La ventaja del orden

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El orden es una ambición buscada porque produce sensación de tranquilidad y equilibrio. Lo ordenado y organizado tiene ese atractivo de armonía y certeza y seguridad.

Por el contrario, el desorden es temido —produce desconcierto y confusión; es sinónimo de intranquilidad y confusión.

Razonando así, no sorprende de manera alguna que las personas huyan de lo que perciban como desordenado y busquen crear lo opuesto: una organización deliberadamente planeada que permita hacer de lado toda posibilidad de perturbación.

Esta manera de pensar es lo que creo que se encuentra detrás de las preferencias marcadas por la planeación central de la economía —lo que da al socialismo y al intervencionismo económico una ventaja notoria.

El socialismo y sus variantes aprovechan el rechazo al desorden percibido en los mercados libres proponiendo la tranquilidad de una economía intencionalmente organizada por una entidad responsable que centraliza esa tarea.

Lo anterior puede verse esquemáticamente en dos escenarios extremos:

• El escenario socialista: ordenado, armonioso, planeado, organizado; con metas claras y acciones concretas; producto de un plan central detallado que organiza el uso de recursos con promesas de eficiencia y resultados predecibles.

• El escenario de mercados libres: desordenado, sin planear, desorganizado; sin resultados predecibles ni metas claras; producto de ningún plan deliberado.

¿Cuál de esos dos escenarios será el preferido?

Para la mente ingenua, que no profundiza, el escenario socialista es el mejor de los dos —la atracción que ejerce la idea de un plan deliberadamente creado produce la sensación buscada de sosiego y tranquilidad.

Esa mente ingenua rechaza con facilidad la opción del escenario que percibe como desorganizado e imposible de predecir —porque eso le crea intranquilidad de ánimo y es, además, imposible de comprender con sencillez.

¿Cuál de esos dos escenarios es el mejor?

Para la mente que va más allá de las primeras impresiones la pregunta es precisamente esa —la de cuál de los dos escenarios produce mejor lo que realmente importa, riqueza y prosperidad.

Crear sensaciones de orden y tranquilidad es lo de menos, pues lo que realmente importan son los resultados finales que se persiguen, de progreso y crecimiento.

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La discusión puede ser alumbrada añadiendo la noción de diversificación comprendida como diversificación de riesgos —poner los huevos en diferentes canastas; invertir en varias opciones, no solo en una.

Esto permite entender que el escenario socialista, de planeación central, coloca todos los huevos en la canasta del plan creado —en caso de no funcionar, la pérdida sería desastrosa para todo el país.

Por el contrario, el escenario de los mercados libres, diversifica los riesgos —cada persona es una canasta y los huevos se encuentran en millones de ellas. Una diversificación muy clara.

Solamente, entonces, el manejo de riesgos hace que sea preferible el escenario de mercados libres —incluso a pesar de la apariencia de desorden que tiene, pues detrás de la aparente desorganización existe un mecanismo de protección para todo el país.

Los recursos del país, su capital, encontrándose distribuidos en diferentes manos y manejado con diferentes iniciativas crea una protección contra riesgos que no tiene el escenario socialista.

En México existe una discusión acerca de la construcción de refinerías de petróleo, una decisión que puede examinarse con los criterios anteriores:

Escenario socialista: decisión de construir nuevas refinerías propiedad del gobierno. En esta situación, cuantiosos recursos públicos obtenidos vía impuestos, serían dedicados a esa construcción o adquisición (un estimado menciona 5,000 millones de dólares por refinería). En caso de fracaso del negocio, la pérdida es pública.

Escenario de mercados libres: decisión libre por parte de ciudadanos privados. En esta situación, recursos privados serían o no usados para construir refinerías privadas. Una o más refinerías de propiedad distinta podrían construirse, o ninguna. En caso de fracaso del negocio, la pérdida es privada.

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A lo anterior debe agregarse otro factor que tiene un efecto severo: el escenario socialista de manejo centralista de la economía aumenta su riesgo de fracaso por suponer que centralmente puede acumularse todo el conocimiento y la información necesaria para tener un plan exitoso.

El conocimiento y la información sobre los recursos, el capital, sus usos, innovaciones, oportunidades, conveniencia, tiempos y previsiones futuras son por naturaleza dispersos —están esparcidos parcialmente en muchas partes, en muchas personas y es imposible recolectarlos y, mucho menor, mantenerlos actualizados en tiempo real.

La percepción de desorden que producen los mercados libres es en su fondo un mecanismo de protección contra riesgos, pero además es un contenedor de conocimientos parciales diseminados entre las personas —sin que ninguna de ellas lo sepa todo pues conoce solamente lo que le interesa.

El desorden percibido en los mercados libres es, sin duda, un objeto de rechazo para la mente ingenua que tiende a comprender relaciones lineales simples de causa-efecto, pero no las complejas relaciones multivariables de un proceso de libre mercado —una entidad en extremo compleja.

Ha sido mi intención resaltar la que creo es una de las principales razones por las que el socialismo tiene una ventaja de relaciones públicas por encima de la libertad económica.

La idea de un plan centralizado, intencionalmente organizado con claridad y objetivos apuntados es más atractiva que la de un escenario de libertad económica.

Pero dejando atrás a las apariencias y a las primeras impresiones, se comprende que detrás de esa aparente desorganización, la libertad económica tiene un diseño que protege mejor a la sociedad y permite el uso de todo el conocimiento disperso entre las personas.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.


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