecanismo para acumular la información.

Lo más cercano a esta sociedad ideal es la idea cristiana del Juicio Final —posible de realizar solo por Dios quien conoce a todos en todo. Difícilmente posible de realizar en la tierra por un humano.

• El sustituto imperfecto del juicio por méritos morales es el juicio por méritos de iniciativa personal, decisiones personales que aceptan riesgos y pueden fracasar —un juicio realizado por millones que premian o reprueban las ofertas que entre ellas se hacen.

En este sistema imperfecto, las personas actúan bajo ataduras morales de tipo coercitivo —como las leyes aplicadas con fuerza estatal y que castigan faltas obvias y graves, como el robo.

Pero hay también ataduras morales optativas que se espera que sean cumplidas pero no van acompañadas de castigos legales —como la amabilidad, la ayuda a otros —y que suelen tener recompensas que no necesariamente se traducen en ingreso.

• El crítico de la sociedad real libre, capitalista, tiene razón en señalar el vicio, la vulgaridad y la bajeza de esa sociedad —con la intención de hacerla mejor.

Sin embargo, es común que el crítico sea atraído por propuestas de sociedades ideales que piensa son posibles de implantar —lo que le hace sucumbir con frecuencia en tentaciones de regímenes que prometen paraísos imposibles, volviéndose partidario de sistemas totalitarios cuyas terribles fallas pasa por alto.

El crítico haría un mejor labor señalando maneras en las que la sociedad libre existente pudiera mejorar sin dejar de ser libre.

Lo que he tratado de hacer es resaltar el desacierto frecuente que se comete cuando se compara a la sociedad ideal que alguien imagina, en la que todo es perfecto, justo y moral, aunque imposible, con la sociedad real tan llena de vicios y fallas.

La equivocación se comete cuando se cree que efectivamente es posible esa perfección social si tan solo se implanta tal o cual propuesta política —sea la del comunismo, el fascismo o cualquier otra.

Esto no es sino la aplicación del viejo refrán de que «lo perfecto es enemigo de lo bueno» —pues sucede siempre que cuando se establece ese régimen que se espera producirá a la sociedad perfecta, lo que se habrá creado es una sociedad mucho peor que aquella que se quería mejorar.

«Ahí seguimos Fidel; con los maestros de Argentina, con el pueblo Sirio, con los inmigrantes Mexicanos, con todos los que creemos que luchando es posible otro mundo mejor; sin muros y con utopías, las mismas que nos legó la revolución cubana». telesurtv.net

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