Las frecuentes confusiones al respecto del significado del liberalismo —de parte de sus opositores, pero también de sus defensores— me fuerzan a hacer algunas precisiones que suelen ser desatendidas.

1. ¿Qué es liberalismo?

Mises tiene una idea muy clara:

«Liberalismo es una doctrina dirigida enteramente hacia la conducta de los hombres en este mundo. En su último análisis, nada tiene en su visión más que el avance de su bienestar material externo y no se refiere él directamente a sus necesidades internas, espirituales y metafísicas». 

Será difícil pedir más claridad que esa —el liberalismo, esa doctrina que defiende a las libertades humanas y que por eso se opone al socialismo, tiene un marco limitado al mejoramiento material de las personas.

Nada más allá de eso concierne al liberalismo —lo que convierte a tal doctrina en una opción exitosa para resolver problemas de pobreza y miseria, que son netamente aspectos materiales y externos de este mundo.

2. Liberalismo y felicidad

Acudo de nuevo a Mises con otra idea clara.

«La política social, con los medios que están a su disposición puede hacer ricos o pobres a los hombres, pero nunca puede tener éxito en hacerlos felices y en satisfacer sus más internos anhelos».

De nuevo más claridad es difícil de obtener. Lo que el liberalismo persigue es usar los recursos materiales que se tienen y con ellos crear riqueza: dar prosperidad a las personas en lugar de miseria.

Si a primera vista vista esa parte del significado del liberalismo es criticada por ignorar las partes espirituales, esta creencia debe ser tamizada por una realidad: si se quiere alimentar al hambriento, dar de beber al sediento, vestir al desnudo y alojar al que no tiene techo, el liberalismo está allí para ayudar exitosamente.

¿No son esos objetivos parte de la compasión y caridad que debe mostrarse ante la desdicha ajena? Bueno, pues allí está el liberalismo para remediar eso —y hacerlo exitosamente, como ninguna otra doctrina lo puede hacer

3. Dilema moral: liberalismo como opción

¿Qué doctrina económica deberá seleccionarse si se desea el bienestar material y gracias a esa prosperidad alimentar al hambriento, dar de beber al sediento, vestir al desnudo y alojar al que no tiene techo?

Si un observador imparcial comprende que en el aspecto material existe el deber de ayudar a resolver la desdicha ajena y sabe que la alternativa más exitosa que se conoce —con todo y sus defectos— es el liberalismo, tendrá dificultad en explicar por qué selecciona otras opciones que no son tan exitosas y no permitirán, por eso, remediar esa desdicha.

4. ¿Desdeña el liberalismo a lo espiritual?

De nuevo cito a Mises, con otra afirmación muy clara:

«No es por el desdén de los bienes espirituales que el liberalismo se preocupa exclusivamente del bien material de hombre, sino por una convicción de que lo más alto y más profundo en el hombre no puede ser tocado por regulación externa».

El bien material, necesario y deseable, es el campo del liberalismo —es lo externo a la persona. «Las riquezas internas, espirituales no puede ir al hombre desde el exterior, sino solamente desde su propio corazón interior». Ese es otro campo que no trata el liberalismo.

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Concluyo con dos ideas que saco de las consideraciones anteriores.

• Para los opositores al liberalismo. Si ellos desean remediar pobreza, solucionar miseria, elevar el bienestar de todos, ¿cómo es que se oponen al liberalismo y prefieren otras doctrinas que fracasan creando bienestar material?

• Para los partidarios del liberalismo. Si ellos defienden a la libertad humana para aumentar el bienestar material general, ¿cómo es que suelen ignorar la porción espiritual e interna del bienestar, creyendo que todas las soluciones las provee el liberalismo?

Addendum

El libro que usé en esta columna es el de Ludwig von Mises Liberalism: The Classical Tradition, «Introduction», de donde provienen todos los entrecomillados.

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