Liberalismo racionalista

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Una acusación estándar lanzada al liberalismo —especialmente en círculos académicos— es la de ser racionalista, frío y calculador en extremo.

La acusación contiene dos elementos que permiten su mejor análisis:

1. Los supuestos económicos del liberalismo suponen que las personas actúan de manera racional y calculadora siempre y que nunca se equivocan en su fría conducta económica —comprando, vendiendo, ahorrando, invirtiendo.

La forma tradicional de esta acusación es la del homo economicus que presupone, en modelos económicos, que las personas son una especie de ordenadores capaces de hacer los más complicados cálculos para aumentar su bienestar personal.

2. La ausencia de todo otro criterio de conducta que no sea el egoísta bienestar personal de la persona que toma decisiones económicas —lo que se convierte en conductas que no consideran el bienestar de los demás e incluso lo dañan.

El liberalismo racionalista es acusado, de acuerdo con esto, de inmoral, ya que permite y aprueba conductas que lastiman a otros pero benefician al que las realiza.

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Esta crítica del liberalismo racionalista es un caso de la falacia del hombre de paja —la que caricaturiza al opositor haciéndolo un objeto de crítica fácil y ya no necesitar argumentar lógicamente contra su posición real.

Pero el punto central no es ese, sino otro, que explico en estas precisiones:

• El liberalismo no sostiene que las personas actuarán siempre de manera totalmente racional y sin errores —más bien, supone que el ideal es que actuaran de esa manera racional, que debieran actuar así, pero reconociendo que no lo hacen con frecuencia.

• Si en realidad las personas actuaran de manera racional siempre no habría esa necesidad de recomendarles que lo hagan —y se viviría en una sociedad utópica de cero errores en la que difícilmente sobrevivirían políticas económicas intervencionistas.

• Las personas utilizan criterios para tomar sus decisiones personales —un conjunto de ellos con contenidos económicos de costo-beneficio material, pero también de otro tipo, como normas morales, éticas, costumbres, creencias y demás, que combinados guían las decisiones económicas.

Un cártel de drogas realiza cálculos económicos que son iguales a los de una fundación filantrópica y a una empresa fabricante de acero —pero sus decisiones específicas varían por usar esos criterios adicionales que guían decisiones.

Un bordello está sujeto a los mismos análisis económicos y financieros que un convento benedictino —aunque la diferencia entre ellos sea abismal en otros aspectos.

• La imperfección humana, que es innegable, acarrea la realidad de errores de varios tipos —como equivocaciones en los cálculos y en los supuestos económicos de una decisión, errores en los criterios morales o éticos y demás.

Con un factor adicional, el de los cambios en la realidad —la modificación de circunstancias que eleva las probabilidades de error en las decisiones humanas.

Lo que he intentado es examinar la acusación de racionalismo extremo que se lanza contra el liberalismo —esperando que lo anterior ayude a precisar mejor esa acusación y su escaso fundamento.

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